De 'El Lute' a 'El Chicle', así se forman los motes de los criminales

De 'El Lute' a 'El Chicle', así se forman los motes de los criminales

Hay varias teorías que explican el origen del alias del autor confeso de la muerte de Diana Quer. Entre delincuentes es habitual ocultar la identidad detrás de un apodo. A veces los sobrenombres dan un halo heroico a criminales odiosos

INÉS GALLASTEGUI

Quizá el nombre de José Enrique Abuín le suene lejanamente familiar. Pero seguro que, si se menciona a 'El Chicle', le viene a la cabeza de inmediato la cara del detenido por el secuestro y asesinato de la joven madrileña Diana Quer. Hace un par de semanas saltó a la fama 'Igor El Ruso' -que se llamaba Norbert y era serbio-, presunto autor del crimen de un ganadero y dos guardias civiles en Teruel. Pero antes fueron 'El Lute', 'El Vaquilla', 'Casper', 'El Bigotes' o 'Santi Potros'. Hay delincuentes que nacen con el sobrenombre puesto y otros se lo ganan por la cara o por alguna fechoría memorable. Algunos motes parecen un insulto. Otros se lucen como una medalla. «Los alias tienen la función de ocultar la identidad, pero también de glorificar el delito. Los medios los difunden porque da espectáculo», explica el filólogo Luis Veres.

El origen de 'El Chicle' es dudoso. «En realidad era conocido como Chiclé, porque fue mecánico», declaró a 'El Progreso' de Lugo una vecina de Rianxo, convencida de que, al olvidar la tilde en la ficha policial, alguien convirtió en goma de mascar esa palabra que designa la pieza del motor que regula el paso del combustible al carburador. El periodista de sucesos Manuel Marlasca, jefe de investigación de La Sexta TV, afirma en cambio que de pequeño, a causa de sus prominentes dientes delanteros, el futuro malhechor parecía masticar en vez de hablar. Y aún hay una tercera teoría, que recuerda que 'chicle', en el argot criminal, significa 'chivato'. Así lo apunta Juan Carlos Delgado, más conocido como 'El Pera', delincuente juvenil primero, asesor de conducción evasiva de la Policía después y hoy colaborador en diversos medios de comunicación. El historial de Abuín podría corroborar esta hipótesis: en 2007 le pillaron con 19 kilos de cocaína y para defenderse delató a sus cómplices, lo que le valió la expulsión del clan de Os Fanchos.

'El Pera', en su etapa de delincuente juvenil.
'El Pera', en su etapa de delincuente juvenil.

Con otros apodos hay menos dudas. Los diarios británicos no tardaron en bautizar como 'Jack el Destripador' al asesino que mutiló, desfiguró y extrajo órganos de los cuerpos de cinco prostitutas en el barrio londinense de Whitechapel en 1888. Nunca fue detenido.

«El alias puede convertir en alguien a choricillos desgraciados», asegura El Lute

Como 'El Ángel de la Muerte' y 'Doctor Muerte' pasaron a la historia los médicos nazis Josef Mengele y Aribert Heim por los atroces experimentos y torturas que causaron la muerte de miles de judíos en Auschwitz y Mauthausen.

En las bandas terroristas los nombres de guerra los pone la propia organización. Los fanáticos islamistas no se rompen la cabeza. A Mohamed Pérez lo conocen en el ISIS como 'El Cordobés' -aunque en la prensa española se quedó como el hijo de la Tomasa-, y en Al Qaeda recuerdan el origen de los cerebros del 11-M Mustafá Setmarian, Al Suri ('El Sirio'), o Amer Azizi, Al Andalusi ('El Español').

En ETA los apodos son «nombres orgánicos» que se imponen en la propia banda terrorista. «La Guardia Civil no pone alias -afirman fuentes del cuerpo-. Otra cosa es que en distintos operativos se utilicen sobrenombres para que nadie ajeno a la investigación sepa de quién se habla».

Otros ámbitos

Alias de alta cuna

Lejos del lumpen, muchos personajes ilustres pasaron a la historia con un apéndice adherido a su gracia. Ahí están los reyes Boabdil el Chico, Juana la Loca e Iván el Terrible, los guerreros El Cid Campeador y El Gran Capitán, o pontífices como Juan Pablo II, el Papa Viajero.

Palabras que son medallas

Los campos deportivos, ese olimpo moderno, están abonados para la creación de apodos: El Pelusa, El Kun Agüero, El Niño Torres o El Cholo Simeone, en el fútbol, Purito Rodríguez o El Bala Valverde, en el ciclismo, Magic Johnson en el baloncesto, Il Dottore Rossi en el motociclismo y El Potro de Vallecas (Poli Díaz) en el boxeo son ejemplos.

