Piratería vasca tras la línea nazi

El abastecimiento encubierto de minerales desde puertos vascos a la Francia ocupada por los nazis se trató de frenar con un escuadrón de submarinos y sabotajes

En abril de 1940, la Marina francesa registra un buque con pabellón español sospechoso de abastecer a los nazis. / UNTZI MUSEOA/ 'LA GUERRE AÉRIENNE ET NAVALE Nº174
IÑIGO PUERTA

En plena II Guerra Mundial, la costa vasca aún trataba de recuperarse del trágico golpe sufrido por la Guerra Civil española, y aunque geográficamente el Golfo de Bizkaia no era un punto caliente de la contienda, estratégicamente, su influencia indirecta en el conflicto cobraba gran importancia. La costa vascofrancesa pasó a ser una zona controlada por las fuerzas de ocupación nazi en el verano de 1940. Mientras tanto, la España de Franco era considerada neutral en el conflicto a pesar de los estrechos lazos ideológicos y económicos que le unían al bando alemán.

Las deudas contraídas por Franco ante las fuerzas del Eje que le ayudaron en su sublevación fueron pagadas con una moneda cotizada en tiempos de guerra, el mineral vizcaíno. El ‘combustible’ para la fabricación de armamento y otros usos comenzó a traficarse de forma sistematizada desde el puerto de Bilbao hacia Baiona en compañías navieras vascas al servicio de los intereses alemanes. Hierro, zinc, pirita, estaño... hasta wolframio fueron desembarcando desde agosto de 1940. Aunque los buques utilizados a veces ondeaban la bandera nazi, el hecho de llevar pabellón español, supuestamente les protegía de cualquier ataque en unas aguas amenazadas por la armada Aliada y vigilada por las fuerzas marítimas alemanas.

Llevar la bandera española pintada en ambas amuras era el salvoconducto diplomático en la costa vasca para eludir a los submarinos. Bajo esta protección, los pesqueros guipuzcoanos cercanos a la muga podían acceder a los caladeros tradicionales franceses. Los arrantzales de Iparralde padecían el toque de queda de las tropas alemanas, que solo les permitían faenar a la luz del día. Para cuando los franceses salían a la mar, sus vecinos volvían cargados de pescado. En ese estadio de posguerra franquista y ocupación nazi, los arrantzales vecinos comerciaban en plena mar para abastecerse de productos básicos escasos, inexistentes o muy controlados en ambos lados de la frontera. Pan francés a cambio de naranjas valencianas, era un trato habitual en la costa.

Si para la población de a pie la comida era su necesidad primaria, al ejército de Hitler le interesaba el hierro vasco. Ambas carencias hicieron que muchos marineros vascos, incluso los que vivían en el exilio, se enrolaran en estos convoyes de minerales. La actividad se incrementó de forma exponencial, con un pico de 435.000 toneladas de importaciones descargadas en 1942 en el puerto de Baiona. La empresa ‘Minerales de España S.A.’, perteneciente al holing SOFINDUS, era la encargada de organizar el tráfico marítimo entre Bilbao y Baiona. El conglomerado de empresas era dirigido desde Madrid por el alemán Johannes Bernhardt, con el objetivo de controlar y favorecer el flujo económico entre Alemania y España.

El acecho del escuadrón 203

Los Aliados, a su vez, decidieron dedicar una flotilla de submarinos (Submarine Scuadron 203) para entorpecer este tráfico en el Golfo de Bizkaia. Sus actuaciones entre 1941 y 1943 fueron destacadas. El submarino francés ‘Rubis’ sembró de minas Baiona y Arcachon, que hundieron a dos patrulleros alemanes. El estadounidense ‘Shad’ torpedeó a un mercante alemán al norte de Bilbao. El también norteamericano ‘Blockfish’ hundió un patrullero del Eje y el británico ‘Spectre’ envió a pique a dos cargueros entre Bilbao y Castro Urdiales.

La guerra marítima se libraba en todo el mundo. En 1943, varios cargueros de origen vasco al servicio nazi fueron interceptados también en el Mediterráneo. El ‘Juan de Astigarraga’, por ejemplo, fue torpedeado en cuatro ocasiones por el submarino británico ‘Torbay’ cerca de Cannes, donde fue hundido. Una larga lista de buques vascos fueron enviados al fondo en esas aguas. Entre estas naves hundidas que cambiaban de nombre al entrar al servicio del tráfico mercante de guerra, destacan por curiosidad el ‘Isis’ (ex ‘Axpe’), el ‘Marguerite’ (ex ‘San Mamés’) o el ‘Ostia’ (ex ‘Nere Ametza’). Los tres navíos, pertenecientes a la compañía TRANSCOMAR.

