«No llegué a tiempo de ver morir a mi padre en Londres porque me echaron del avión»

«No llegué a tiempo de ver morir a mi padre en Londres porque me echaron del avión»

Amy Flynn, profesora de inglés, tuvo que abandonar un aparato de Ryanair en Santander porque se equivocó al imprimir su tarjeta de embarque y luego no tenía dinero en metálico para subsanar su error

SOLANGE VÁZQUEZ

La muerte de un padre no necesita ningún añadido. Pero sí hay cosas que, dentro de la desgracia, ayudan a sobrellevar este duro trance. Como despedirse y estar con él en los últimos momentos. Esto es algo que la británica Amy Flynn, de 36 años, que da clases de inglés en Bilbao y reside en Cantabria, no pudo hacer. Y todo por un error burocrático que le echó de un avión de Ryanair y le impidió llegar a Londres a tiempo de ver con vida a su progenitor, que llevaba meses en el hospital. «Me quedé desconsolada. Cuando lo pienso...», se lamenta.

Amy sabía que a su padre, aquejado de una grave enfermedad, no le quedaba mucho tiempo. Por eso, intentaba ‘arañar’ todos los días posibles para estar con él. Cogió un billete para volar con la compañía Ryanair desde Santander a Londres el 7 de julio, viernes. Llegó con tiempo al aeropuerto y se preparó para la larga secuencia de controles.

«Antes de ir al aeropuerto había hecho el ‘check in’ a través de Internet y había descargado la tarjeta de embarque. Las personas que la revisaron le dieron el visto bueno», recuerda Amy. Tras dos horas, entró en el avión. Ya estaba más cerca de casa y su padre. O eso creía. «Entonces se percatan de que mi tarjeta no es la buena. Por error, yo había imprimido la del viaje de vuelta. Nadie me había dicho nada y había pasado varios controles», repite.

Es el preludio del desastre. «La azafata me indicó que le contase el problema al personal de tierra. Intenté frenéticamente descargar la tarjeta de embarque correcta, pero, como estábamos en la pista, la cobertura era mala y tenía un avión lleno de gente esperando. Me angustié mientras explicaba la situación de mi padre. Una empleada me dio entonces la opción de pagar 50 euros para poder volar», señala.

Sin dinero en efectivo

Amy rebusca en el bolso y se da cuenta, con horror, de que sólo lleva 22 euros en efectivo. «Me dijeron que no aceptaban tarjetas de crédito y que me bajase del avión».

Así que Amy tuvo que hacerlo. Su siguiente escala en la cadena de desdichas fue en el ‘stand’ de tierra de la compañía aérea. «Se mostraron muy fríos; eran reacios a darme la hoja de reclamaciones», recuerda. Estaba hecha un mar de lágrimas, nerviosa. Tanto, que un empleado del parking intentó ayudarla, conmovido por la historia. «Hasta se ofreció a pagarme él los 50 euros, pero ya era tarde», indica la mujer.

Ya más tranquila, planifica un nuevo viaje y comprueba que los billetes cuestan hasta 400 euros. Entonces anuncia a su familia que saldrá en un par de días, sin falta, ya que su padre estaba en estado crítico, pero estable. En ese pequeño paréntesis, su progenitor empeora de repente y fallece el lunes, día 10.

Amy llegó tarde. «No llegué a a tiempo de ver a mi padre, que se moría, porque me echaron del avión. Me han quitado la posibilidad de poder pasar esos dos días con él, despedirme... Siempre me va a quedar esa pena», confiesa. Aunque no es lo mismo, pudo decirle lo mucho que le quería por teléfono.

Preguntado por EL CORREO, Ryanair alega que «la cliente no realizó la facturación para su vuelo y no presentó la tarjeta de embarque correcta, por lo que no se le permitió viajar». Asimismo, transmite a la pasajera su «más sentido pésame».

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