Un largo historial de traficante de poca monta, ladrón de gasoil y finalmente asesino

José Enrique Abuín durante la última Behobia. / CANOFOTOSPORTS

Sus vecinos reconocen que le creían «capaz de cualquier cosa» y le describen comoun «imbécil integral vestido con un traje blanco de pies a cabeza»

«Un imbécil vestido con un traje blanco de la cabeza a los pies y zapatos blancos». Era el estilismo hortera de José Enrique Abuín, ‘el Chicle’, de 41 años, cuando movía cocaína para uno de sus tíos, miembro del clan de los Fanchos en 2007. Era tan llamativo el ‘look’ que los guardias civiles que lo detuvieron (con más de dos kilos de droga en el mismo Fiat que sigue aparcado en su casa) lo describieron de esa forma. Para entonces, Kike, al que también apodaban el Chiquilín en ese mundo de narcos de segunda con aspiraciones, ya había sido arrestado acusado de violar a la hermana de su mujer. Tenía 29 años. A la chica no la creyó casi nadie. Ni su familia ni la del agresor. No fue condenado.

Los padres de José Enrique, mariscadores jubilados, según los vecinos más amables; dedicados al trapicheo, según otros menos complacientes, mendigaron favores en la parroquia de Asados donde viven (a 200 metros de la tumba de Diana Quer) para que intercedieran de una forma u otra por su hijo. Hace menos de una semana, su madre le volvió a dar las gracias a un conocido y una propina por lo bien que se portó entonces. Ese hombre, ayer, arrasado en lágrimas, maldecía el nombre de Abuín y la hora en que lo conoció. «Si preguntas aquí, y no hay una cámara, el 99% te va a decir ‘este es capaz de cualquier cosa’. Yo creía que de asesinar no. Pero ha pasado todos los límites», cuenta casi en un susurro alguien que lo conoce desde niño.

Seis antecedentes

En su ficha policial constan seis antecedentes: por tráfico de drogas, por violación, por lesiones, dos por conducir sin carné y un hurto en agosto. Nadie discute que fuera furtivo (de almeja sobre todo), ladrón de gasóleo de barcos en el puerto y de camiones donde pillara; vividor, traficante e incluso un traidor. «Aquí también le llaman el chivato porque vendió a los otros para salvarse él. Por eso no estuvo nada de tiempo en la cárcel», cuenta su antiguo vecino, rabioso y entristecido al confirmarse que el cuerpo de la joven se descomponía a unos metros de sus casas mientras se la buscaba con ahínco.

En determinadas zonas se perdonan o se entienden algunos delitos con los que se han acostumbrado a convivir, pero para crímenes como el de Diana son implacables. Los murmullos señalan hacia la Justicia. Las preguntas se agolpan: «¿Por qué no estaba en la cárcel si todo el mundo sabe que lo habían condenado?». Dos años y seis meses, esa fue la pena que le impuso la Audiencia de A Coruña hace dos años y que está pendiente de ejecución. «Ahora se darán prisa para meterlo», señalan fuentes jurídicas. Cruzando tiempos, si hubiera estado cumpliendo esa condena no se hubiera atravesado en el camino y la vida de Diana Quer. Difícil de digerir.

«La semana pasada estaba ahí parado en la puerta, riéndose a carcajadas. Maldita sea su estampa. Si me dejan o lo mato o lo capo», amenaza otro vecino incapaz de entender cómo no se había llegado a esa nave en la que se sabe que él trabajó esporádicamente, que está al lado de la casa familiar y pegada a otra vivienda de una pariente del Chicle.

«Es un ladrón de siempre, te quita lo que pille», añade. En su declaración reconoció que salían a robar gasoil con el coche él y su mujer. «Nunca iba con ella a las fiestas». Era un habitual de un conocido after de Santiago, ya cerrado. Y un depredador.

Antecedentes

Agresión sexual
. Fue acusado en 2005 de agredir sexualmente a su cuñada.
Delito de lesiones.
En 2007 fue arrestado por un delito de lesiones y ese mismo año por tráfico de drogas en una macrocausa en La Coruña.
Sin carné.
Ha sido detenido dos veces por conducir sin carné y consta un tercer arresto el pasado mes de agosto

Dicen que no es muy listo, pero que no conoce la piedad. En uno de sus juicios se encaró con un conocido abogado de narcos y le espetó en mitad de la Sala: «Tú fuiste a buscarme a la cárcel para que yo me comiera el marrón». Los acusados, parientes entre sí, se enzarzaron a gritos ante el Tribunal. Ninguno ha entrado en prisión. ‘El Chicle’ los arrastrará a todos.

En la Behobia

La afición que José Enrique Abuín Gey sentía por el ‘running’ le ha traído en diversas ocasiones hasta Gipuzkoa, donde ha disputado varias ediciones de la Behobia-San Sebastián. Ha tomado parte, al menos, en las tres últimas ediciones de dicha prueba guipuzcoana. En la más reciente, la celebrada el pasado mes de noviembre, lució el dorsal 15.078, con su nombre inscrito debajo de dicho número. El ahora arrestado lució una camiseta sin mangas de color verde lima y cubría sus brazos con unos manguitos del mismo tono.

En las tres ocasiones que ha disputado esta prueba, José Enrique Abuín, aunque bien pudo haber viajado con otros compañeros de club o aficionados gallegos, ha entrado siempre en solitario en la meta del Boulevard.

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