Diario Vasco

Osakidetza alerta de los riesgos de «banalización» del consumo de omeprazol

Un envase de omeprazol, un protector gástrico que como todos los medicamentos tiene sus efectos adversos.
Un envase de omeprazol, un protector gástrico que como todos los medicamentos tiene sus efectos adversos. / USOZ
  • Sanidad emprende una estrategia global para frenar el consumo de estos fármacos, de los más prescritos en Euskadi

  • Uno de cada diez vascos toma a diario estas pastillas y su ingesta ha subido un 50% en 10 años

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Estimado lector, le propongo un pequeño ejercicio. Vaya al armarito en el que guarda los medicamentos y compruebe si entre la caja de paracetamol y la de ibuprofeno tiene algo que ponga inhibidores de la bomba de protones (IBP). ¿Lo encuentra? Quizás si busca alguna caja con el nombre de omeprazol o rabeprazol (principio activo) sea más sencillo. ¿A que ahora sí? Tal vez sea usted de los que toma una de estas pastillas a diario porque el médico se lo ha indicado para tratar o prevenir problemas estomacales, o incluso de los que lo consume por cuenta propia antes de un atracón o después de una noche de juerga. «Su uso se está banalizando totalmente -se lamentan expertos de Osakidetza- y a nuestro alrededor familiares y amigos, todo el mundo, se lo toma como si fuera un caramelo».

Pero no lo es. El omeprazol, el rabeprazol, el pantoprazol... no son simples «protectores» como mucha gente se empeña en sostener. Son medicamentos con sus efectos adversos como todos los demás, cuyo uso prolongado puede conllevar consecuencias muy preocupantes en algunos casos y, en otros, «enmascarar enfermedades graves».

Su consumo se ha extendido en Euskadi de tal forma que en la actualidad uno de cada diez vascos toma a diario uno de esos fármacos con receta, una cifra «muy superior a la de otros países de nuestro entorno», según los datos de Osakidetza.

El aumento de la ingesta es más que preocupante y, en el caso de Euskadi, se ha disparado un 50% en los últimos diez años. Si en 2006 se consumían 66,6 dosis diarias por cada mil habitantes, en la actualidad se superan las 100 dosis diarias por cada mil habitantes. «Y esos son solo los datos de medicamentos con receta, porque hay gente que los adquiere sin prescripción, a pesar de que en principio no se podrían administrar sin receta de por medio. Por lo que serían muchos más», advierten los expertos.

Ante este panorama, Osakidetza ha emprendido una estrategia global para tratar de frenar el creciente consumo y evitar los posibles riesgos que lleva aparejados. El plan implica tanto a los profesionales sanitarios como a los pacientes, con grupos de trabajo y documentos informativos que se han repartido en las consultas y entre los propios profesionales que, en ocasiones, no siempre han administrado este fármaco cuando estaba indicado estrictamente. En esta estrategia de uso racional de medicamentos están detrás la Dirección de Farmacia y la Dirección de Asistencia Sanitaria de Osakidetza.

Autocrítica

Según explica Iñigo Aizpurua, responsable del Centro vasco de Información de Medicamentos (Cevime), dependiente del Departamento de Salud del Gobierno Vasco, los «inhibidores de la bomba de protones son medicamentos que impiden que el estómago segregue mucho ácido. Están indicados para tratar o prevenir problemas estomacales como ardor, reflujo, úlceras gastroduodenales...».

En Sanidad aseguran que desconocen los motivos reales que han provocado el desorbitado aumento del consumo de estos fármacos. «Es una cuestión multifactorial», admite Aizpurua. No obstante, el diagnóstico que manejan es bastante claro.

En determinadas situaciones su uso prolongado «está justificado». Pero el problema es que con frecuencia se prescriben y se utilizan más tiempo del necesario, con los riesgos que eso conlleva. «No está justificado en tratamientos con antiinflamatorios: para tratar lumbalgias, esguinces... Ahí, únicamente estaría indicado en pacientes de riesgo, es decir, los que pueden sufrir una úlcera por tomar voltaren, dicoflenaco... Y lo que se hace muchas veces es recetarlo a gente que no es de riesgo. Se le ponen cuatro días con antiinflamatorio y también el IBP, aunque realmente no necesitaría esa gastroprotección. Es la medicina del 'por si acaso'», admite el experto farmacéutico.

También está la población anciana y polimedicada que, «en muchas ocasiones, recibe tratamientos inadecuados» de IBP, que deberían ser revisados por los médicos.

En ese sentido, Aizpurua realiza autocrítica. «Dentro de esta banalización nosotros tenemos nuestra propia responsabilidad por no haber dado el mensaje a la ciudadanía y haberles dado esa falsa sensación de seguridad al ciudadano. Lo que queremos es que se prescriba solo cuando sea necesario», añade.

Junto a la prescripción de los médicos en situaciones en las que no estaría estrictamente indicado, se encuentra el error de los pacientes que han tomado el hábito, por su cuenta, de tomar la pastilla como gastroprotector ante un uso recreativo. «Antes de una comida copiosa o de una noche de juerga, al día siguiente de salir de fiesta... En esos casos, aunque el IBP tenga efecto, bastaría con tomarse un antiácido», explica Aizpurua.

Efectos adversos

Aunque se trate de un medicamento «seguro», desde Osakidetza recuerdan que su uso prolongado puede generar efectos adversos e, incluso, enmascarar enfermedades graves. «Con el paso del tiempo, cada vez hay más datos que corroboran estos riesgos», añade Aizpurua.

Según detallan, en su utilización a largo plazo se ha descrito un aumento del riesgo de fracturas osteoporóticas, infecciones intestinales, neumonía, déficit de hierro... «Sigue estando el riesgo de hipomagnesemia, que es el déficit de magnesio, que en algunos casos puede ser grave porque puede producir vómitos, diarrea, convulsiones en determinados pacientes y en tratamientos prolongados», explica el experto.

Junto a los efectos descritos desde hace años, en los últimos tiempos se han sumado nuevos riesgos que están pendientes de confirmación. «En estudios observacionales se ha descrito riesgo de demencia y de infarto, pero es algo que está en estudio», recalca Aizpurua.

«El problema es que se consume mucho y a largo plazo. Nos hemos dado cuenta de que se ha banalizado su uso, que muchos pacientes llevan años tomándolos y todo el mundo lo consume como si no fuera un medicamento, y hay que tener claro que esto tiene sus problemas», sentencia el experto.

Estrategia

Para poner freno a este consumo, Osakidetza ha emprendido una estrategia global, que implica a profesionales y pacientes. En concreto, se ha creado un grupo de expertos de las sociedades médicas vascas implicadas, junto a farmacéuticos de hospital y atención primaria, que han elaborado un documento de recomendaciones dirigido a médicos, enfermeras y farmacéuticos. Estos consejos, encaminados a revisar la prescripción de los IBP, se han distribuidos a alrededor de 6.000 profesionales de Euskadi.

Además, se han elaborado dos documentos de carácter más didáctico destinados a pacientes. Uno sobre los IBP titulado 'Omeprazoles, los justos' y otro sobre cómo dejar de tomar este fármaco, 'Omeprazoles, quizás sea el momento de dejarlos'. En este caso, en el que también han colaborado farmacéuticos de oficina de farmacia, se ha realizado una tirada de 20.000 ejemplares de papel, si bien el documento está accesible en la web de Osakidetza, en el apartado de i-botika.

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