El mayoral sabe que a los Miura nunca se les conoce del todo

No era excesivo el calor pero el agua tranquiliza a la manada.
No era excesivo el calor pero el agua tranquiliza a la manada.

Antonio Domínguez es el mayoral de la ganadería. No el único pues hay ocho pero sí el principal. Por tradición de cuatro generaciones

B.T. PAMPLONA.

Subió con ellos en el camión que atravesó de punta a punta la geografía. Dirigió el desencajonamiento que, cuenta, fue sereno. Todo lo sereno que puede ser abrir los cajones de seis Miura, seis, que acaban de recorrer sobre ruedas 913 kilómetros y de pronto pisan, patean, una tierra y huelen unos olores, una noche que no conocen.

Subió con ellos y con ellos ha pasado todas las horas que nos llevan desde las 00.00 del 7 de julio hasta que el último de los seis sea lidiado y muerto a estoque esta tarde en Pamplona. Comen los mayorales de las ganaderías de la Feria del Toro en los módulos habilitados para tal fin en los Corrales del Gas. Duermen y cuando salen a la calle, a la cuesta, a la plaza, llevan el móvil prendido no fuera a ser que 'Aguilero' y 'Déjalo' pasen a algo que ya no se pueda considerar 'juegos del toro' sino pelea de gallos por un trozo de sombra, un algo de pienso, una hegemonía aceptada hasta hace un minuto pero de pronto puesta en entredicho. ¿Entre los seis? Quizás entre los cico. Porque 'Nevadito', espléndido cinqueño que rondará los 660 kilos parece haber sido aceptado por los de cuatro hierbas, todos de la misma camada, como el líder. Podría haber sido muy distinto. Podrían haber recordado los cuatreños cómo se había enseñoreado de los campos, las encinas, las palmas y el ecosistema de Zahariche todo el negro entrepelado y habérselo hecho pagar en estos corrales cercanos al río Arga.

Conoce Antonio Domínguez los Miura por devoción y oficio. Habla de capas, cuernos, esqueletos y costumbres pero nada sabía aún el miércoles de cuál podría ser su comportamiento en el encierro de hoy. Menos aún esta tarde en la plaza: 'Cada uno es un mundo. Un animal salvaje. Un melón de esos que hasta abrirlo no puedes saber si sí, si no, si cómo'.

Cada uno, un rey. Un héroe. Un hijo de sementales maravillosos y de vacas bravísimas. Tan bravas que nadie se acerca a su becerro. Al becerro que un día fueron, también, el 'Rabicano' que le dio la gloria a Belmonte, el 'Islero' que se tomó la vida de 'Manolete', aquel 'Murilelago' que indultase 'Lagartijo en ¡1879!

Sabe Antonio del estrés que les acucia en los Corrales pues añoran el campo de Lora del Río. Sabe que no comieron ni bebieron hasta el día 9, hasta que se sintieron más tranquilos rozando sus cuernos contra los muros de los corrales. Sabe que gustan de la siesta, que el sopor les vence hacia la hora novena tras la salida del sol, la llamada 'Hora de la Misericordia'. Y sabe que ese sueño corto es para ellos, como para los humanos que han transitado los sanfermines, 'el más rico'. El de la noche es largo pero en la noche los toros también ven fantasmas, sombras que les agitan y les revuelven.

Los conoce Antonio por nombre, capa, cuernos y actitud. Sabe cuándo el brillo de un reloj les distrae o irrita. Cuándo ese patear la paja con la pezuña indica que al cinqueño le molesta una incipiente algarabia humana. Sabe también que para morir muerte triunfante nacieron y vinieron deZahariche a Iruña. Lo acepta. Porque Antonio siempre ha querido para todo ser viviente (su propio padre, Fandiño, sus toros) 'muerte buena, muerte viva y heroica'.

Sabe todo eso Antonio. Tanto como que nada sabía el miércoles ni ayer de esos seis Miura, seis.

Fotos

Vídeos