En abril de 1940, la Marina francesa registra un buque con pabellón español sospechoso de abastecer a los nazis.. / UNTZI MUSEOA/ 'la guerre aérienne et navale nº174

La maquinaria propagandística alemana denunció a los Aliados por no respetar la neutralidad de España, pero también tuvo varias muescas con bandera española en los periscopios de sus submarinos. En 1940, el mercante ‘Banderas’ explotó a manos del U-53. En 1942, el submarino U-512 germano atacó con éxito al ‘Monte Gorbea’ cerca de la isla de Martinica, que llevaba trigo a puertos españoles desde Buenos Aires. Con el mismo tipo de carga, el carguero ‘Monte Igueldo’ fue hundido por el submarino italiano ‘Barbarigo’ en aguas del Atlántico.

El apresamiento del 'Baltic'

1. Preparación del golpe.
Mendizabal, quien ideó el golpe, contacta con Arthur Dyer y le propone apresar el Baltic. En casa de Dyer se producen los encuentros preparativos junto a Graham William, el cónsul británico en Bilbao, que a su vez ponía al corriente al Agregado Naval inglés en Madrid. La oferta inglesa prometía un botín de 200.000 pesetas por cabeza (1.200 euros), cuya mitad se pagaría a sus familias en Santurce. También la propiedad del barco mientras siguiese al servicio británico en el Mediterráneo.
2. A punta de pistola
El 23 de junio de 1943 cuatro hombres armados, tres vascos y uno francés, toman el carguero en la ría de Bilbao y salen en dirección a Ferrol, donde han pactado un encuentro con la Marina británica para que les suministre combustible.
3. Encuentro fallido
Un día más tarde, esperan a la nave de guerra que nunca llegó. Ante el miedo a ser apresados por la marina franquista, deciden tomar rumbo a Portugal.
4. Convoy aliado
Contactan con buques aliados a la altura de Setubal, pero no se creen la versión del secuestro. Tras tres días de negociación en alta mar y tras la negativa a suministrarles combustible, deciden izar la bandera nazi para ser apresados. Siete soldados y un teniente francés toman la nave.
5. El gobierno británico no reconoce su participación
Tras intentar llevarlo a Casablanca y sortear minas, el Baltic termina en Gibraltar. Las autoridades británicas dicen no saber nada. Los marineros secuestrados son liberados y llevados a Algeciras. El barco se renombró como 'Ros Braz' bajo bandera francesa y los secuestradores fueron tratados como prisioneros de guerra.
6. Recompensa
La intervención indignada del agente del MI6 Arthur Dyer consiguió que liberasen a los activistas vascos y al bretón, que terminaron trabajando en la industria de guerra británica. Lorre partió enseguida a EE UU mientras Luis Fernández Renovales vivió durante 27 años más en Gran Bretaña y fue uno de los fundadores de la 'Euzko Etxea' de Londres.

La escasez y los ideales, entre otras razones, provocaron la actuación de muchos marinos vascos en ambos lados de la contienda. Una de las actuaciones militares de mayor calibre en aguas vascas llevó a tres nacionalistas vascos de Santurce y a un ciudadano francés a asaltar un carguero en plena ría de Bilbao para llevarlo hasta Gibraltar. Un acuerdo previo entre Valentín Mendizabal, que ideó el golpe, y Arthur Dyer, un agente británico-bilbaíno del servicio secreto MI6, prendió la mecha. El pacto fue elevado al consul británico en Bilbao Graham William.

El Baltic era un carguero de 397 toneladas de origen holandés capturado en 1940 por los nazis, que participaba en el tráfico de mineral desde Bilbao a Baiona practicando una navegación de cabotaje, siempre dentro de las entonces tres millas marítimas jurisdiccionales españolas. Tanto su capitán, Ramón Garay, como su tripulación, eran vascos. Una bandera comercial española y el cambio de su nombre de ‘BALTIC’ a ‘ALTIO’ con el borrado de una ‘B’ y cerrando una ‘C’ por un hábil marinero encaramado a un andamio, lo convirtieron en un barco neutral a ojos de los ejércitos de ambos bandos.

