«Los fumadores nos hemos vuelto los raros, los señalados y los excluidos de la sociedad»

Juantxo Lusa

El consumo de tabaco en Euskadi baja hasta el 22% de la población, un descenso de 16 puntos en 20 años

Iker Marín
IKER MARÍN

«La percepción de la sociedad respecto a los fumadores ha cambiado mucho. Cuando yo era joven lo normal era fumar y los raros, por decirlo de alguna manera, eran los que no lo hacían. Ahora, la situación es la contraria». Esta frase de Juan Carlos, un veterano fumador donostiarra, resume a la perfección la situación que vive un colectivo que disminuye con el paso de los años. Así lo confirma la Encuesta sobre Adicciones publicada esta misma semana por el Departamento de Salud del Gobierno Vasco.

Dos datos son los que más llaman la atención. El primero indica que el número de fumadores ha caído hasta el 22,1% de la población vasca en 2017, un descenso superior a 8 puntos en la última década y de 16 respecto a hace 20 años. El segundo dato más significativo de esa encuesta señala que el porcentaje de jóvenes vascos de entre 15 y 34 años que no ha fumado nunca se sitúa en el 63,1%. Lo corroboran dos jóvenes fumadoras que hablan de esta tendencia a la baja en el consumo. «Hay muchos jóvenes que no consumen durante la semana, ha bajado la cantidad de fumadores», aseveran.

Juan Carlos Corres dejó de fumar seis meses, pero «no aguanté».
Juan Carlos Corres dejó de fumar seis meses, pero «no aguanté». / Juantxo Lusa
Juan Carlos Corres «Los fumadores hemos dado ejemplo de educación»

«Reconozco que fumar no es ningún orgullo. Pero qué le vamos a hacer...». Juan Carlos Corres, donostiarra del barrio de Amara, explica claramente cómo ha cambiado la vida de los fumadores. Encendió el primer cigarro a los 16 años , -«lo dejé durante seis meses, pero no aguantaba»-, y desde entonces no ha parado de hacerlo. A sus 61 años reconoce que «ahora somos nosotros los raros, los señalados, pero también lo veo lógico. Cuando yo era joven lo normal era fumar y los raros, por decirlo de alguna manera, eran los que no lo hacían». Mientras se fuma un cigarrillo negro, -«pertenezco a esa pequeña minoría que lo fuma, ya quedamos pocos»-, cuenta que consume un paquete diario (20 cigarrillos) porque «he tenido que bajar la dosis». Las restricciones puestas en marcha por las administraciones para dejar de fumar en espacios públicos y lugares cerrados nunca han supuesto problema para él. «Me parece muy bien que no se pueda fumar en los bares y restaurantes, porque molesta a los no fumadores. Sales a la calle y listo. Ya me da más rabia no poder fumar en el campo de fútbol, por los nervios», dice entre risas.

En su opinión, los fumadores «hemos dado un ejemplo de educación a la hora de adaptarnos a las nuevas circunstancias. Siempre hay unos pocos exaltados a los que les ha costado algo más, pero el resto lo hemos aceptado de la manera más natural». Las nuevas circunstancias a las que se refiere tienen que ver con la Ley Antitabaco aprobada en 2011, que modificó la anterior de 2006, y que prohíbe fumar prácticamente en todos los espacios públicos cerrados y en algunos al aire libre, como pueden ser los parques infantiles o los estadios de fútbol.

Itxaso Bueno, de Trintxerpe, delante del Koldo Mitxelena.
Itxaso Bueno, de Trintxerpe, delante del Koldo Mitxelena. / Juantxo Lusa
Itxaso Bueno «Cuando se sale de fiesta se fuma más»

Itxaso Bueno tiene 19 años, es vecina de Trintxerpe y fuma desde los 15. «Lo hacía a escondidas de mis aitas, hasta que me pillaron dos años después», se sincera. Respecto a la relación de dependencia de la juventud con el tabaco cree que «entre semana los jóvenes no fuman demasiado». Sin embargo, esa dependencia varía «los fines de semana». Lo explica: «Cuando se sale de fiesta se fuma más. Hay muchos jóvenes que no consumen durante la semana y el fin de semana sí que lo hacen. A la juventud cuando bebe alcohol y está de fiesta le da un poco igual y fuma».