Apodar es de pueblo

Cela recogió en su ‘Diccionario Geográfico Popular’ decenas de pseudogentilicios, sobrenombres que se aplican a todos los vecinos de una población. Solo el primer tomo, dedicado a la Comunidad de Madrid, vio la luz en 1998. En la capital eran ‘gatos’, en Alcalá de Henares, ‘borrachas’, en Getafe, ‘jaboneros’, y en Leganés, ‘pepineros’.

En el listín telefónico

En el pueblo cacereño de Cedillo, no pregunten por Antonio González o Joaquina Roque, sino por Botines o la del tío Francisquín. Son dos de los 490 remoquetes que recoge la guía telefónica local. La oficial, en cuanto llega a casa, se guarda en un cajón. Iniciativas parecidas se dan en El Ejido (Almería) y Villanueva del Trabuco (Málaga).

Pero a veces los pseudónimos manejados durante las pesquisas acaban trascendiendo a la prensa, admite el subinspector Martínez, con más de tres décadas investigando homicidios, narcotráfico y atracos en la Policía Nacional de Granada. «Idoia López Riaño siempre fue conocida en ETA por 'Margarita', pero se hizo famosa como 'La Tigresa'», resalta el director de 'Expediente Marlasca'.

A su juicio, los mejores 'nicks' de este submundo los ponen los gitanos y los quinquis. Algunos aluden a rasgos físicos del interfecto: 'Cabezanabo' y 'Trespelos' eran calvos, 'El Ronquillo' tenía una traqueotomía, 'El Plátano' estaba «muy bien dotado» y a 'Congrio', un tipo «francamente feo», lo bautizó un primo tras pasar por la pescadería. A otros los perseguirá de por vida una anécdota juvenil: 'El Pepinillos' estuvo a punto de morir tras comerse un bote entero de encurtidos y 'Pocarropa' huyó desnudo de un robo en una piscina. Marlasca también alaba la creatividad de los 'narcos' mexicanos y colombianos: 'El Pozolero', de profesión albañil, disolvió en ácido más de 300 cadáveres para el cártel de Sinaloa, y el sicario 'Baygón' se ganó el mote por su eficacia a la hora de eliminar criaturas molestas para sus jefes de la organización del Norte del Valle.

Arriba 'El lute', debajo 'El hijo de la Tomasa' y 'El Bigotes'.

Propaganda y mito

¿Es posible que llamar 'El Cuco' al encubridor del asesinato de Marta del Castillo contribuya a frivolizar su culpa? ¿Las connotaciones sexuales de su alias podrían hacernos olvidar las 23 vidas con las que acabó Idoia López Riaño? Luis Veres, profesor de la Universidad de Valencia y autor del libro 'Los lenguajes del terrorismo' (ed. Tirant Lo Blanc, 2017), cree que sí. «Los apodos desempeñan un papel propagandístico», sostiene Veres, quien recuerda que esta «mitificación del agente del delito» es recurrente en la literatura revolucionaria de los siglos XIX y XX. El problema es que, a veces, los medios de comunicación se alían inconscientemente con esa estrategia y convierten a criminales detestables en personajes interesantes.

Algunos 'akas' (acrónimo de 'también conocido como', en inglés) ridiculizan a quien los lleva, recuerda el policía granadino. «Para un atracador, es mejor que le conozcan como 'El Maestro' a que le llamen El Cagaletas», matiza.

A Eleuterio Sánchez, 'El Lute', el mote se lo pusieron en la Dirección General de Seguridad. «Mi familia, que era analfabeta, me llamaba Terio o Luterio. Pero la Policía tenía hambre de éxito y con frecuencia convertía a un choricillo desgraciado en un delincuente importante», señala. Él mismo era un pobre ladrón de gallinas al que la inquina del aparato franquista y sus espectaculares fugas convirtieron en un icono capaz de inspirar películas ('Camina y revienta') y canciones (Boney M). «No me gusta, pero ya no me molesta. La gente lo asocia a un caso de perseverancia y superación», señala Sánchez, que se hizo abogado en prisión, antes de su indulto en 1981.

'El Pera', que empezó a robar con 7 años y cuatro después ya dirigía una banda que atracaba joyerías y bancos, está orgulloso del sobrenombre que le pusieron a finales de los setenta los compinches por lucir en su barrio una trenca buena robada a un niño de la zona pija de Madrid. «En el lumpen nadie te llama por tu nombre. Con los alias, la Policía crea héroes, pero héroes con pies de barro», resalta Delgado, cuya vida dio «un giro espectacular» en la Ciudad de los Muchachos. «Un apodo te hace exclusivo. ¿Cuántos Juan Carlos hay en España? Miles. ¿Y Peras? Solo dos. El otro es boxeador».

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