Euskadi se sitúa a la cola estatal y europea de residentes en régimen de alquiler

Un cartel de alquiler y otro de venta en la calle Urbieta de Donostia. /Lobo Altuna
Un cartel de alquiler y otro de venta en la calle Urbieta de Donostia. / Lobo Altuna

La escasa oferta de pisos y los elevados precios de las rentas frenan la expansión del alquiler frente a la propiedad, aún fuertemente arraigada

Amaia Chico
AMAIA CHICOSan Sebastián

El peso del alquiler en Gipuzkoa y Euskadi está en los puestos de cola estatales y a años luz de la mayoría de países de Europa. La tenencia de una vivienda en propiedad sigue fuertemente arraigada, y aunque el alquiler va ganando poco a poco terreno, ni la crisis económica ni el giro de las políticas públicas hacia la promoción del alquiler han alterado de forma significativa los porcentajes ni han achicado el salto abismal entre uno y otro régimen. Apenas el 11,2% de las viviendas en Gipuzkoa -el 11,6% en la CAV- son de alquiler, mientras que la media europea se sitúa en un 30,7% y en países como Alemania la cifra alcanza el 48%. Es decir, casi la mitad de los alemanes vive como inquilino en una vivienda ajena cuando en Euskadi solo una de cada diez familias optan por ese régimen.

La escasa oferta de pisos en alquiler y los desorbitados precios que han vuelto a alcanzar las rentas, próximos otra vez a los mil euros, impiden la expansión en la CAV de un régimen que en los últimos años, tras la crisis económica, ha empezado a despuntar en otras comunidades como Madrid o Barcelona, pero que sigue teniendo tasas estatales muy bajas, apenas un 16%, respecto a la media de la Unión Europea.

Euskadi se sitúa entre las regiones de cola del Estado en cuanto al peso del alquiler

El último análisis comparado sobre el peso del alquiler realizado por el Observatorio Vasco de la Vivienda revela que Euskadi se sitúa entre las regiones de cola del Estado, cuatro puntos por debajo de la media. Y evidencia que la recesión económica que congeló las ventas y los créditos bancarios, y que animó u obligó, en consecuencia, al alquiler a quienes no podían afrontar una compra, no ha conseguido cambiar una cultura de la propiedad que continúa en cotas superiores al 83%, apenas cinco puntos menos que cuando comenzó la crisis en 2008.

Euskadi ha logrado incrementar algo, aunque no lo suficiente para atender la demanda, el parque de alquiler libre. El último dato de 2016 lo sitúa en el 9,4%, y se eleva hasta el 11,6% del total de viviendas si se incluyen «los alquileres inferiores al precio de mercado», fundamentalmente sociales. Esta evolución, sin embargo, mantiene al País Vasco en el segundo puesto del ránking de comunidades más apegadas a la vivienda en propiedad, por detrás de La Rioja. Y el peso del alquiler se queda aún a cinco puntos de distancia de la media estatal, donde Baleares, Melilla y Madrid -una de las regiones donde más se ha extendido ese régimen- copan los primeros puestos, con una de cada cuatro viviendas destinadas al alquiler.

El trecho para alcanzar los índices europeos aún es largo. La media en la Unión habla de que el 30,7% de su población reside de alquiler, y por países, Alemania (48%), Dinamarca (38%), Reino Unido (36,6%) y Francia (35,1%) son los que más interiorizado tienen ese régimen.

Lo que no difiere en exceso es la constatación realizada por Eurostat de que los colectivos con menos ingresos son los que más eligen -posiblemente porque no tienen otra opción- vivir como inquilinos y no en una casa de su propiedad. En España, lo hacen casi una de cada cuatro personas (39,5%). Y además, según datos referidos a Euskadi, cuatro de cada diez inquilinos reciben algún tipo de ayuda para hacer frente al pago de la renta, espcialmente la Prestación Complementaria de vivienda asociada a la RGI, y que en los próximos meses va a transitar hacia la Prestación Económica de Vivienda (PEV), vinculada exclusivamente al Departamento de Iñaki Arriola y al reciente derecho subjetivo que reconoce la ley vasca de 2015.

En 2016 se destinaron 100 millones de las arcas públicas en subvenciones directas al alquiler

Según los datos recogidos en el informe, y que dan una idea aproximada de en qué contexto se ha movido y se mueve el alquiler en Euskadi, en 2016 se destinaron 100 millones de las arcas públicas en subvenciones directas al alquiler a través de las diferentes prestaciones sociales que cobraron más de 44.000 ciudadanos. Ahora, los retos marcados por el Plan Director 2018-2020 recién aprobado renuevan los objetivos en materia de edificación, ampliación del parque público, y garantías de acceso a una vivienda a todos los sectores de población, con el alquiler como eje central de todas las políticas del Departamento.

Pero además del perfil de los residentes, el parque de alquiler vasco también comparte unas características estructurales propias. Según el estudio del Observatorio Vasco de la Vivienda, son pisos más modernos, construidos en las últimas tres décadas. Disponen de menos espacio que el parque en propiedad, el 56% de las viviendas tiene menos de 75 metros cuadrados, 13 puntos menos. Y sus inquilinos, con una edad media por ejemplo en Gipuzkoa de 46 años, apenas acumulan un lustro de antigüedad en esas viviendas.

Transitoriedad

Ese último dato, el hecho de que el promedio de estancia en una vivienda en alquiler apenas supere los cinco años, refleja la concepción transitoria que la mayoría de ciudadanos vascos tiene respecto a este régimen de residencia. Esa idea extendida de 'ahorrar para comprar un piso mientras se vive de alquiler'. El problema ahora es que los precios del mercado del alquiler libre están truncando ese proyecto de vida, y con él modificando, por fuerza, la arraigada cultura de la propiedad.

Euskadi es la autonomía en el que es más intenso el crecimiento del precio del alquiler en los últimos años

Los precios de los alquileres en Euskadi han vuelto a los máximos que alcanzaron cuando empezó la crisis. Y, especialmente en Gipuzkoa, rozan de media los mil euros. En concreto, el último trimestre de 2017 -indica el estudio- la renta ascendía a 967 euros, apenas 100 euros menos que el pico alcanzado en 2008. Pero 150 más que en 2013, y 311 euros más de media que en 2000. Es, nuevamente, el territorio vasco «en el que es más intenso el crecimiento del precio del alquiler en los últimos años».

Euskadi, no obstante, ya no está a la cabeza del ranking estatal del metro cuadrado de alquiler más caro. La duplicación del precio de las rentas en comunidades como Madrid, Cataluña y Baleares en los últimos tres años les han llevado a los primeros puestos, gracias también a un fenómeno muy extendido en sus principales ciudades, mucho más de hecho que en las capitales vascas: el efecto de los pisos turísticos.

El boom de estos alquileres estacionales, a precios más elevados que los residenciales, ha incidido en el incremento de las rentas y en la escasez de oferta general de alquiler. Y como ha ocurrido con San Sebastián, que acaba de aprobar una ordenanza para regular y contener la proliferación de estos pisos, en lugares como Baleares o Cataluña también están actuando para evitar que los barrios céntricos se queden sin vecinos y sean ocupados solo por turistas.

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