El gran atractivo turístico de las hortensias

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¿Por qué muchos turistas se sacan fotografías frente a las hortensias que florecen en nuestros jardines?

ITZIAR ALTUNA

Es una estampa habitual en los jardines y parterres de la ciudad. Las hortensias florecen en primavera y lucen en todo su esplendor durante el verano. Blancas, azules o rosas, las podemos encontrar en cualquier esquina de la ciudad. No hay más que pasear por los alrededores del Palacio Miramar, por el Paseo de Miraconcha u otros parques y avenidas. Incluso en muchas terrazas o balcones particulares esta flor luce y adquiere su protagonismo durante los primeros meses de la época estival.

Pero lo que empieza a llamar la atención de muchos donostiarras es la atracción y curiosidad que suscitan las hortensias entre los turistas, y en particular, entre los originarios de los países asiáticos. Comienza a ser habitual la estampa de los visitantes en los jardines del Palacio Miramar, posando delante de estas flores y olvidándose, al menos durante un momento, de la imagen de la bahía.

La explicación la encontramos en las características y simbología de esta planta. La hortensia se cultiva desde tiempos remotos como planta ornamental en Japón, país en el que cada flor tiene su época, y junio es el de las hortensias. Es una flor que llega con el tsuyu (la época de lluvias japonesas) y anuncia el comienzo del húmedo verano japonés. Es muy común ver hortensias de diversos colores en muchos jardines y templos del país nipón. Desde mediados del siglo XIX también se cultiva de forma extensiva en otras áreas del mundo con climas templados.

Porque este arbusto florece en lugares no calurosos, sobre terreno húmedo y bien drenado. Su hábitat natural es el ambiente en sombra o en semi-sombra y necesita que sea una sombra clara, con luz ambiente, no la umbría total. Sólo crecen bien a pleno sol si está en un clima con alta humedad ambiental. Además, la hortensia es muy sensible al agua dura y es la lluvia la que mejor le sienta. En caso de falta de agua las flores se marchitarán con más rapidez.

Gipuzkoa es un territorio en el que se dan estas características, de ahí que sea una planta que se cultive mucho, ya que gracias a nuestra climatología no requiere grandes cuidados. Sin embargo, es importante conocer algunas cuestiones, por si algún día nos animamos a plantar una hortensia.

La tierra en la que se fije tiene su especial importancia, porque de ello dependerá el color de sus flores. Pueden ser rosas, blancas o azules, dependiendo en parte del pH del suelo. En terrenos relativamente ácidos, con pH entre 4,5 y 5, las flores se hacen azules; en suelos más alcalinos, con pH entre 6 y 6,5, las flores adquieren un color rosa; y en suelos alcalinos con pH alrededor de 8, las flores crecen blancas. Un Ph demasiado alto conllevaría a la falta de hierro en el sustrato, que se percibe por el tono amarillo que adquieren las hojas (esto podría ocurrir si regamos la planta con agua que contiene mucha cal).

La hortensia necesita una poda cada año ya que si no crecerá de manera desigual y probablemente vaya perdiendo fuerza en cada temporada. El momento ideal para la poda será cuando los grandes macizos de flores pasen de los vivos colores a los marrones propios de las flores marchitas. Esto sucede normalmente en el otoño. Esta es la norma general, sin embargo, en lugares muy fríos, la poda se debe posponer a la primavera, una vez que hayan pasado las heladas.

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