De los gritos y disparos, al silencio en el pantano de Susqueda

El relato de un testigo los primeros días de la desaparición de los jóvenes Marc y Paula es ahora clave para esclarecer lo sucedido

DV Y AGENCIAS

Una ráfaga, un grito de mujer y un último disparo. Es el relato de un testigo los primeros días de la desaparición en el pantano gerundense de Susqueda de los jóvenes Marc Hernández y Paula Mas, un testimonio que ahora es clave. Fundamental porque la autopsia ya ha confirmado que ella tiene un orificio de bala en la cabeza, y él otros muchos en el tórax pero hasta que realicen más mediciones no está claro si son de bala o de arma blanca.

En cuanto a los autores esta zona es tranquila pero está muy transitada. Hay tres casas abandonadas, ocupadas por pescadores furtivos del siluro, una especie de contrabando que exportan la mafias del este a China y Rumanía principalmente. Además ese fin de semana en una zona boscosa se celebró una rave, una fiesta ilegal con numerosas personas que duró cuatro días.

La hipótesis de los Mossos siempre fue que los cadáveres de Paula Mas, nacida hace 21 años en Cabrils (Barcelona) y Marc Hernández, de 23 años y vecino de Arenys de Munt (Barcelona) estaban hundidos en las aguas del pantano.  La joven pareja salió el 24 de agosto con la intención de hacer una excursión en kayak y pasar la noche acampada en la zona. La última imagen de ambos la captó un cajero automático de La Cellera de Ter, donde sacaron dinero, poco antes de iniciar su ruta. Pero poco después se perdió su pista.

Tres días después, la embarcación apareció medio desinflada flotando en el pantano. Al siguiente, los bomberos encontraron el Opel Zafira azul que los jóvenes habían utilizado, hundido a siete metros de profundidad. En el interior se encontró una piedra sobre el acelerador. «No cayó por accidente sino porque alguien lo empujó», reconoció entonces el consejero de Interior, Joaquim Forn.

Tras más de un mes inspeccionando a fondo la zona del pantano, la Policía autonómica encontró este miércoles los cadáveres de los jóvenes de 21 y 23 años. Ambos estaban desnudos y presentaban signos claros de violencia, según los investigadores, que trabajan con la hipótesis de que se trata de un doble homicidio.

 Los dos cuerpos aparecieron en un punto del pantano de Susqueda de difícil acceso tanto por tierra como por agua. El cuerpo de la chica flotaba en el agua y el del chico apareció pegado en las paredes del pantano. Los agentes creen que se usó más de un tipo de arma para atacar a la pareja y que, al menos, serían dos los criminales que acabaron con sus vidas y que intentaron que los cadáveres desaparecieran bajo el agua, con mochilas llenas de piedras.

Pesca ilegal

 ¿Vieron los jóvenes algo que no debían? Esta es la pregunta que se hacen los investigadores, que tratan ahora de localizar la ropa que vestían las víctimas y las armas con las que se cometieron los crímenes para contar con nuevos datos que permitan dar con los asesinos.

La zona en la que supuestamente se produjo el doble crimen es de bosque cerrado y escenario de fiestas nocturnas que han generado molestias entre los vecinos. La pesca ilegal es habitual también en este área del pantano, donde hay diversas masías ocupadas por pescadores furtivos.

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