Al primer submarino de guerra lo hundió su torpedo

Una pintura del 'HL Hunley'.
Una pintura del 'HL Hunley'. / AMERICAN CIVIL WAR MUSEUM

Resuelven el misterio del naufragio en 1864 del ‘HL Hunley’ tras hundir una corbeta de la Unión durante la Guerra de Secesión en la costa de Charleston

LUIS ALFONSO GÁMEZ

Ocurrió en la bahía de Charleston (Carolina del Sur, Estados Unidos) en la noche del 17 de febrero de 1864, en plena Guerra de Secesión. Barcos de guerra de la Unión bloqueaban el puerto de la ciudad, siguiendo la orden dada el 19 de abril de 1861 por Abraham Lincoln para asfixiar comercialmente a la Confederación. El ‘HL Hunley’, un submarino confederado, atacó a las nueve de la noche con un torpedo al ‘USS Housatonic’, una corbeta unionista de 62 metros de eslora y 1.260 toneladas, y la hundió a 8 kilómetros de la costa. Desaparecieron en el mar cinco de los 150 tripulantes de la corbeta. Poco más tarde, el sumergible se iba a pique con sus ocho hombres a bordo. ¿Qué les pasó? Una investigadora de la Universidad de Duke explica esta semana en la revista ‘PLOS ONE’ por qué el primer combate submarino de la Historia se saldó con el hundimiento del objetivo y del atacante.

Los restos del ‘HL Hunley’ no se encontraron hasta abril de 1995. Fue entonces cuando una expedición liderada por el arqueólogo submarino Ralph Wilbanks y financiada por la Agencia Nacional de Actividades Subacuática (NUMA), una organización creada por el novelista Clive Cussler, descubrió el pecio a 300 metros del lugar donde reposaba el ‘USS Housatonic’. En agosto de 2000, el submarino fue recuperado y trasladado al Centro de Conservación Warren Lasch de la Universidad Clemson para frenar su deterioro, excavarlo y restaurarlo. Lejos de aclarar las causas de su hundimiento, las primeras inspecciones del sumergible agrandaron el misterio. Los esqueletos de los ocho tripulantes se encontraban todavía en sus puestos a lo largo de la manivela con la que hacían girar la hélice que propulsaba la nave. No tenían huesos rotos, no habían utilizado las bombas de achique y las escotillas estaban cerradas. Había, eso sí, dos grandes agujeros a estribor, que luego se demostró que se debían a la erosión y la corrosión posteriores al naufragio.

Los restos del ‘HL Hunley’ los descubrió en 2000 una organización creada por el novelista Clive Cussler HALLAZGO

Por muy claustrofóbico que resulte, un submarino actual no puede compararse con el ‘HL Hunley’. Con sus 12 metros de eslora y 1,15 de manga, era lo más parecido a un ataúd y no solo por sus reducidas dimensiones. Construido en Mobile (Alabama), fue botado en julio de 1863 y enviado el 12 de agosto por tren a Charleston. Durante su corta historia, se cobró veintiún vidas. El 29 de agosto de 1863 se hundió durante unas pruebas y murieron cinco tripulantes. Mes y medio después, el 15 de octubre, volvió a naufragar. Esta vez se llevó al fondo a ocho hombres, incluido Horace Hunley, el ingeniero naval que lo había diseñado y había financiado su construcción. Reflotado, cuando el 17 de febrero de 1864 el teniente George E. Dixon y sus siete hombres pusieron en el submarino rumbo hacia el ‘USS Housatonic’ estaban condenados a muerte, aunque no lo sabían.

Muerte instantánea

El ‘HL Hunley’ iba armado con un torpedo de pértiga, que no tiene nada que ver con uno autopropulsado. Consistía en un barril de cobre cargado con 41 kilos de pólvora y situado en el extremo de una vara de 6,7 metros unida a la proa de la nave. El barril explotó al impactar con el casco de la corbeta con consecuencias fatales para el barco... y también para la tripulación del submarino. Tras someter a explosiones subacuáticas a un modelo a escala del sumergible, bautizado como ‘CSS Tiny’, la ingeniera biomédica Rachel Lance, de la Universidad de Duke, ha concluido que la onda expansiva de la explosión mató inmeditamente al menos al 85% de los tripulantes, al afectar a los pulmones y el cerebro.

El submarino confederado ya se había hundido dos veces en unas pruebas y matado a 13 tripulantes NAVE PELIGROSA

«Es un trauma característico de las víctimas de explosiones. Tienes una muerte instantánea que no deja marcas en los restos esqueléticos. Desafortunadamente, los tejidos blandos que nos mostrarían lo que sucedió se han descompuesto en los últimos cien años». Lance asegura que los diseñadores del torpedo de pértiga ya eran conscientes del peligro de una explosión demasiado cercana en el agua. En su investigación histórica, ha comprobado que asistían a las pruebas de dispositivos bastante menos potentes que el que hundió el ‘USS Housatonic’ desde cientos de metros. Dixon y sus hombres estuvieron a unos pocos metros.

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