As Neves, viaje al centro del infierno gallego

Un aserradero del término pontevedrés de As Neves, totalmente calcinado. / CABALAR / EFE

Sin medios y sin ayuda, las llamas devastaron este municipio pontevedrés en la frontera de Portugal en un 90%

M. SÁIZ PARDO AS NEVES (PONTEVEDRA).

Dice el alcalde de As Neves, Xosé Rodríguez, que las llamas devastaron el 90% del término municipal. Igual se queda corto. Lo difícil en As Neves es encontrar un solo palmo que no sea ceniza. Hasta el último huerto, el último jardín, la última maceta está calcinada. Hasta donde abarca la vista solo hay hollín. Eucaliptos quemados, centenares de parras ennegrecidas, una veintena de casas devoradas por las llamas, el cementerio quemado. El recorrido por este municipio de 4.200 habitantes en la comarca pontevedresa del Condado, a solo 40 kilómetros de Vigo, es un viaje al centro del infierno en el que 48 horas después de que el fuego acabara con el municipio los rescoldos siguen humeando en el valle que mira hacia la cercana Portugal.

Dicen que de allí, del país vecino, llegó el fuego. Unas llamas que fueron capaces de saltar el río Miño y que «en menos de diez minutos» recorrieron los tres kilómetros que hay desde la frontera a As Neves. «Fue lo que tardé en comprarme un bocadillo. De pronto no había nada, al segundo siguiente era un verdadero infierno». El que habla es Javier Rodríguez. Sus vídeos y su valentía mezclada con una pizca de inconsciencia, han arrasado en las redes. Es el dueño de la gasolinera de Petronor a la entrada del pueblo. Desde las 14.30 y hasta las 15.00 horas del domingo luchó, junto a su padre y una manguera, para evitar que las llamas se llevaran su negocio. Y lo consiguió. La ceniza llega a solo centímetros de las bombonas de gas y los surtidores. «Nunca he visto nada igual. El viento era fortísimo y en segundos todo el pueblo estaba rodeado por las llamas. Acorralados literalmente», recuerda este joven empresario, que desoyó las peticiones personales del alcalde para que desalojara su gasolinera.

Nadie en As Neves olvidará nunca esa tarde de «viento y fuego». Las llamas provocaron que en minutos cerca de 600 vecinos tuvieran que abandonar sus casas. Otros, como Julio Rodríguez Pereira, no lo hicieron. Su casa, en la calle Marquesa del Pazo, muestra las heridas de aquel domingo con las persianas literalmente derretidas y el jardín arrasado. Él y su familia también lucharon solos. Y está «muy muy cabreado». «A las dos y media llegó una motobomba cuando el fuego ya nos rodeaba. Echaron un poco de agua y cuando la cosa se puso mal nos dejaron tirados. Así, sin más. A cinco personas, una de ellas discapacitada y ciega. Yo me dejé la vida con la manguera hasta que el fuego acabó con las cañerías». Luego solo pudo rezar con «un trapo en la boca porque esto ya era irrespirable». Solo la suerte hizo que no muriera calcinado con el resto de su familia dentro de la casa. «Igual los milagros sí que existen», dice con desánimo. «Nos dejaron tirados, tirados como perros».

No hubo milagros para María H., su casa está al lado del aserradero que las llamas devastaron por completo y que ha dejado a 30 personas sin trabajo. Llegar hasta su vivienda es como un paseo por un escenario de una película de guerra. Los coches calcinados se mezclan con hierros retorcidos por el calor. «Se me llevó todo. Animales, la casa...». María apenas puede hablar sin romper a llorar. El techo de su casa se hunde. Solo se repone cuando el enfado les seca los ojos. «¡Joder! Tuvimos que arreglarnos por nosotros mismos desde las dos hasta las siete del domingo. Los militares solo vinieron cuando ya todo había acabado. Cuando ya no había nada que se pudiera quemar más».

La frase de María responde bastante a la realidad. Salvo las casas del centro urbano, es cierto que el fuego no dejó nada sin devastar. En la calle de la Esperanza, una de las dos arterias centrales, las llamas llegaron a tiznar los toldos del Mesón El Frenazo. «Se rozó la tragedia», dice un parroquiano.

En algunas de esas casas chamuscadas las fachadas lucen banderas españolas como protesta al órdago secesionista catalán. Pero aquella crisis viendo este paraje del averno parece muy lejana. «Mires donde mires. Chaval, no vas a encontrar otra cosa que cenizas», interrumpe un paisano mientras el visitante contempla desde el mirador de la plaza del ayuntamiento. «Esto no solo ha sido provocado. Ha sido un complot. El fuego no vino solo desde Portugal. Nos vino al mismo tiempo desde los cuatro puntos cardinales», afirma. Un simple vistazo parece confirmar la tesis del paisano. El fuego llegó por todos lados para convertir a As Nieves en el centro del infierno gallego.

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