Por qué se pone la piel de gallina y otras reacciones... explicables

Por qué se pone la piel de gallina y otras reacciones... explicables

¿Las llamadas mariposas en el estómago tienen una explicación biológica? Sí, al igual que otros sentimientos

RAQUEL MERINO

¿A quién no se le ha puesto la piel de gallina al escuchar una canción que remueve sentimientos en su interior? Pero, ¿a qué se debe? Curiosamente, ese erizado de la piel, que en el ámbito médico se conoce como 'piloerección', la hemos heredado de nuestros ascentros como reacción a situaciones que nos causan emociones extremas.

El llamado reflejo piloerector es una contracción involuntaria de los músculos erectores de los folículos pilosos, que se activan ante el frío o ante situaciones de peligro o emociones intensas. Es una respuesta fisológica que compartimos con otros animales como el gato, al que también se le eriza los pelos cuando se siente amenazado.

Mariposas en el estómago

La persona que te gusta se acerca a ti y en el estómago empiezan a aparecer las comúnmente conocidas como mariposas. Los nervios se acumulan en esta zona también ante situaciones de estrés o ansiedad.

Y es que el aparato digestivo está controlado directamente por su propio sistema nervioso el entérico, una subdivisión del sistema nervioso autónomo. Se trata de una red de nervios periféricos que controlan las funciones viscerales que generan hormonas y neurotransmisores. Y son neurotransmisores porque son producidos por neuronas, no las del cerebro, sino las del propio sistema nervioso del aparato digestivo. De hecho, algunos expertos lo consideran un «segundo cerebro» porque cuenta con tantas neuronas como la médula espinal.

Una intrincada tela de araña neuronal que no elabora pensamientos, pero influye en el estado de ánimo y hasta en el sueño. Ese denominado «segundo cerebro» del estómago, en conexión con el del cráneo, determina nuestro estado mental y pueden provocar problemas estomacales y, cómo no, las dichosas mariposillas.

Boca seca ante una situación incómoda

Mantienes una conversación con alguien y empieza a hacerte preguntas que no sabes cómo contestar. La boca empieza a secarse lo que pone en evidencia nuestra intranquilidad. ¿Por qué?

De nuevo, los instintos más básicos están detrás de esta reacción. Cuando una situación nos pone tensos, el sistema nervioso se pone en marcha para preparar al organismo ante una posible agresión. En definitiva, nos pone en alerta para preparar la huida. Y la huida es incompatible con la ingesta de alimentos que es el detonante de la secreción de saliva.

La parte del sistema nervioso que se encarga de que esto suceda es el sistema simpático, que ante situaciones de tensión toma las riendas del organismo, con la consecuente sequedad de boca, entre otras consecuencias como la sequedad de los ojos y el aumento del ritmo cardíaco.

Bostezos incontrolables

Como rezaba el eslogan de una conocida marca de aperitivos, «Cuando haces pop ya no hay stop». Esto mismo pasa con los bostezos, cuando comenzamos a abrir la boca ya no se puede parar.

Los estudios realizados al respecto determinan varias causas para los bostezos. La más extendida apunta a que sirven para refrigerar el cerebro y así mantener su temperatura dentro de unos valores adecuados. Incluso determina que la gama de temperaturas ambientales alrededor de los 20º C favorece el bostezo y su contagio.

Otras investigaciones señalan que los bostezos ayudan a aumentar el suministro de oxígeno. Algunas hipótesis hablan de que reducen la ansiedad y aumentan la atención y otras los relacionan con estados de aburrimiento y fatiga.

Pero, quizás la teoría más curiosa es la que apunta a que los bostezos son una cuestión de contagio. Y más aún, se bosteza más cuando lo hacen los seres queridos. Las conclusiones de un estudio realizado en Italia concreta que el ritmo del contagio de los bostezos es mayor en primer lugar con parientes, en segundo lugar con amigos y conocidos, y por último con desconocidos. Según Andrew Gallup, biólogo de la Universidad de Princeton, la empatía puede esar detrás de ese contagio de bostezos entre humanos. O simplemente a ese instinto de imitar lo que vemos.

Ese nudo en la gargante

Una escena de una película nos hace ponernos al borde del llanto. Intentamos evitar las lágrimas, pero no podemos evitar el nudo en la garganta.

Según los expertos, en ese momento, nuestro cuerpo entiende que estamos ante una situación de estrés y por ello intenta insuflar la mayor cantidad de oxígeno posible a los músculos para prepararnos para la huida. El cerebro ordena a la glotis (abertura superior de la laringe) que se mantenga abierta en un intento de tomar aire, pero la glotis también se encarga de no dejar pasar líquidos, por lo que cuando, a punto de estallar a llorar intentamos tragar saliva, la garganta recibe dos órdenes contradictorias que provocan esa sensación de tensión y del llamado 'nudo en la garganta'.

Imposible no ruborizarse

Ante situaciones de pudor, ira o excitación hay personas que no pueden evitar ponerse colorado. Esta reacción se debe a una aceleración del ritmo cardíaco que provoca la dilatación de los vasos sanguíneos y de las terminaciones nerviosas de la cara.

Aunque los psicólogos aseguran que cualquier persona puede ruborizarse, son más propensas aquellas personas con personalidades tímidas, introvertidas, incluso con baja autoestima.

Pero ponerse colorados también tiene su aspecto positivo. Los expertos señalan que podría tratarse de una reacción positiva de cara a los demás, ya que cuando alguién se ruboriza tienen a empatizar más con esa persona y a considerarla digna de confianza.

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