El 'chamán' de la sangre

A pesar de creer en 'demonios' y que la sangre de ternero podía amansar la locura, el francés Jean Baptiste Denys fue hoy hace 350 años el pionero en las transfusiones a humanos

El 'chamán' de la sangre
ION M. TAUS

Hoy en día está considerada una práctica médica de lo más habitual, pero no por ello se le puede restar valor, y es que las transfusiones de sangre han salvado y siguen salvando millones de vidas. Solo en España, cada año unas 30.000 personas al año logran sobrevivir gracias a la sangre de otros, según la Federación Española de Donantes.

El gran precursor de esta práctica fue Jean Baptiste Denys, un médico francés que, tal día como hoy hace 350 años, realizó la primera transfusión de sangre documentada a un humano. Matemático y filósofo además de doctor, Denys formaba parte de la Academia Montmort, que se mostró muy interesada en las informaciones que llegaban desde Inglaterra, donde William Harvey fue el primero en ofrecer las claves de la circulación y las propiedades de la sangre, al ser distribuida por todo el cuerpo a través del bombeo del corazón. Ese descubrimiento abrió la puerta a numerosos experimentos, y años después, la Royal Society de Londres informaba de las primeras transfusiones realizadas entre perros por Richard Lower.

Cuando los informes de estos experimentos llegaron a París, la Academia de Ciencias de inmediato se puso a repetirlas. Por su parte, la Academia Montmort encargó a Jean Baptiste Denys que realizase estudios independientes. Durante el año 1667, Denys realizó experimentos de transfusiones entre perros y de terneros a perros, que fueron publicados por la Philosophical Transactions de la Royal Society.

De oveja a humano

Tras estas pruebas, Denys dio el gran paso el 15 de junio de 1667, con el primer experimento documentado de transfusión a un ser humano. Se la realizó a un adolescente de 15 años que padecía somnolencia y fiebre, y que previamente había sido sangrado en numerosas ocasiones con sanguijuelas. El doctor francés le inoculó unos 350 mililitros de sangre de oveja usando como cánula una pluma de pájaro. El joven, sorprendentemente, sobrevivió.

Denys realizó una segunda prueba exitosa con un obrero de 45 años. Se cree que estos dos primeros casos lograron sobrevivir debido a la pequeña cantidad de sangre de animal que recibieron. En aquel tiempo no existía gran conocimiento sobre la materia y se ignoraba completamente las incompatibilidades y reacciones que se podían dar entre la sangre de diferentes. Además, la sociedad era aún muy supersticiosa, por lo que era habitual pensar que muchos males eran causados por demonios y que la sangre de animales mansos como ovejas o terneros los podían aplacar.

El receptor de la tercera transfusión fue el Barón Bonde, un joven noble sueco que cayó enfermo en París mientras viajaba por Europa. Debido a su estado, había sido deshauciado por sus médicos, y al oír hablar del revolucionario tratamiento, su familia pidió a Denys intentar transfundirlo. Después de la primera transfusión de sangre de ternero, Bonde se sentía mejor y comenzó a hablar. Sin embargo, murió tras la segunda inoculación.

Acusación de asesinato

El final de estas pruebas llegó con el siguiente caso de Denys. El paciente era un joven aquejado de locura y muy agresivo llamado Antoine Mauroy. Fue tratado con sangre de ternera para intentar aplacar sus demonios. Parecía que todo marchaba correctamente, pero tras la tercera transfusión, Mauroy falleció. La mujer del paciente acusó a Denys de ser el responsable de su muerte y fue llevado a juicio, aunque en el mismo fue declarado inocente y la esposa acusada de haber asesinado su marido. Tras este caso, Denys decidió dejar la medicina, a pesar de que finalmente se demostró que Mauroy murió envenenado con arsénico.

Todo este caso levantó una gran polémica en Francia. El Parlamento galo decidió prohibir las transfusiones de sangre en 1670, y poco después el Parlamento británico y el mismo Papa se unieron a ese rechazo. Aquello fue el final de las transfusiones durante 200 años. Ya comenzado el siglo XX, el biólogo austriaco Karl Landsteiner descubrió la existencia de los diferentes grupos sanguíneos, lo que abrió la puerta a las transfusiones seguras entre humanos, práctica que ha salvado millones de vidas en los últimos cien años. Sin embargo, hay que reconocer la audacia de Jean Baptiste Denys, que hoy hace 350 años, dio aquel vital primer paso.

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