Papel, boli y dibujantes, como en los juicios de antaño

Aunque la sesión de ayer se celebrase en audiencia pública, el alcance de la medida era muy limitado. Al no estar presente ningún familiar de los acusados ni de la denunciante, que habrían tenido asientos garantizados, quedó sitio para 46 periodistas (solo uno por medio) y 24 ciudadanos, admitidos por riguroso orden de llegada. El juicio se celebra en una sala con las persianas bajadas, para evitar miradas y cámaras indiscretas, y los enviados de los medios tuvieron que ajustarse a unas normas estrictas: las fotografías estaban prohibidas y no se podía entrar con grabadoras ni con ningún otro artilugio electrónico. El ambiente recuperaba algo de los juicios de antaño, ya que los redactores solo iban pertrechados con cuaderno y bolígrafo (que, además, debía ser sencillo, poco sospechoso de encubrir algún ingenio de espionaje) y se veía a algunos dibujantes que retrataban a los acusados. Tanto los periodistas como los miembros del público (en su mayoría, universitarios) tenían que someterse al detector de metales. Nadie increpó en ningún momento a los miembros de 'la manada', ni se registró ninguna concentración ante el Palacio de Justicia.

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