Mata a sus padres por no dejarle ir a por Marihuana

Varios policías permanecen a la entrada del piso. / EFE

Un hombre asesina a sus progenitores a disparos de escopeta en Paterna porque le impedían salir de noche a por droga

T. BLASCO / J. A. MARRAHÍ / J. MARTÍNEZPATERNA.

Arantxa charla con un amigo. El reloj marca las 2.35 horas. Dos estampidos secos truncan la paz nocturna en pasatje Marroca, un bloque humilde de viviendas del barrio de Campamento, en Paterna. Ambos corren a la calle pensando que se trata de un choque contra una farola. Pero un nuevo sonido les detiene. Los gritos de una madre: «David, no, David, no». Siguen otros cuatro estallidos casi consecutivos y un silencio sepulcral.

Así fue como se gestó la muerte de Daniel J. L., de 73 años, y su esposa Carmen B. P., de 72. Abatidos a disparos por el menor de sus cuatro hijos, David J. B., un hombre de 35 años con una discapacidad y adicción a las drogas que presuntamente usó la escopeta de caza de su progenitor para perpetrar el crimen.

La tensión se adueñó de la calle Santa Anna, donde se encuentra el pasaje. «Son tiros en la casa de David», pronunció antes de telefonear al 112. En pocos minutos, la zona se llenó de policías. Dos patrullas de la Policía Nacional y otras dos de la Local. Los agentes gritaron: «¡Policía, abre la puerta, abre la puerta!». Desde dentro David contestó: «No puedo abrir, no tengo las llaves». Según los vecinos, los padres habían optado por encerrar a su hijo por las noches para que no saliera a comprar droga.

Los policías insistieron. «Pide las llaves a tu padre y abre la puerta». Pero no había manera. Ante la posibilidad de que los padres estuvieran en peligro, seis agentes optaron por entrar al asalto por una terraza desde la casa de una vecina. Y allí se toparon con la dolorosa escena. David les recibió con ropa interior mientras fumaba y fue reducido sin oponer resistencia. «He matado a mis padres por no dejarme ir a por marihuana».

La triste veracidad de su afirmación tardó segundos en confirmarse. La madre, Carmen, yacía sin vida sobre un charco de sangre en el suelo del pasillo. Su esposo Daniel estaba en parecida situación, en la habitación de matrimonio.

Un policía preguntaba una y otra vez al presunto asesino «¿dónde está la escopeta, dónde la has escondido?». Poco después salía esposado por policías nacionales y era conducido a dependencias policiales. Con una sábana de los servicios sanitarios de la ambulancia desplazada, tapaban la puerta destrozada de la entrada de la vivienda para proteger y hacer invisible el escenario del doble crimen. Dos canes, una perra de caza que atiende por Estrella y un perro de raza pequeña de nombre Chulo, se hallaban en la vivienda en el momento de cometerse el doble parricidio. Empleados de la protectora Moderpran se hacían cargo de los animales.

Pasadas las cuatro de la madrugada, se procedía al levantamiento de los cadáveres. Primero los empleados del retén fúnebre, sacaban el cuerpo del hombre y a continuación tras depositarlo en la furgoneta, el de su esposa. Juntos realizaban el viaje para su traslado hasta el Instituto de Medicina Legal, donde los forenses procederán a realizar las correspondientes autopsias que determinarán las causas exactas de sus fallecimientos.

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