El MIR o cómo jugarse diez años de carrera en 5 horas

El MIR o cómo jugarse diez años de carrera en 5 horas

Alumnos de Medicina y Psicología participaron ayer en la UPV en una selección «injusta», que deja fuera de la profesión a casi dos de cada tres estudiantes brillantes

FERMÍN APEZTEGUIA

Eider Rodríguez, una donostiarra de 27 años, llega al examen con su bebé en brazos. Luke tiene sólo tres meses y ya sabe lo que significa el MIR. Su madre es la segunda vez que se presenta a la prueba que garantiza una plaza como Médico Interno Residente en el sistema público de salud y en esta ocasión lo ha ensayado todo perfectamente. Es el final de la carrera. En la academia donde se ha formado durante el último año y medio ha aprendido a controlar los nervios y a responder de la manera más sabia posible al ejercicio de cinco horas que tiene por delante.

Ella, como el resto de los estudiantes, pueden salir del aula para ir al baño, pero sólo en las horas centrales de la prueba, entre la segunda y la cuarta. La joven madre aprovechará ese tiempo para sacarse la leche materna. Esta tarde no puede amamantar a su niño. El pequeño, que se queda al cuidado de su padre, Aitor Sarasola, duerme tranquilo. Está entrenado. «En los últimos días también ha ensayado con el biberón», cuenta la pareja.

Son las dos y media de la tarde del sábado. Un furgón blindado de la empresa de seguridad Prosegur llega a la Facultad de Medicina y Enfermería de la UPV-EHU con los exámenes que contienen el pase a la formación como residente. A la puerta, bajo una lluvia incesante, un guarda jurado se toma muy en serio su cometido y va echando con malas caras a los estudiantes y periodistas que se acercan a los accesos. «Por estas puertas no pasa nadie antes de las tres de la tarde», vocea. Es la orden. A Azalea Herboso (Leioa) que ha llegado temprano, no le sorprende. Ha estudiado Psicología y opositará para psicóloga clínica, en unas pruebas que se realizan también para los sanitarios como ella, el PIR. «Me presento por segunda vez y, la verdad, estoy nerviosa, casi ni he comido», se explica sin perder la sonrisa.

Los exámenes llegaron custodiados por una empresa de seguridad.
Los exámenes llegaron custodiados por una empresa de seguridad.

14.450 estudiantes se disputan 6.513 plazas en España, de las que se reservan 317 para Euskadi

«Agotador y sacrificado»

Nadie diría que están nerviosos los cientos de estudiantes que se refugian de la lluvia en los aparcamientos del campus universitario. Charlan, sonríen, se hacen bromas. Saben que ser médico es también saber controlar nervios, temores e impulsos. Aunque se tengan. Todos ellos forman parte del ‘ejército’ de 14.450 jóvenes con el grado de Medicina, que peleaban ayer por 6.513 plazas en España, de las que sólo 317 se quedarán en Euskadi. Los que obtengan los mejores resultados elegirán plaza. Casi dos de cada tres (hay 2,21 candidatos por puesto) tendrán que esperar a la siguiente convocatoria.

Seis años de carrera «de las duras» y un expediente brillante pueden terminar en la papelera si no se supera un test de 225 preguntas en cinco horas. Maitane Mozo (San Sebastián) busca una plaza en cualquier especialidad «que no sea cirugía», lo mismo que su compañera Silvia Barbaji, también donostiarra. Ni una ni otra están cómodas con este sistema de selección «injusto».

Luke y su padre, Aitor, esperan a que Eider, la amatxu, se examine.
Luke y su padre, Aitor, esperan a que Eider, la amatxu, se examine.

Las dos se pasaron el último año de carrera en una academia especializada en la preparación de exámenes MIR y dedicando al estudio una media de tres horas diarias, salvo los domingos, «que son para recuperar fuerzas». El ejercicio físico que se combinó con los estudios en ese tiempo ha caído en los últimos meses, desde junio, cuando el tiempo dedicado a hincar los codos se elevó a entre ocho y diez horas al día. «Esto es agotador y muy sacrificado. Habría que cambiar todo esto, porque no tiene sentido que dediquemos diez años de nuestras vida a una formación que luego, quizá, no sirva para nada. Y, curiosamente, a la enfermería no se la piden... ¡Es indignante!», protestan.

A la queja se suman Cristina de Juana, que tiene muy claro que será anestesista, porque le «permitirá atender a todo tipo de pacientes»; la basauritarra Elena Álvarez, que aspira a ser médico de familia, y la getxotarra Leire Guajardo, «quizá Medicina Interna». A las tres y media comienzan a llamar a los estudiantes para que pasen uno por uno a las aulas y ocupen sus pupitres. La tensión llega a su fin. La suerte está echada.

«El número de plazas MIR ha de ser igual al de los estudiantes»

Sólo los estudiantes con los mejores currículos pueden acceder a la carrera de Medicina. Seis años de estudio y cuatro de residencia suman un tiempo de formación de una década. Diez años que se juegan en un test de 225 preguntas y otras diez de reserva por si el mal enunciado de alguna la lleva a ser recurrida. La mayoría de esos jóvenes altamente cualificados se quedarán fuera. Este año, 7.837 tendrán que esperar a una segunda oportunidad.

Los estudiantes consideran paradójico que ocurra algo así en un país con una población cada vez más envejecida, y por tanto más necesitada de médicos y cuidados de enfermería, y que cubre plazas con especialistas procedentes de diferentes países sudamericanos. Muchos médicos se ven forzados, además a buscar su primer empleo en el extranjero. 437 colegiados vascos se han marchado a Reino Unido, Francia y Alemania, entre otros países, en los últimos seis años.

Por eso, el consejero vasco de Salud defiende que el número de plazas MIR se iguale al de estudiantes que acaban la carrera. «Se está invirtiendo dinero de los españoles en sacar titulados sin posibilidades laborales», ha dicho Jon Darpón. El Consejo Interterritorial de Salud lo está estudiando.

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