«Hay jueces que en los divorcios equiparan al perro con el televisor»

«Hay jueces que en los divorcios equiparan al perro con el televisor»

Abogados, juristas y protectoras de animales aplauden el cambio legislativo que permitirá a las mascotas dejarde ser objetos en el Código Civil

JOSU GARCÍA

«Recuerdo que hace ya unos años, en el marco de una separación contenciosa, un juez mandó traer a la sala de vistas a un pastor alemán; sentó al hombre en un sitio y a la mujer en el extremo opuesto, y ordenó que soltaran al perro a ver hacia cuál de los dos cónyuges se dirigía. Así determinó la preferencia del animal». La anécdota la cuenta Carmen Azcunaga, abogada bilbaína que lleva muchos años trabajando en el ámbito de los divorcios. En este caso, el magistrado trató de hacer lo que era mejor para la mascota, pero no siempre sus señorías tienen esa sensibilidad.

Si aplican la ley al pie de la letra, los animales domésticos son considerados por ahora objetos, cosas inanimadas susceptibles de ser repartidas, monetarizadas e, incluso, embargadas. Esto ha hecho que multitud de convenios de separación y negociaciones entre parejas se hayan visto defraudadas por jueces que no daban respaldo legal a determinadas cláusulas relacionadas con el perro o el gato de la familia.

Pero este problema pronto desaparecerá. Todos los partidos políticos con representación en el Congreso dieron la semana pasada su visto bueno al trámite parlamentario para modificar el Código Civil y las leyes Hipotecaria y de Enjuiciamiento Civil. El objetivo es que las mascotas pasen a tener sensibilidad propia, como sucede en la jurisdicción penal. La aprobación de este cambio supondrá «un espaldarazo» al reconocimiento de los derechos de los animales. Abre la puerta a que los magistrados regulen en sus sentencias la guarda y custodia de los animales de compañía. También resuelve algunas lagunas que hacían que muchos perros o gatos fueran abandonados a su suerte cuando se ejecutaba un desahucio.

En Euskadi, se registraron 3.536 rupturas matrimoniales en 2015. En un buen número de casos, hubo que acordar qué hacer con la mascota

«Es una buena noticia», afirma Nuria González, otra letrada que ha llevado varios casos de divorcio donde las mascotas han jugado un papel muy importante. «Creo que la ley va siempre un paso por detrás de la realidad que vivimos. Hace tiempo que este asunto es clave para muchas familias y así lo defienden cuando llega el momento de regular las condiciones de la separación. Por lo general se trata de buscar el bienestar del animal», afirma.

«El problema -apunta su compañera de profesión Azcunaga- es que algunos jueces no ratifican ese aspecto del convenio. Con lo cual, se queda como un mero acuerdo entre las partes pero sin el respaldo legal y ejecutivo de la sentencia. Y en ocasiones, al haber sido ese pacto fruto de la negociación conjunta, se produce un cierto desequilibrio para alguna de las partes.... En fin, que tras una larga negociación es frustrante que el juez no dé el visto bueno». Es decir, muchas personas pierden en la negociación porque su señoría se aferra a que el Código Civil determina que un perro es, por ahora, un objeto. Por fortuna, esto va a cambiar.

La mitad de las familias tiene alguna mascota en casa. Principalmente se trata de perros, pero también abundan los gatos y peces

La cosa se ha venido saliendo del tiesto cuando la ruptura no es de mutuo acuerdo y el caso llega a la vía contenciosa. Ahí es cuando los magistrados pueden equiparar a la mascota familiar «con un televisor». «Se considera como un bien objeto de reparto», explica González. Ha habido casos, los menos, en los que el perro ha acabado siendo tasado y vendido, repartiéndose los cónyuges el dinero.

Normalmente, los jueces no se mojan. Adjudican el can a quien legalmente figura como dueño. A quien lo ha ido a registrar o a implantar el chip de identificación. Si hay niños de por medio, se le suele entregar a quien tenga la custodia de estos, ya que son «figuras de apego».

El cambio legal forzará a los profesionales de la Judicatura a buscar el bienestar del animal. Se regularán visitas y gastos, «que son muchos», advierte la letrada de Barakaldo (veterinario, piensos, vacunas...). Incluso se podrá recurrir al magistrado para que determine cuál de los dos cónyuges decide sobre una cuestión de calado para el futuro del animal: si se le esteriliza o si se da en adopción, por ejemplo. La custodia compartida será también una realidad.

El caso de ‘Xera’

En la actualidad, ya hay exparejas que comparten el cuidado de su mascota pese a haberse separado. Es el caso de ‘Xera’, una perrita de Sestao, cruce de bodeguero con setter, que pertenece a Joana y su excompañero. «Nuestro acuerdo es de palabra. Nos entendimos para que nuestra pequeña estuviera lo mejor posible», dice. La expareja no tiene hijos. Para los dos, su pequeña es muy importante. «Al principio me la quedé yo y cuando tenía que ir al curro (trabaja a turnos, a más de 80 kilómetros de distancia de su domicilio) la tenía que dejar en un hotel canino, lo que le generaba cierto estrés».

Posteriormente llegaron a un pacto por su bien. «Ahora la perra pasa más tiempo con él, pero siempre que estoy libre la cojo y la paseo. De momento el sistema nos funciona y creo que seguiremos así porque los dos la queremos mucho». Xera, que se ha pasado toda la entrevista jugueteando y correteando con energía, pero sin ladrar ni una sola vez, se ha acostumbrado a esta nueva vida. «Está muy a gusto tanto con mi expareja como conmigo, en mi casa». Se la ve feliz.

Es lo que esperan los colectivos animalistas. Que el cambio legislativo mejore las condiciones de vida de las mascotas, «que muchas veces se utilizan como arma arrojadiza en los divorcios». Para la asociación Bere Ahotsa, el cambio es bienvenido, pero aún restan pasos que dar para «equipararse a países como Austria, Suiza o Alemania», advierten.

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