El apresamiento del 'Baltic', ideado por nacionalistas vascos, se pactó con los británicos

En 23 de junio de 1943 el ‘Baltic’ fondeaba a 400 metros del embarcadero de Las Arenas, cargado con 314 toneladas de hierro, aunque se especuló con que fuese wolframio. Estaba a la espera de partir a Baiona a las 21.30h con solo dos de sus siete tripulantes a bordo. Los asaltantes, armados con una pistola cada uno, aguardaban en el muelle de pescadores de Santurce. Dos de ellos, Pedro Eugenio Loza e Isidoro Villanueva se acercaron en un bote hasta el barco y aprovechando que Villanueva conocía a la tripulación, consiguieron que éste subiera diciéndoles que llevaba una maleta para el maquinista. Una vez arriba, encañonaron a los marineros, esperaron a los cinco restantes y los metieron en la bodega. Una vez neutralizados, subieron los otros dos compinches, Luis Fernández Renovales y Joseph Lorre, provistos de cartas de navegación.

Bajo su mando modificaron la ruta prevista y viraron hacia el oeste. Sustituyeron la bandera nazi por la española y más adelante por la de la Francia Libre. El día 24, ya a la altura de El Ferrol, la tripulación esperaba la llegada de un barco de guerra británico que les iba a abastecer de combustible para llegar hasta Gibraltar. Sin embargo, el pacto previo no se cumplió. La falta de fuel y los nervios por poder ser detenidos en la costa española, les hicieron seguir la ruta hacia el sur por la costa de Portugal.

A la altura de Setubal tuvieron contacto visual con un convoy compuesto por dos mercantes galos, un cañonero de la Francia Libre y un destructor británico. La comunicación por radio fue infructuosa. No se creían la versión del secuestro. Al no atender su desesperada necesidad de combustible, Villanueva decidió dar un giro total a la situación e izó la bandera nazi. Entre la incredulidad de los franceses y la situación límite de los activistas vascos, pasaron tres días frente a las costas portuguesas hasta que una avanzadilla francesa compuesta por un teniente y siete marineros decidió entrar armada hasta los dientes en el Baltic para contrastar la versión del secuestro.

La neutralidad española en la guerra y su afinidad nazi propició la ruta Bilbao-Baiona

Los militares galos tomaron el mando de la nave y trataron de llevársela a Casablanca, pero finalmente, el 29 de julio desembarcaron en Gibraltar tras sortear varias ristras de minas. La estupefacción fue en aumento, ya que las autoridades británicas dijeron desconocer cualquier plan respecto al Baltic y fueron los franceses quienes se hicieron cargo de la nave. Los tripulantes secuestrados fueron llevados a Algeciras sanos y salvos, mientras los raptores fueron tratados como prisioneros de guerra. La intervención posterior del agente Arthur Dyer logró que fuesen enviados a Gran Bretaña, donde trabajaron en los Astilleros Harland and Wolff de Southampton. Joseph Lorre marchó a los EE UU, mientras Luis Fernández Renovales permaneció 27 años más y fue uno de los fundadores de la ‘Euzko Etxea’ de Londres. El ‘Altio’ o ‘Baltic’ se renombró como ‘Ros Braz’ y Holanda litigó por él durante años aun terminada la guerra hasta recuperarlo.

El acto, calificado de piratería por los franquistas, causó tensiones diplomáticas con las autoridades británicas. Según los informes policiales de la época incluso el Agregado Naval de la embajada británica de Madrid viajó hasta Bilbao para atar el plan y las reuniones se llevaron a cabo en el domicilio particular de Dyer, en Las Arenas. A cada participante se les habían prometido 200.000 pesetas (1.200 euros), cuya mitad sería entregada a sus familiares de Santurce y la otra mitad al llegar al destino. También se les garantizó la propiedad de la nave siempre y cuando siguieran sirviendo para el ejército británico en el Mediterráneo. Los ingleses, ante el vendaval diplomático, negaron tales promesas. Eran tiempos de guerra.

Abastecimiento a las ‘bolsas nazis’ no dominadas

En 1944, mientras Francia era liberada y los aliados percutían el frente alemán, varias fortalezas nazis fueron dejadas atrás al no representar una amenaza. En el sur, el puerto de La Rochelle con su guarnición de 16.000 hombres capituló solo cuando lo hizo Alemania. Las denuncias y refriegas por abastecer a estos reductos se multiplicaron. Entre otras, pesqueros de Pasajes fueron ametrallados por la aviación francesa en alta mar y un comerciante zarauztarra fue acusado de llevar mercancías a submarinos germanos con buques de Ondarroa. El testimonio de Pantxo Etxeberria, un combatiente del batallón Gernika en Médoc, confirmó que los barracones alemanes estaban «repletos de conservas y alimentos españoles».

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