Ellas llevan los pantalones

El Congreso insta al Gobierno a retirar la falda del uniforme escolar. Es anticuada, discriminatoria, limita el juego de las chicas y favorece los recreos segregados. Dos niñas canarias de 8 años fueron las primeras objetoras a esta prenda

El uniforme escolar se introdujo en la Inglaterra del siglo XVI en las escuelas de caridad, como un modo de ataviar de forma barata a los niños pobres. Hoy en día está más ligado a los centros de enseñanza privados o religiosos. /R.C.
El uniforme escolar se introdujo en la Inglaterra del siglo XVI en las escuelas de caridad, como un modo de ataviar de forma barata a los niños pobres. Hoy en día está más ligado a los centros de enseñanza privados o religiosos. / R.C.
INÉS GALLASTEGUI

Se imagina un colegio en el que los alumnos negros fuesen obligados a vestir un traje a rayas y los blancos, uno liso? ¿O en el que solo los judíos tuviesen que llevar bordada una estrella en el jersey? ¿Y qué tal ropa fosforita para distinguir bien a los discapacitados? Impensable en pleno siglo XXI: la Constitución prohíbe la discriminación por razón de sexo, raza, religión... Pues es lo que ocurre a diario en miles de colegios españoles donde el uniforme escolar es obligatorio: los niños deben vestir pantalón y las niñas, falda. Los centros educativos se amparan en la tradición, en el consenso de los padres e, incluso, en que las propias chicas prefieren esa prenda femenina porque se ven más monas. «A las niñas en el colegio se les dice que son iguales, pero ellas ven que no lo son», critica Inés Herreros, fiscal de violencia de género, presidenta de la asociación feminista Gafas Lilas y madre de la primera 'objetora de conciencia' española a la falda escolar: su hija Sina, de 10 años, que lleva los pantalones desde hace dos.

La comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados aprobó el viernes una proposición no de ley de Unidos Podemos y sus socios, con el respaldo del PSOE, que insta al Gobierno a reformar la Ley de Igualdad para acabar con este anacronismo que, a su juicio, vulnera la igualdad entre hombres y mujeres y «fomenta el estereotipo de la feminidad tradicional».

Ciudadanos se abstuvo y el Partido Popular votó contra la iniciativa por «innecesaria» -la no discriminación ya está recogida en la norma- y alegó que la decisión de establecer uniformes diferenciados recae en los centros escolares. El mismo argumento que utilizan la patronal mayoritaria y las asociaciones de padres de la enseñanza concertada.

Para José María Alvera, secretario general de Escuelas Católicas, que representa a 2.100 colegios de todo el país, se trata de un asunto menor -«No creo que merezca tantísima atención»- y responde, en su opinión, a la «obsesión por legislar sobre todos los detalles de la vida de los ciudadanos», como ocurrió hace unos meses con los deberes y los horarios de los centros escolares.

Pedro José Caballero, presidente de la Concapa, entiende que decidir si el alumnado debe llevar o no uniforme y cómo es este -unisex o diferenciado- es una elección que compete «a los centros y los consejos escolares». Y estos, aseguró, deciden prácticamente siempre de acuerdo a la opinión mayoritaria de los padres. ¿Es posible sustraerse al dictamen de la mayoría? El representante de las familias católicas cree que no: «Cuando un alumno accede a un colegio, sus padres firman y aceptan las normas de convivencia».

Caballero no comprende los argumentos de la campaña contra la falda escolar: «Se utiliza en todos los sitios y desde hace muchos años. Nunca ha sido una prenda discriminatoria». Coincide con Alvira en que a las niñas no se les priva de realizar ejercicio o jugar a deportes de equipo porque en las clases de educación física todos los alumnos llevan chándal.

Leticia Cardenal, presidenta de la Ceapa, que representa a las asociaciones de padres y madres de 12.000 centros públicos, ni siquiera entra a valorar la cuestión. «Estamos en contra del uniforme en general, porque la educación debe ser gratuita y porque coarta la libertad de los menores a construir su propia imagen. No puedes estar diciéndoles desde pequeños qué se tienen que poner», zanja.

