Los expertos advierten que el cambio climático ya afecta a la salud

Campana de polución sobre Madrid./Emilio Naranjo (Efe)
Campana de polución sobre Madrid. / Emilio Naranjo (Efe)

«Los efectos sobre la salud son peor de lo que pensábamos», añade un estudio internacional sobre el cambio del clima y sus consecuencias

J. LUIS ALVAREZMadrid

El aumento de las temperaturas, las lluvias torrenciales o la expansión de algunas especies animales o vegetales desde las zonas tropicales a otras fuera de sus hábitat naturales son algunas de las consecuencias de cambio climático. Estas anomalias producidas por las emisiones a la atmósfera ya afectan a la salud del ser humano, según recoge un informe estudio publicado este martes en la revista médica 'The Lancet' que, además, llama a acelerar la transición hacia una sociedad con bajas emisiones de carbono para evitar el agravamiento de las dolencias y enfermedades que acecharán al hombre.

La investigación, realizada por científicos de 24 centros de investigación y organizaciones internacionales, incluidas la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), advierte que los «síntomas» provocados por el aumento de las temperaturas y la multiplicación de los «acontecimientos climáticos extremos» son «visibles desde hace unos años y su impacto en la salud es peor de lo que pensábamos», señala el estudio. Entre los años 2000 y 2016, el número de personas afectadas por las olas de calor aumentó en alrededor de 125 millones, alcanzando un récord de 175 millones de personas expuestas en 2015. Estas olas de calor pueden provocar desde estrés térmico, agravación de insuficiencia cardíaca a una insuficiencia renal debido a deshidratación. El aumento de las temperaturas también ha generado una caída de un 5,3% en la productividad laboral en las zonas rurales.

Por otra parte, el estudio constata que el cambio climático también ha aumentado también el radio de acción del mosquito que transmite eel dengue. Su capacidad de innocular esta enfermedad se ha incrementado en un 9,4% desde 1950 y el número de casos de personas con dengue casi se ha duplicado cada década.

En el plano meteorológico, el estudio destaca que entre 2000 y 2016 el número de desastres relacionados con el clima (huracanes, inundaciones, sequías...) aumentó en un 46%, apuntan los investigadores. Los expertos, que reconocen que no se puede atribuir de forma certera todos estos fenómenos al cambio climático, si estiman que su la relación es «posible», y hay pocas dudas de que en el futuro haya un aumento de la «frecuencia y gravedad» de estos desastres naturales, agregan.

'Diferencia catastrófica'

Precisamente, el cambio climático será el protagonista, a partir del lunes, de la cumbre COP23 que tendrá lugar en Bonn. Desde Naciones Unidas este martes fue criticada con dureza la diferencia «catastrófica» entre las promesas nacionales de limitación de emisiones de gases de efecto invernadero y las acciones necesarias para contener el calentamiento global a menos de 2 grados. «Los compromisos actuales de los Estados cubren apenas un tercio de las reducciones de emisiones necesarias, abriendo una brecha peligrosa» que anunia grandes desajustes metorológicos, como olas de calor, inundaciones, huracanes o tifones, explico Erik Solheim, director del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en su informe anual sobre la acción climática mundial.

«Los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil deben colmar esta diferencia catastrófica», porque, según dijo, un año después de la entrada en vigor del acuerdo del clima de París, «estamos lejos de hacer lo necesario para impedir una vida de miseria a cientos de millones de personas». En este sentido, el presidente de la Asamblea de Nacuiones Unidas para el Medio Ambiente, Edgar Gutiérrez, agregó que «el Acuerdo de París impulsó la acción climática, pero esta dinámica claramente se está debilitando».

Según el informe del PNMA, al mismo tiempo hay que «acelerar urgentemente las acciones a corto plazo y reforzar la ambición a largo plazo».

«Todos los países» están implicados, especialmente el G-20, responsable de tres cuartas partes de las emisiones, se añade.

La revisión de los compromisos nacionales, prevista en 2020 por el Acuerdo de París, será la «última ocasión» para hallar la correcta trayectoria para 2030: si no es así, «es extremadamente improbable que el mundo quede por debajo del objetivo de los 2 grados y desde luego de 1,5 grados» de incremento de las temperaturas respecto a los registros previos a la revolución industrial, añade el informe.

Los compromisos de reducción de emisiones entre 2025 2030, presentados voluntariamente por los Estados presentes en la cumbre COP21 a finales de 2015, harían que el mercurio subiea más del 3 grados en el año 2100.

Para quedar por debajo de los 2 grados, habría que emitir como máximo 41,8 gigatoneladas de CO2 en 2030, cifra muy por debajo de las 51,9 gigatoneladas de 2016. Y si los países se limitan a sus actuales compromisos, sin reforzarlos, producirán 51,8 gigatoneladas en 2030.

El PNUMA cita las acciones posibles y necesarias para ahorrar más de 30 gigatoneladas de CO2 por año antes de 2030 (renovación de inmuebles, energías renovables, transportes...), pero admite que persisten numerosas incertidumbres relativas a las tecnologías, y la capacidad o voluntad de los Estados. También se impone el cierre de las centrales de carbón, indica el PNUE, que las cifra en 6.683, más otras en proyecto.

«El PNUMA hace lo que puede para intentar conservar una visión optimista, pero el futuro es lúgubre», explica el climatólogo Glen Peters, en declaraciones a AFP. «Ya es el octavo informe, y cada año la conclusión es la misma: 'hay que actuar urgentemente, hay medios a disposición'. Pero, en el detalle, el texto es más bien sombrío» este año, añade. En efecto, cada acción «está en el límite de la viabilidad», subraya el experto del centro de investigación Cicero (Oslo). «Y si una de ellas fracasa, no podremos colmar la diferencia en 2030», aventura.

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