La flota es el tesoro

En la carpintería de ribera de Fra Rico, en el puerto de Sano Ciprián (Lugo), la familia de Francisco lleva doscientos años dedicada el oficio. Suman ya siete generaciones.
En la carpintería de ribera de Fra Rico, en el puerto de Sano Ciprián (Lugo), la familia de Francisco lleva doscientos años dedicada el oficio. Suman ya siete generaciones.

Los carpinteros de ribera gallegos y sus embarcaciones tradicionales se convertirán en Bien de Interés Cultural, con igual protección que la catedral de Santiago. En una tierra con 1.500 kilómetros de costa, era cuestión de justicia

IRMA CUESTA

Si todo sale como está previsto, a la vuelta de unos meses los botes, bucetas, carochos, chalanas, galeones y dornas gallegas -en definitiva, toda la increíble lista de embarcaciones tradicionales- se convertirán en Bien de Interés Cultural. Un paso que las colocará a la altura de otros tan preciados en ese peculiar pedazo de España como la Catedral de Santiago, o el camino que desde hace siglos siguen millones de peregrinos hasta el lugar en donde se conservan las reliquias del apóstol. En una tierra con 1.498 kilómetros de costa, se han tomado la iniciativa como una cuestión de justicia. «Sorprendentemente, en este lugar, en donde el patrimonio marítimo es un elemento cardinal de todo el patrimonio en sí mismo, porque buena parte de los gallegos hemos vivido y vivimos del mar, lo hemos olvidado. Hemos reconocido el valor de castros, molinos de río, hórreos, construcciones religiosas... y hemos olvidado el mar», lamenta Manuel García Sendón, presidente de Culturmar, una federación que desde hace dos décadas vela por la cultura marítima y fluvial y que estos días, después de que la Xunta anunciara su intención de declarar BIC a la carpintería de ribera, no oculta su satisfacción. «Es un paso fundamental, algo básico como herramienta para preservar la flota de embarcaciones tradicionales, que hoy en día andará por unas 300, de veinte tipos distintos, y para consolidar un trabajo, el de la carpintería de ribera, que está íntimamente ligado a nuestra economía y nuestras raíces», asegura.

Dicen los expertos, como los profesores Bernardo Máiz y Enrique Freire, autores de 'As embarcacións tradicionais do Arco Ártabro a Ribadeo' que una chalana, esas embarcaciones de fondo plano que siempre se han usado para llevar de un lado a otro mercancía en zonas poco profundas, son en Galicia el mejor ejemplo de cómo los carpinteros de ribera han ido adaptando el modelo a las condiciones de cada recuncho de la costa. Afirman que la chalana de la ría de Ferrol no es ni parecida a la que utilizan los percebeiros de Cedeira y, ya puestos, que ni siquiera todas sus popas son planas. De que la historia gallega está íntimamente ligada a la de sus astilleros y sus embarcaciones no solo dan fe los autores de esa suerte de tratado, también lo hace Pedro Martín Gilarranz, responsable de la Casa Museo Colón de Pontevedra que, mientras explica que por Galicia han pasado todas las civilizaciones dejando su huella, asegura que la propuesta de declarar BIC a la carpintería de ribera es una cuestión de justicia histórica. «Es algo fundamental. Las dificultades que tiene toda esta gente que trabaja en esa área son increíbles, sin ningún tipo de ayuda institucional, cuando estamos hablando de un patrimonio no inmóvil, en uso. Es muy importante reivindicar nuestros orígenes. En esas embarcaciones está buena parte de la esencia de esta tierra».

Pocos saben mejor que Francisco Fra Rico lo que cuesta sacar adelante el oficio. Su carpintería de ribera, situada en la margen derecha del río Cobo, en el lugar llamado Los Campos, en el puerto de Sano Ciprián, provincia de Lugo, lleva nada menos que doscientos años en la familia. Siete generaciones construyendo barcos, desde los más pequeñito, como un chalano, hasta el más grande: un carguero de 38 metros de eslora. Él es de los que cree que, aunque ya era hora de que la Xunta diera un paso al frente en la protección de empresas como la suya, más vale tarde que nunca. «Era necesario y beneficioso para todos; especialmente para conservación del oficio», dice corroborando el sentir de su colega Gerardo Triñanes, gerente del astillero que lleva su nombre y miembro de Agalcari, Asociación Gallega de Carpintería de Ribeira.

«Más vale tarde que nunca. Va a ser beneficioso para todos» Francisco Fra Rico Carpintero de ribera

«Es un paso fundamental, básico para conservar la flota y el oficio» Manuel García Pte. de Culturmar

Triñanes se debate entre la alegría que da saber que uno está a punto de conseguir algo por lo que ha luchado durante años y la tristeza de saber que, cuando se quiere proteger algo con tanto ahínco es porque, de alguna forma, está cercano a morir. «Estamos desapareciendo por varias razones, fundamentalmente por culpa de unos 'lobbys' del poliéster fortísimos, aupados durante años por las ayudas europeas, y porque las nuevas generaciones de marineros han navegado poco la madera y han perdido la costumbre. ¡Ni siquiera hay ya ingenieros navales que la estudien!», dice este profesional, segunda generación de carpinteros de ribera, que dice ser el ejemplo de que la leyenda de que los maestros ocultaban sus saberes para mantenerlos dentro de la estirpe, es totalmente falsa.

Gerardo defiende que no es cierto que las embarcaciones de madera necesiten más mantenimiento y reivindica el valor medioambiental de la madera frente al poliéster. Asegura que ni siquiera el precio es una excusa -«en un barco de pesca el casco solo se lleva un tercio del precio»-, pero no esconde la pena de saber que hace doce años eran más de veinte los carpinteros de ribera que se ganaban la vida en Galicia y hoy apenas llegan a una docena. «Confiemos en que todo esto nos ayude a salir adelante y preservar la profesión».

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