La maravillosa vida de las ratas

Sociales e inteligentes, viven en familia y se comunican entre ellas

La maravillosa vida de las ratas
ELISA LÓPEZ

Para unos pocos son animales encantadores, divertidos, cariñosos y muy inteligentes, que merecen una oportunidad. Sin embargo, una gran mayoría les teme, siente auténtica fobia, terror y repulsión. Las ratas no dejan indiferente a nadie. Y es cierto que hoy en día es más que probable tropezarse con un roedor en cualquier gran ciudad del mundo.

La sola mención de la palabra ‘rata’ provoca connotaciones negativas. Pero, ¿realmente se merecen semejante mala fama? ¿Cómo viven? ¿Cómo se organizan? ¿Son tan sucios como dicen? Hay que empezar diciendo que existen unas 600 especies diferentes de ratas, pero las que se han adaptado a vivir con los humanos en una sociedad que desperdicia ingentes cantidades de alimentos son dos, la rata parda o rata de alcantarilla y la rata negra.

Se han adaptado perfectamente a vivir en las ciudades ya que les proporciona alimentos, calor y protección. Se instalan cómodamente en huecos de las paredes y espacios similares, y construyen sus nidos en agujeros debajo de la tierra o en las alcantarillas. Desde esos lugares entran en las casas en busca de alimento para volver al nido donde dan de comer a las crías y, si encuentran un lugar apropiado es posible que hagan el nido dentro o cerca de las casas. La flexibilidad de su esqueleto les permite entrar en sus casas por agujeros y rendijas muy estrechas.

Sobre todo son animales sociales y están organizados en castas: hay machos y hembras dominantes, subordinados e incluso individuos marginados. Las ratas obtienen su posición en el grupo con peleas.

Inteligentes y hábiles

Si algo caracteriza a estos animales es que son inteligentes, muy hábiles, y buenos trepadores: logran subir por las paredes más lisas y nadan muy bien. Además tienen un comportamiento social muy sofisticado: se comunican e intercambian conocimientos con ultrasonidos y mediante el olfato y tacto, se comunican entre los distintos grupos pasándose información sobre alimentos y venenos. También juegan, se acicalan, y duermen juntos, manteniendo el calor entre ellos. Los jóvenes aprenden de los adultos en un proceso de formación.

Los roedores tratan a los intrusos con violencia; cuando una rata foránea se introduce en su territorio empieza la brutal carnicería. Sus sentidos están muy desarrollados, sobre todo el oído, el olfato y el gusto... la vista no es un sentido vital para estos animales, ratas ciegas pueden continuar su vida casi con normalidad. Y como estrategia de supervivencia, son extremadamente cautelosos.

Residuos y basuras

¿Qué y cúanto comen estos animales? Las ratas negras y de alcantarilla comen del 10 al 15% de su peso y se alimentan de una enorme variedad de alimentos que encuentran en residuos y basuras que genera la sociedad. Son muy cuidadosas con los alimentos nuevos, que al principio analizan con detenimiento: los huelen, los chupan y si pasan un minucioso examen, empiezan a consumirlos en pequeñas cantidades hasta que están seguras de su inocuidad. Pueden tardar 17 horas en comprobar la bondad de un nuevo alimento, por muy apetitoso que les parezca, y si sienten alguna molestia dejan de consumirlo. Ante un alimento sospechoso, el clan envía a un individuo de baja jerarquía, tal vez un anciano o débil o un marginado, con el propósito de que lo pruebe.

Otra de las curiosidades de estos roedores es que si tienen alimento suficiente se reproducen rápidamente. El coito dura solo de dos a tres segundos y la gestación un mes. La hembra, que es muy activa sexualmente, pare de cinco a veintidós crías. Una pareja puede procrear en solo un año 30.000 descendientes, por esto y otras razones es imposible acabar con ellas.

El comportamiento de las ratas puede llegar a resultar asombroso. Por ejemplo, si una rata muere tras comer un alimento, las demás no volverán a comer de ese cebo. Una vez muerta la olfatean para averiguar qué ha comido y con el tiempo pueden acabar relacionando la muerte con la comida. Reconocen el alimento ingerido por su compañera muerta y dejan de comerlo. De ahí el problema con los venenos que pronto se hacen ineficaces y hay que estar renovándolos continuamente.

En cualquier caso, resulta prácticamente imposible erradicarlas. Lo único que se puede hacer es controlar la población. Las ratas dejan mugre, desperdicios y grasa en su camino y pueden transmitir directamente un sinfín de enfermedades infecciosas, debido al contacto directo con los animales, a través de mordeduras o de sus pelos y heces. También indirectamente a través de vectores como pulgas piojos y ácaros

Un poco de historia

Las ratas aparecieron hace cinco millones de años en las planicies de Asia, en lo que lo que hoy es el norte de China y Mongolia. Ahí las silvestres vivían y viven en madrigueras alimentándose de todo tipo de productos como raíces, frutos, grano, insectos y todo tipo de invertebrados... Desde los primeros asentamientos humanos, en el Neolítico, hace ya 10.000 años comenzaron a convivir con el hombre y a sacar provecho de su forma de vida, alimentándose de sus desechos y refugiándose en sus hogares.

Estos roedores viajaron a Europa en barcos y caravanas. Se han encontrado huesos en Córcega del siglo II antes de Cristo.

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