Granero de tristezas

Granero de tristezas

Un estudio reciente confirma que acné y depresión van de la mano. Que estemos viviendo en la era del 'selfie', dicen los expertos, no ayuda nada

IRMA CUESTA

Nadie duda de que debe de ser complicado salir de una situación en la que síntomas y consecuencias parecen retroalimentarse; tampoco de que es difícil enfrentarse al espejo cuando uno tiene el rostro lleno de marcas. Aunque hace ya muchos años que los dermatólogos del planeta certifican la existencia de una evidente relación entre acné y depresión, un estudio publicado hace solo unos días por la revista 'British Journal of Dermatology' acaba de terminar con las dudas de los pocos que parecían resistirse a creerlo.

La prestigiosa publicación se hace eco del resultado de un trabajo en el que, durante nada menos que quince años, se ha analizado a 134.427 hombres y mujeres con acné y a 1.731.608 sin él, para llegar a la conclusión de que la probabilidad de desarrollar depresión es del 18,5% entre los pacientes con problemas en la piel, y solo del 12% entre los que no los padecen. Y, aunque ese podría ser el resumen, la autora principal del estudio, la profesora Isabelle Vallerand, epidemióloga de la Universidad de Calgary (Canadá), asegura que también ha quedado demostrado que las personas con más posibilidades de llegar a padecer acné son mayoritariamente mujeres, jóvenes, poco propensas a engordar y beber alcohol, no fumadoras y de un nivel socioeconómico alto.

Lo único bueno de la investigación es que, después de ajustar varios factores, los científicos descubrieron que el mayor riesgo de depresión persistía solo durante los primeros cinco años después del diagnóstico y de manera muy especial en el primero. En ese primer año, afirman los expertos, fue cuando se registraron niveles de riesgo de caer en la desesperación de hasta un 63% más.

La fragilidad del adolescente

La realidad es que hace años que se sabe que el acné -en la mayor parte de los casos, una dolencia leve- puede provocar trastornos mentales graves como depresión, ansiedad o fobia social. No es complicado entender que dañe la autoestima de quien lo sufre, especialmente si es un adolescente, y estudios realizados en España con más de 3.200 escolares lo confirman. La conclusión de esos trabajos es que, entre los chavales de 12 a 18 años, el 73,03% padece o ha padecido acné. Y, de ellos, el 67,39% en su modalidad leve; el 27,51%, de forma moderada; y el 5,10%, grave. Los datos reflejan también que el 40% del colectivo se ha sentido o siente acomplejado, que al 16% le repercutía en sus estudios, y que al 30% le generaba problemas para relacionarse con sus compañeros. El informe destacaba otro asunto preocupante: aunque el 64% de los escolares afectados recibía tratamiento, sólo el 22,78% había acudido al dermatólogo.

La cosa no mejora cuando el enfermo suma unos años más. Otra investigación, esta con el foco puesto sobre españoles de 18 a 24 años, demostró que en esa franja el acné afecta al 19,4%, aunque es más frecuente en los jóvenes de 18 a 20 años, y disminuye a partir de esa edad. El trabajo se hizo con una muestra de 2.000 individuos y los efectos eran demoledores: el 30% había modificado sus actividades habituales por este motivo, el 25% no quedaba con los amigos, el 22% había dejado de hacer deporte y al 17% se le diagnosticó complejo de inferioridad. El caldo perfecto para cocinar una depresión.

Aunque uno debería fijarse en quienes lucen imponentes y reconocen haber superado -no sin dificultades- años con la cara llena de granos, resulta complicado. Gente del tipo de la actriz Salma Hayek, que ha confesado haber sufrido una depresión de tal calibre por culpa del acné, que le impedía salir de casa. «Al despertar cada mañana me tocaba la cara antes de levantarme con el fin de prepararme para mirarme al espejo», ha contado la guapísima mexicana. Y es que el impacto psicológico del acné puede ser enorme incluso cuando el trastorno es mínimo.

Cara a la galería

Eso es, al menos, es lo que explica Leandro Martínez, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología y jefe de servicio del hospital Carlos Haya de Málaga. «Es importante destacar que la influencia sobre el que padece la enfermedad no está siempre relacionada con la severidad. En particular cuando se trata de adolescentes, el momento de la vida en el que el ser humano está desarrollando su personalidad y en el que quizá es más vulnerable», confirma el doctor, apuntando que «ayuda muy poco» que estemos viviendo en la era del 'selfie'.

«Es normal que cualquier cosa que afecte a nuestro aspecto físico nos influya, pero especialmente en un tiempo en el se vive de cara a la galería y se aspira a la perfección», precisa Martínez. En su opinión, circunstancias que acompañan actualmente a la mayor parte de nuestras vidas, tales como el estrés, la contaminación o el tipo de alimentación, han ayudado a que una dolencia que mayoritariamente se relacionaba con la adolescencia la sufran muchos adultos. La ventaja, dice, es que ahora se acude al especialista más que hace una década, y que tratar el problema cuanto antes «puede ayudar mucho», sobre todo cuando el paciente se enfrenta a un acné severo que puede derivar en cicatrices. Lo que ayuda a complicar las cosas es ese deseo de lucir impolutos. El rostro es la carta de presentación al mundo y, desafortunadamente, la mayoría quiere que el suyo luzca fantástico en la portada de una revista. Y, claro, no puede ser.

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