Desde niños con el qué dirán

Desde niños con el qué dirán
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Un estudio revela que a los 5 años de edad ya nos preocupamos por nuestra reputación

JAVIER GUILLENEA

Da gusto ver a un niño de unos cinco años dar uno de sus caramelos a un amigo o agobiarlo con un fuerte abrazo de cariño sin igual. Es la viva imagen de la bondad y la inocencia, un dechado de generosidad, un pozo de ternura en el que dan ganas de zambullirse. Momentos como esos son los que hacen olvidar a los padres lo duro que es vivir siempre pendientes de que el hijo no se caiga, no se pierda o no destroce nada ni a nadie. Son estampas que enternecen y provocan sonrisas de felicidad._Pero tienen truco. Ese caramelo o ese abrazo no se dan a cambio de nada.

Una revisión de estudios ha revelado que a los cinco años los niños ya planean su comportamiento para agradar a las personas que admiran. Por ejemplo, son más generosos si se saben observados por alguien con quien más tarde volverán a interaccionar que con desconocidos. A pesar de que los más pequeños no usan las redes sociales, se interesan por la imagen que la gente de su entorno tiene de ellos.

Revisión de estudios previos

En sus primeros años de colegio y alrededor de los cinco años, los niños comienzan a entender que sus acciones pueden repercutir en la opinión de sus familiares, profesores y compañeros, y reflexionan de manera crítica sobre su reputación. Como los adultos, los más pequeños quieren ser aceptados por aquellos a quienes admiran. En sus primeros años de colegio, comienzan a cambiar su comportamiento dependiendo de con quién se relacionen y en qué contexto

Así lo asegura una revisión de estudios previos liderada los investigadores estadounidenses Ike Silver y Alex Shawn. «Los psicólogos siempre han prestado interés a cómo los adultos construyen su propia identidad y mediante qué estrategias la presentan al resto de la sociedad», explica Shaw. «Ahora hemos descubierto que esta forma compleja y estratégica que los adultos tenemos de darnos a conocer, con una imagen que mostramos a la gente que nos rodea, aparece mucho antes de lo que se creía», asegura.

Según la investigación, publicada en la revista ‘Trends in Cognitive Science’, es alrededor de los cinco años cuando los niños comienzan a cambiar su comportamiento dependiendo de con quién se relacionen y en qué contexto, para así construir una buena reputación. Además, actúan estratégicamente con el objetivo de modificar la imagen que proyectan al exterior.

Ciertas experiencias interactivas, como compartir juguetes, trabajar en equipo o escuchar al profesor, podrían ser algunos de los momentos en los que los niños aprenden qué es o no deseable para su reputación y las diferentes estrategias para construirla. Por ejemplo, uno de los experimentos analizados mostraba que son más generosos en situaciones en las que son conscientes de que alguien les observa. Además, el esfuerzo a la hora de compartir es mayor con las personas con las que podrán tener trato en el futuro, y disminuye al interactuar con sujetos a los que creen que no volverán a ver.

En otro de los experimentos, los investigadores seleccionaron aleatoriamente a un grupo de niños de una clase y les transmitieron que ellos, a ojos de sus compañeros, tenían buena reputación. Desde entonces, ante la posibilidad de hacer trampa en alguna actividad, los escogidos respetaban más las normas que el resto. Esto indica que los más pequeños gestionan hábilmente su prestigio y son conscientes de las implicaciones sociales de su comportamiento.

Además, realizan una selección previa y buscan que las personas a las que consideran más importantes en su entorno tengan opiniones positivas sobre ellos. En resumen, que a los 5 años los niños ya son más listos que el hambre.

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