Naufragio a la vista

La subida del nivel del mar causada por el calentamiento global originará cuantiosos daños en las grandes ciudades costeras del mundo. «Hay que prepararse para lo peor»

Naufragio a la vista
JAVIER GUILLENEA

Lo verán nuestros hijos con sus propios ojos. No los nietos o sucedáneos, sino todos esos seres que ahora pueblan universidades, escuelas o guarderías. Lo que van a ver ya está escrito en las nubes y es inevitable como una profecía lanzada en uno de esos días malos tan comunes en los profetas. De aquí a poco más de treinta años el mar y los elementos comenzarán a adueñarse de las mayores ciudades costeras del mundo. No hay marcha atrás.

Contra lo ineludible solo queda protegerse, que es lo que vienen diciendo desde hace años los expertos en el cambio climático. Uno de ellos es Luis María Abadie, autor de un estudio en el que ha analizado los riesgos a los que se enfrentarán las 120 mayores ciudades del mundo a medida que suba la marea a lo largo de este siglo. Las conclusiones a las que ha llegado este investigador del Basque Centre for Climate Change (BC3) no son demasiado optimistas. «Lo que decimos en el estudio es que hay que prepararse para lo peor», avisa.

El comienzo de lo peor ya lo estamos viendo. Los grandes temporales que nos han visitado este invierno y los anteriores no son sino una antesala de lo que está por venir. «Los eventos extremos se van a incrementar y a ellos hay que añadirle una subida del nivel del mar», afirma Abadie. La conjunción de ambos factores hará que sean necesarios grandes desembolsos económicos para proteger a las ciudades costeras de la furia de los elementos si no quieren correr el riesgo de desaparecer parcialmente.

No hay mucho tiempo. Los que hoy son niños o adolescentes serán testigos sufrientes de un proceso que «comenzará poco a poco y después crecerá de forma acelerada». Según los cálculos del equipo que ha liderado Luis María Abadie, para 2050 las más afectadas por la subida del nivel del mar y los eventos extremos serán Cantón, Nueva Orleans, Bombay, Bangkok y Calcuta. Con 16 ciudades directamente amenazadas -Boston, Nueva York, Miami y Houston, entre ellas-, Estados Unidos representa cerca del 32% del daño total esperado. Tras este país se halla China, con trece urbes en peligro, entre las que se encuentran Tianjin, Shenzen, Zhanjiang y Xiamen. El trabajo también analiza la situación de varias capitales europeas como Estambul, Glasgow, Lisboa, Londres y Hamburgo. En estos casos las conclusiones son esperanzadoras aunque solo sea en comparación con el resto. «En Europa los riesgos y los daños esperados son sensiblemente inferiores», señala Abadie.

El análisis de este investigador parte de la base de que «el peligro aumenta rápidamente con el tiempo y en algunas ciudades podrá alcanzar niveles inaceptables en algunas décadas». Lo que está en cuestión no es si ocurrirá o no, sino qué se puede hacer para minimizar los destrozos. Por eso, el estudio se centra en ofrecer un nuevo método para calcular el daño y el riesgo en función del aumento del nivel del mar en cada ciudad.

Sangría económica

Quien peor lo tiene desde el punto de vista económico es Cantón, la tercera urbe más grande de China, en cuyo área metropolitana viven casi 15 millones de personas. En esta ciudad situada en el delta del río de las Perlas el nivel del agua habrá subido para cuando termine el siglo «medio metro si las cosas van bien y metro y medio si van mal». Si no se hace nada para evitarlo, en el mejor de los casos Cantón habrá sufrido para 2050 pérdidas por valor de 388.000 millones de dólares y en el peor la factura ascenderá a casi un billón. Las cifras son enormes y dependen de cada ciudad y de lo que hagan sus autoridades para protegerlas. Si no se hace nada, las consecuencias pueden ser desastrosas. En Nueva Orleans, donde se esperan durante este siglo subidas del nivel del agua de entre 1,2 y dos metros, las pérdidas en 2050 oscilarán entre los 563.000 y los 863.000 millones, según las previsiones más o menos benignas. En el mejor de los escenarios, Bangkok sufrirá para mediados de siglo daños por valor de 339.000 millones, Calcuta 214.000 y Bombay 143.000. En el año 2100 estas cantidades se habrán disparado y, en el caso de Cantón, se acercarán a los 2,8 billones de dólares.

El aumento del nivel del agua, unido a una mayor frecuencia de eventos meteorológicos extremos, provocarán el abandono de muchas viviendas e infraestructuras próximas al litoral, así como grandes desplazamientos de personas hacia el interior. Las ciudades costeras tendrán que adaptarse para minimizar los daños y eso costará elevadas cantidades de dinero. «Es inevitable», advierte Luis María Abadie.

Pero una cosa es la teoría y otra la práctica. El autor del estudio es consciente de las dificultades con las que se encontraría un dirigente político a la hora de anunciar multimillonarias inversiones para hacer frente a un futuro peligro. «Yo no soy optimista con la clase política. Puede que no sea así, pero creo que empezarán a invertir cuando los altos niveles de riesgo en algunas ciudades alcancen valores inaceptables para los responsables políticos y las partes interesadas: cuando haya daños», reconoce. Sin embargo, insiste en la importancia de hacerlo «ahora y no después» para evitar «pérdidas económicas tremendas».

Lo que puede suceder en las ciudades amenazadas no es nada desconocido porque ya ha tenido lugar. En 2005 el huracán Katrine mató a casi 1.800 personas en Nueva Orleans y causó daños estimados en 142.000 millones de dólares. Hace seis años, 43 personas fallecieron en Nueva York a causa del huracán Sandy, que inundó amplias zonas de la ciudad y dejó a miles de neoyorquinos sin hogar. Las pérdidas ascendieron a 50.000 millones.

«Hay que tomar todas las medidas que se pueda para proteger a las ciudades», sostiene Abadie. Algunas, como «restringir los permisos de edificación en la costa o en las zonas por debajo del nivel del mar», no tienen coste, pero otras son más caras. Entre otras, el investigador plantea como medidas de adaptación al cambio climático la construcción de infraestructuras de protección contra la subida del nivel del agua, como muros, terraplenes, barreras, puertas, alcantarillas y diques más grandes. «Hay cosas que tenemos que asumir. Debemos prepararnos».

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