Los datos confirman su visión. La encuesta del Departamento de Salud señala que el consumo ocasional de tabaco se sitúa en el 2,6%. Cifra que asciende hasta el 4,3% cuando se pone el foco en el colectivo más joven, entre 15 y 34 años. Itxaso, que fuma 10 cigarros de tabaco de liar al día, evita consumir delante de niños y cuando sabe que puede incomodar. En este sentido, cree que todavía hay una labor educativa por realizar con algunos fumadores. «Hay algunos a los que todavía les da igual molestar. Yo misma he estado en terrazas y reconozco que cuando te llaga el humo, molesta».

Amaia Aspiazu estudia Medicina y reconoce que «no debería fumar».
Amaia Aspiazu estudia Medicina y reconoce que «no debería fumar». / Juantxo Lusa
Amaia Aspiazu «Estudio Medicina y sé que no debería fumar»

La vizcaína Amaia Aspiazu comenzó a fumar «tontamente» a los 16 años, «y al tiempo se volvió un hábito diario». Consume 5-6 cigarrillos de liar al día: «Me gusta más, dicen que es más sano y que no tienen tantos componentes perjudiciales para la salud como el tabaco tradicional». Lo dice una joven de 24 años que estudia Medicina y que sabe que «no debería fumar». «Intento no hacerlo cuando estoy en el hospital». Ella también considera que ha bajado el consumo de tabaco entre la juventud aunque matiza: «todavía fumamos demasiado», sobre todo, como dice Itxaso, cuando están de fiesta.

David Caballero fuma seis cigarrillos al día.
David Caballero fuma seis cigarrillos al día. / Juantxo Lusa
David Caballero «Soy cuidadoso, el humo puede molestar mucho»

Singular es el caso del vecino de Altza David Caballero. Tiene 43 años y contrariamente al estereotipo de 'soy joven, salgo de fiesta y fumo', él comenzó a dar caladas hace solo cinco años. «Comencé relativamente tarde. Llegó un momento en el que me apeteció, y la verdad es que me gustó». ¿Y de joven? «No, era algo que no me atraía. Nunca fumé».

Caballero es de una generación que ha vivido en primera persona el cambio producido en el consumo de tabaco en la sociedad vasca en las últimas dos décadas. Por ello, considera que «la situación ha cambiado mucho en relación a los que fuman y a los que no lo hacen. Antes era un abuso lo que se fumaba y ahora parecemos los excluidos de la sociedad». Reconoce, no obstante, que «hemos pasado de un extremo a otro en muy poco tiempo, de poder fumar en todos los sitios a no poder hacerlo casi en ninguno». Es ahora, en su condición de fumador de seis cigarrillos al día, cuando es consciente «de que el humo puede molestar mucho a los demás. Yo fumo y reconozco que incomoda». Por ello, «soy bastante cuidadoso y no fumo delante de los niños».

Ignacio Blázquez «Nunca se tiene bajo control lo que uno fuma»

Ignacio Blázquez también considera que a nivel social la situación de los fumadores ha cambiado. Acepta que las administraciones públicas inviertan recursos en campañas de prevención, información y sensibilización, «se percibe la preocupación en relación con este tema y me parece bien que se haga. Los fumadores sabemos que este hábito es perjudicial para nuestro cuerpo y estoy de acuerdo en la insistencia de las instituciones con esas campañas».

Este vecino de Amara de 31 años fuma desde los 20, «empecé tontamente, de fiesta, y ahí me he quedado, fumando cerca de 6 cigarrillos al día». ¿Tiene controlado el consumo? Es claro en la respuesta: «Esto es algo que no se tiene nunca bajo control, ya se sabe, la droga…».

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