Kerrigan, la agente de los best-sellers

Un desayuno tardío en Torrevieja unió a Antonia Kerrigan con Javier Sierra. El último Premio Planeta es uno de los grandes autores de esta agente literaria que iba para médico y acabó formándose con la influyente Carmen Balcells. Representa a 150 escritores

Kerrigan, la agente de los best-sellers
JOSÉ ANTONIO GUERRERO

Gasta apellido irlandés, es hija de norteamericanos de Boston y Chicago, nació en París, creció en Mallorca, donde conoció a Robert Graves y Camilo José Cela, y se formó en Barcelona, desde donde otea el horizonte de las letras a la caza de nuevos talentos. La trayectoria vital de Antonia Kerrigan podría competir con la variedad de estilos narrativos de los 150 autores a los que representa su agencia (se llama como ella), entre ellos algunos de nuestros 'best sellers' más ilustres, como el reciente ganador del Premio Planeta, Javier Sierra, primer español en figurar en el 'top ten' de la lista de los más vendidos del 'The New York Times'. La nómina de escritores de esta 'madre' literaria que se formó en los brazos de la fallecida Carmen Balcells (la influyente agente que dio a conocer en España a García Márquez y Vargas Llosa) acumula premios (Cervantes, Planeta, Nacional de Literatura, Nadal, Barco de Vapor, Ateneo...) y sobre todo millones de ejemplares vendidos en todo el mundo: Carlos Ruiz Zafón, Juan Gómez Jurado, María Dueñas, Elvira Lindo, Laura Gallego, Espido Freire, Dulce Chacón, Carmen Amoraga, Sergio Pitol... Y desde el último superventas al más modesto plumilla, a todos los quiere por igual. «Un agente literario se preocupa de sus autores, no ya de leer sus trabajos y promocionarlos. Si están pasando una mala racha también estamos ahí para echar una mano. Yo me paso la vida preocupada. Por naturaleza soy así y me preocupo por todos ellos. Si te consideran una madre o no, es cosa de ellos», afirma. Y así, al menos, la considera Juan Gómez Jurado, uno de sus escritores más leídos y traducidos. «Antonia es maravillosa, prudente y muy protectora con los suyos. Es como una madre, siempre preocupándose por nosotros. Y es dura con los editores, lo cual no suele ser habitual», cuenta.

Lo más curioso es que Kerrigan nació y creció rodeada de novelas y poesía (su padre, el poeta y traductor Anthony Kerrigan, tradujo al inglés las obras completas de Unamuno, así como otros escritos de Baroja, Borges, Neruda, Cela y Ortega y Gasset), pero en la juventud encaminó sus pasos hacia la medicina. Ella lo justifica porque en su familia «todos eran de letras» y esta opción era su particular forma de rebelarse, de llevar la contraria. A la anatomía y la bioquímica les dedicó cuatro años de estudio antes de consumar su amor por las letras y licenciarse en Filología Inglesa (el inglés es su lengua materna, el español lo habla perfectamente y sin acento y domina el francés y el italiano). Algo de aquella primera inclinación por la medicina le ha quedado. «Creo que he sido una buena médico sin título para los amigos y los hijos», dice sonriendo. Sus dos hijos, Gregori e Ilya, han seguido la tradición familiar y crearon el sello editorial Alrevés.

Kerrigan aprendió el oficio en la agencia literaria de Balcells, la mejor 'universidad' para convertirse en representante de autores, y a principios de los 80 abrió su propia empresa, en la que actualmente trabajan seis personas. Con ellos celebró la última alegría que le han dado sus 'hijos', el Planeta de Javier Sierra por su novela 'El fuego invisible'. Acababa de aterrizar en Barcelona de la Feria del Libro del Fráncfort y esa misma noche asistía a la entrega del galardón. «Javier es un autor popular y querido y el Planeta es un honor».

Gracias a unos cruasanes

A Sierra lo fichó gracias a un desayuno tardío en un hotel. «Me acuerdo perfectamente. Lo conocí en un premio de novela de Torrevieja hace muchos años, una mañana en la que todo el mundo se levantó tarde. Estaban a punto de retirar el desayuno del hotel y yo aparté unos cruasanes al ver que venía Javier y que se iba a quedar sin probar bocado. Desayunamos juntos y, aunque él ya había publicado un par de libros, hablamos de la posibilidad de que yo le representara, y así hasta hoy». El novelista no deja de regalarle buenas noticias, aunque tal vez la mejor de todas le llegó cuando 'La cena secreta', que precisamente fue finalista en 2006 en el Premio de Novela Ciudad de Torrevieja, triunfó en un mercado tan complicado como el norteamericano, convirtiéndose en el primer español en colarse en las listas de los más vendidos. Aquella obra, editada en 32 países, despachó tres millones de copias y generó un cambio de actitud de la industria editorial estadounidense frente a la literatura escrita en español, algo a lo que también han contribuido Ruiz Zafón y Gómez Jurado, con sus éxitos en EE UU.

De su agencia nadie se va sin un libro, «desde el mensajero hasta el del agua»

Con el paso de los años, escritor y representante han forjado una estrecha amistad que les lleva a compartir momentos de ocio con sus familias. Kerrigan cree que Javier ha escrito su mejor novela con 'El fuego invisible', una historia sobre el enigma del Santo Grial. Ella pudo leer hace meses un primer boceto, «porque los autores no escriben en soledad; cuando lo hacen quieren la opinión de alguien y generalmente ese alguien es su agente».

De Antonia, a la que algunos ven como el relevo natural de Carmen Balcells, elogian su olfato e intuición para saber dónde hay madera. Ella se quita importancia. «Me gusta todo lo que está bien escrito, la ficción comercial, la ficción literaria, pero todo hay que leerlo mirando con un ojo a quién venderlo». Claro que no siempre sus apuestas literarias le han salido bien, pero jamás esos tropiezos le han apartado de su camino de olfatear nuevas firmas y dar una oportunidad a las primeras páginas de los manuscritos que le llegan. Lo explica gráficamente: «Los agentes literarios somos ludópatas; en lugar de apostar en el bingo, apostamos por libros y autores. A veces te lees un manuscrito y piensas que va a ser un pelotazo mundial y no llega a ningún lado. Y hay veces que tienes tus dudas y pumba, un exitazo. Hay tantas variables..., aunque, ¡hombre!, cuando llevas 40 años leyendo, de algo te das cuenta». Y Kerrigan es tan buena lectora como vendedora y prescriptora de nombres y títulos. De su oficina nadie se va sin un libro, «sea el mensajero o sea el del agua», y algo parecido ocurre con su biblioteca personal, la que puebla su casa de Barcelona. «Sí, es verdad que tengo una buena biblioteca, pero intento regalarla».

- ¿Cómo que intenta regalarla?

- Hay un momento en que tienes tantos libros que sabes que no vas a releerlos nunca en tu vida. Entonces, si encuentro a alguien que le guste leer, estoy más que encantada de regalarle el libro.

Entre esos miles de volúmenes hay algunos «muy íntimos» que nunca saldrán de su hogar, especialmente uno heredado de su padre dedicado por Borges.

- Y oiga, con más de 150 autores en nómina..., ¿todavía se sorprende leyendo cosas buenas?

- Sí, sí, sí, claro que sí. Hay muy buenos autores por ahí.

Palabra de Kerrigan.

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