Enfermera sexi

Las veinte organizaciones feministas que, lideradas por Gafas Lilas, abrieron el debate hace un año no lo ven así. «La Ley de Igualdad establece el principio de no discriminación, pero es una de las pocas normas jurídicas que no tiene fuerza ejecutiva, porque no prevé sanciones para quienes la incumplen», recuerda Carla Vallejo, portavoz de la Asociación de Mujeres Juezas de España. Sin olvidar la Ley Orgánica de Educación, en cuyo articulado se menciona 67 veces la palabra 'igualdad'; una de ellas, para instar a los centros de enseñanza a superar los estereotipos de género. O la sentencia del Tribunal Supremo que en 2011 obligó a una clínica de Cádiz a rectificar el código de vestimenta de sus trabajadores de enfermería: pijama sanitario para ellos; falda, delantal y cofia para ellas. O sea, ropa de trabajo calcada al topicazo de la 'enfermera sexi'. «La igualdad no es negociable; no la pueden negociar ni la inspección educativa, ni los directores de colegios, ni los consejos escolares ni las AMPAs», apostilla Herreros.

Pero las verdaderas heroínas de esta lucha son Sina y Carmen, dos niñas canarias que un día de 2015 se plantaron y decidieron no volver a ponerse la falda del uniforme. Las pequeñas, entonces de 8 años, conocieron por un programa de radio la sentencia sobre el uniforme de las enfermeras. «El lunes no voy a llevar falda al colegio», anunció un viernes Sina a su madre. Esta intentó convencerle de que sería mejor hablar antes con la dirección del centro para explicarle su decisión, pero la niña no aceptó. «¿Recuerdas que me contaste que antiguamente las mujeres necesitaban el permiso de sus maridos para salir a la calle? Pues esto es lo mismo: no voy a pedir permiso para hacer algo que es un derecho», le espetó.

El lunes, vestidas con pantalones antiguos de un hermano mayor y dándose fuerzas mutuamente, Sina y Carmen entraron al colegio. No pasó nada. Y así siguen. Los profesores las han apoyado, algunas compañeras han seguido su ejemplo, pero el colegio no ha cambiado las normas. De vez en cuando, aún tienen que justificar su decisión, responder a preguntas y escuchar que van vestidas «de chico».

«Eso ellas no lo entienden», admite la madre. ¿Alguien cree aún que los pantalones son una prenda masculina? La realidad de la calle habla por sí sola. «Quienes aseguran que las niñas prefieren ir al colegio en falda, ¿en qué se basan? -pregunta la jurista-. Nosotras hemos ido a la puerta de colegios e institutos donde van con ropa de calle y hemos visto que la inmensa mayoría de las chicas lleva pantalones, 'leggins' o chándal». Lo mismo que en el parque o en sus salidas con amigos.

La razón es sencilla: la falda limita el movimiento de las piernas, se enreda e impide correr o jugar con libertad. A la mínima se ven las bragas. Por no mencionar el frío en invierno. «El uniforme diferenciado determina la manera en que se organiza el recreo: los chicos dominando el centro del patio, jugando o saltando, y las niñas, sentadas, en la periferia». Una metáfora, a su juicio, del papel que cada sexo desarrolla en el espacio público.

Y además está la 'gracia' de que los niños levanten la falda de las niñas para ver su ropa interior. «Ellas no encuentran apoyo cuando lo denuncian en el colegio o en casa; la mayoría de los adultos suele considerarlo un juego de niños. Pero, ¿se imagina que a un niño le bajaran los pantalones y le dejaran en calzoncillos en medio del recreo? Eso sí se consideraría una humillación...».

Para las promotoras de esta campaña, los colegios deberían adoptar el uniforme neutro, no dejar el asunto a la libre elección de las alumnas; para unas niñas pequeñas, es muy difícil sustraerse a la presión del grupo, asumir críticas o escuchar que son feas o 'chicazos', solo por poner su felicidad por encima de cánones estéticos anticuados.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos