«La primera noche es de locos. Miedo, frío, hambre...»

Javier, en un banco de un parque madrileño. / VIRGINIA CARRASCO
Javier, en un banco de un parque madrileño. / VIRGINIA CARRASCO

La vida se te presenta con problemas y luego están los otros, los que te buscas tú», admite Javier Toledo, 28 años, que sufre desorden bipolar. Una gran discusión con sus padres fue la gota que colmó el vaso y de ahí pasó a vivir en albergues, en las salas de espera de los hospitales -«donde al menos estás caliente y no te mojas»- y, si no había otra, en bancos del parque, cajeros bancarios, furgonetas abiertas... «La primera noche en la calle es una locura, no sabes dónde ir, tienes hambre, miedo, frío, sueño... Y no duermes; como mucho, un par de horas, estás con un ojo abierto por lo que te pueda venir encima. En invierno se pasa muy, muy mal. Y en el albergue tampoco es fácil; allí me robaron el móvil, y hay alguno que se intenta aprovechar de ti sexualmente».

La medicación que toma para poder paliar su enfermedad le hace caer en un estado de somnolencia por la noche del que le cuesta salir, y por eso ha de tener más cuidado, porque eso le puede hacer blanco fácil de ataques. «Me tomo mis pastillas y en quince minutos estoy que me caigo, como sedado. En una ocasión en la que dormía en una habitación de alquiler, el dueño intentó abusar de mí y le tuve que acabar pegando...».

Dice que no le gusta pedir, quizá para un café, «porque no es agradable, y luego te dicen '¡trabaja!'. ¡Pero si me paso el día buscándome la vida! No saben que cuando te ven, inmediatamente piensan que no mereces la pena, que no vas a ser capaz de trabajar, de hacer nada». Tuvo la suerte de conocer a la gente de Invisibles Coslada, un proyecto de la asamblea 15M de esta localidad que se centra en visibilizar la situación de pobreza y desamparo de muchos de sus vecinos. Y son especialistas en atender y acompañar a las personas sin hogar. Ellos le ayudaron a poder dormir en un hostal. «Estoy tutelado por la Comunidad de Madrid y recibo una pensión, pero se la dan a mis padres y no veo el dinero».

La vida en la calle puede dificultar el dormir, pero no el soñar. «Me gustaría tener una habitación de forma definitiva, quiero estar siempre a cubierto, querría encontrar un trabajillo de mozo de almacén o de reponedor, y sacar dinero para poder vivir. Y una novieta. Y la lotería... Jaja, bueno, que me estoy pasando. En realidad, solo quiero lo justo para no tener que volver a la calle».

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