Diario Vasco
Los investigadores del Basque Center on Cognition, Brain and Language quieren entender cuáles son los mecanismos más comunes utilizados para adquirir la lectoescritura y asentarla en el sistema cognitivo.
Los investigadores del Basque Center on Cognition, Brain and Language quieren entender cuáles son los mecanismos más comunes utilizados para adquirir la lectoescritura y asentarla en el sistema cognitivo.

La neurociencia llega al colegio

  • Psicología

  • Para encontrar métodos de enseñanza de lectoescritura más efectivos y que sirvan para identificar la dislexia y el trastorno específico del lenguaje los investigadores del Basque Center on Cognition, Brain and Language han montado un laboratorio en un centro educativo

Los problemas para leer más comunes son dos: la dislexia y el trastorno específico del lenguaje (TEL). El primero tiene una prevalencia que se sitúa entre el 5% y el 10% de los niños, mientras que el segundo puede alcanzar entre el 3% y el 7%, unas cifras que no pueden ser más precisas debido a la dificultad para diagnosticar en algunos casos y en la gran variedad de posibles causas, sobre todo intrínsecas al cerebro, como la percepción auditiva y la atención visual. «Esa imposibilidad de dar un valor cerrado es la dificultad que los profesionales del campo psicoeducativo tienen para determinar qué es dislexia y qué no lo es, haciendo difícil dar números concretos en ausencia de herramientas de diagnóstico muy precisas. «La "dislexia" es una pequeña caja de pandora que encierra diferentes trastornos con orígenes diferentes, como problemas de atención visual, de procesamiento auditivo, de carácter genético», mantiene el doctor Jon Andoni Duñabeitia, psicólogo y director del grupo de investigación Multilingual Literacy (alfabetización multilingüe) del Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL), que busca desarrollar herramientas de diagnóstico tempranas para adecuar las metodologías educativas.

Para llevar la teoría a la práctica, los investigadores de este centro se trasladaron a la aulas del Centro Educativo Carmelitas–Sagrado Corazón de Vitoria-Gasteiz, donde crearon el proyecto colaborativo JuniorLab en 2011. «La idea era una utopía: unir educación y neurociencia con la colaboración de niños, familias, maestros, profesionales psicopedagogos, gestores educativos y neurocientíficos», recuerda el doctor Duñabeitia. «Dentro de las propias instalaciones del colegio creamos un laboratorio permanente, dotado con la última tecnología de registro de conducta, electroencefalografía y movimientos oculares. Queríamos entender cuáles son los mecanismos más comunes utilizados para adquirir la lectoescritura y asentarla en el sistema cognitivo. Para analizar cómo adquieren la lectura, estudiamos una población normolectora, es decir, niños que aparentemente no tienen ningún problema, y les hicimos un seguimiento desde que son prelectores (educación infantil)».

Día a día en el laboratorio

En JuniorLab los asistentes de investigación sirven de puente entre el centro científico y el colegio, donde niñas y niños colaboran en la recogida de muestras, diariamente y en horario escolar. Se obtienen así datos sobre el multilingüismo, la lectura, los mecanismos atencionales y la memoria, entre otros grandes bloques temáticos. Este singular trabajo en equipo ha hecho posible la transferencia de conocimiento de forma inmediata, al mismo tiempo que los estudiantes aprenden al colaborar con la ciencia y aportan su granito de arena para mejorar los métodos educativos. «El proyecto está en consonancia con los objetivos del centro educativo: impartir y avanzar en el conocimiento y hacer que este se transmita a la sociedad», mantiene la Nieves Maya, directora del Centro Educativo Carmelitas–Sagrado Corazón de Vitoria-Gasteiz.

«El trabajo con personas con dislexia se lleva a cabo tratando de hacer énfasis en las partes más pequeñas del lenguaje (fonemas y grafemas), y en muchos casos favoreciendo el desarrollo de mecanismos compensatorios para que los niños puedan sobrellevar el problema», dice el doctor Duñabeitia. «Hemos observado que una persona no lectora, ya sea un niño prelector o un analfabeta, no es capaz de partir las secuencias de letras en letras individuales. Carece de la capacidad analítica que permite discriminar unidades dentro de un todo, algo que se adquiere cuando nos enseñan a leer y escribir. Hemos, por tanto, conseguido entender que el sistema analítico (ver las letras dentro de la palabras) es algo que hay que enseñar con énfasis. Y con esos ejercicios elementales de identificar unidades dentro de la palabra es posible determinar si un niño tiene problemas de lectoescritura».

Educación a medida

Otra línea de investigación del BCBL, que consiste en comparar diferentes metodologías de entrenamiento lector, se encuentra en fase final y en proceso de validación por parte de la comunidad científica internacional. ¿El objetivo? Llegar al concepto de la educación a medida o individualizada, en lugar de la educación al por mayor. Pero, antes, hace falta entender el funcionamiento del cerebro, y valorar los métodos educativos y sus resultados, para luego atender a las diferencias individuales. Así se prepara también una precisa batería de tests que puedan ser realizados en los centros de educativos.

«Gracias a los resultados que estamos obteniendo desde la neurociencia cognitiva, hoy estamos mucho más cerca de determinar qué métodos de enseñanza de lectura se ajustan más y mejor al desarrollo cerebral», afirma el doctor Duñabeitia. «También estamos con la baremación del trantorno específico del lenguaje y luego haremos una batería (para el 2017) para diagnosticar las funciones que fallen en niños y niñas con dislexia, y que serán utilizadas por las personas que intervienen y trabajan con estos niños».