¿Faltan pediatras en Euskadi?

¿Faltan pediatras en Euskadi?

El 15% de los facultativos que atienden a los niños vascos son médicos de familia, con sólo dos meses de formación pediátrica

SOLANGE VÁZQUEZ

332 especialistas tratan en Osakidetza a los niños vascos, solo que el 15% de ellos -medio centenar- no son pediatras, sino médicos de familia cuya formación para tratar niños se reduce a dos meses (uno en el ámbito hospitalario y otro en ambulatorios). En algunas comunidades autónomas, esta cifra se eleva al 30%. «Es una práctica que no sólo se da en Euskadi y en el Estado, sino en sistemas sanitarios de renombre como, por ejemplo, Reino Unido», subrayan fuentes de Osakidetza. De hecho, el propio consejero, Jon Darpón, ha tenido que aclarar recientemente en una respuesta parlamentaria que los médicos de familia están «legal y asistencialmente capacitados» para ejercer esta labor en atención primaria. No obstante, ha reconocido la «falta de especialistas» -sobre todo en municipios alejados de las capitales-, lo que ha llevado al Departamento de Salud a revisar la situación actual y a estudiar medidas para afrontar esta realidad. Pero, ¿por qué no hay pediatras?

Las plazas de Pediatría son convocadas a nivel estatal por el Ministerio de Sanidad, teniendo en cuenta los centros acreditados y las sugerencias locales. «La última ha sido de 424 en todo el país, 24 de ellas en Euskadi, y todas han sido ocupadas. Y es necesario aumentar su número. Desde luego, no creo que se trate de un problema de falta de interés o de vocación de los médicos», explica José Javier Korta, presidente de la Sociedad Vasco Navarra de Pediatría. Según indica, en Euskadi sólo el 37% de los MIR opta por la atención primaria, y un porcentaje similar elige la opción hospitalaria. «Lo que ocurre es que el resto se desplaza: bien a sus comunidades de origen o bien hacia la investigación o a en centros de mayor especialización». Es decir, sí hay pediatras, lo que ocurre es que casi dos terceras partes de los nuevos especialistas 'huyen' de la opción de trabajar en ambulatorios, donde luego hay que rellenar huecos con médicos de familia. «Hay que reconocer y agradecer el esfuerzo y el trabajo que muchos de ellos están realizando al cubrir la asistencia pediátrica. Pero esa no es la cuestión. El niño o la niña tienen derecho a ser atendidos por personas que se han formado específicamente para ello», subraya Korta.

Pero, ¿por qué los pediatras prefieren otras opciones que no son trabajar en centros de salud? Korta considera que, entre otras cosas, durante los cuatro años de formación de los MIR el tiempo que pasan en atención primaria es muy escaso. A su juicio, si este periodo aumentase, no sólo mejoraría la preparación de estos facultativos, también aumentaría su interés por trabajar en atención primaria.

«Si no se afrontan temas candentes ni se aportan soluciones adecuadas, el modelo puede sufrir un grave retroceso» JOSÉ JAVIER KORTA, SOCIEDAD VASCO NAVARRA DE PEDIATRÍA

Además del poco contacto con la pediatría de ambulatorio, hay otros factores que justificarían el escaso atractivo que suscita en los pediatras. «Aunque no debería ser así, las mujeres siguen llevando el peso del hogar y del cuidado de los hijos. Y el 80 o 90% de los nuevos médicos son mujeres que, si trabajan en atención primaria de pediatras se exponen a turnos, como los exclusivos de tarde, que les hacen difícil compaginar su vida privada con su trabajo», indica Ruben García, presidente de la Asociación Vasca de Pediatría de Atención Primaria (AVPap). Tal y como explica, en el hospital «hay más turnos de mañana, especialización en áreas específicas, más procedimientos, mayor posibilidad de investigación...». Todo un cóctel que muchos pediatras ven como ventajas. Así, a largo plazo, la solución parece pasar por incrementar las plazas MIR y orientar hacia la atención primaria a los profesionales.

Según la última encuesta de satisfacción de Osakidetza, dos de cada tres familias vascas califican de «excelente» la atención pediátrica. Korta y García coinciden en afirmar que, a día de hoy, los niños vascos «están bien atendidos». «Aunque la carga de trabajo es cada vez mayor, el nivel y la calidad de la asistencia están garantizadas, pero muchas veces es a base del esfuerzo personal y vocación pública de los profesionales -matiza Korta-. Si no se afrontan temas candentes ni se aportan soluciones adecuadas, el modelo puede sufrir un grave retroceso». «Que la atención que reciben los niños sea buena no quiere decir que no sea mejorable», zanja García.

«El cupo de niños se tiene que reducir»

Lo recomendado es que haya unos 1.000 niños por pediatra, aunque en algunas comunidades autónomas se llega a los 1.200. En Euskadi, aunque hay diferencias por zonas, las cifras son algo mejores, con un promedio de unos 967 críos por facultativo. ¿No es mucho un millar de pequeños para un pediatra? «Para poder asumir lo que creemos que el pediatra debe ofrecer, seguramente es un cupo excesivo. Eso sin hablar del grave problema que supone la cobertura de vacaciones, bajas... Al no haber posibilidad de sustituciones, la carga de trabajo se duplica en algunos periodos del año», afirma José Javier Korta, presidente de la Sociedad Vasco Navarra de Pediatría.

«El pediatra, como especialista que es, no solo debe atender a la patología urgente o indemorable sino también a la revisión de salud del niño sano, la atención al niño con enfermedades crónicas y pluripatológicos, como el asma, la diabetes, la obesidad, trastornos neurológicos (TDH; TEA, discapacidad etc.)», según recuerda Korta. «Si esto es así, como creemos que debe ser, es evidente que los cupos se tienen que reducir. Y si esta atención no se realiza en toda su plenitud, lo que ocurrirá es que tendrá que hacerse en otros ámbitos, como el hospital, o será insuficiente», argumenta.

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