Un problema gradual que no solo afecta a la población más pobre

Una característica fundamental de las inequidades es que se inoculan de forma progresiva, lo que los investigadores llaman la gradiente social en salud

A. A. SAN SEBASTIÁN.

Las desigualdades en salud no son solo cosa de pobres. Una característica fundamental de esas inequidades es que se inoculan de forma gradual -lo que los investigadores llaman gradiente social en salud- y termina permeando en toda la población, «a medida que descendemos en la escala socioeconómica. En consecuencia, las desigualdades sociales en salud no afectan únicamente a las personas que están en la parte inferior de la escala social, a las más pobres de las pobres, sino que atraviesa al conjunto de la sociedad», afirman los autores del estudio publicado por el Departamento vasco de Salud.

Hay ejemplos recientes. En otro informe del Servicio de Estudios e Investigación del Departamento vasco de Salud, titulado 'Desigualdades en la esperanza de vida en las zonas básicas de salud', se observaron grandes diferencias en la esperanza de vida en función del lugar de residencia. Según esta investigación, los vecinos de Legazpi son los que llegan a más viejos al alcanzar una media de 80,8 años. Les sigue el barrio donostiarra de Intxaurrondo, cuya esperanza de vida es de 75,9. El mismo comportamiento se da con las mujeres de Gipuzkoa: las legazpiarras llegan a los 86,6 años, cinco más que las de Ibarra, las que menos viven del territorio. Dentro de una misma ciudad también hay diferencias. En Donostia, si es hombre parece que hay que vivir en Amara (79,8 años) o en Ondarreta (79,2). En el caso de las féminas, las zonas donostiarras que mayor y menor esperanza de vida tienen son Egia (86,5) e Intxaurrondo (82,5).

Otra investigación, firmada por Imanol Montoya de la UPV/EHU, en colaboración con el departamento, concluyó que en el caso de los hombres hay un promedio de dos fallecimientos diarios atribuibles a las desigualdades sociales en la salud relacionadas con el lugar de residencia.

Otro informe, elaborado por el profesor de la UNED Miguel Requena, también ha puesto negro sobre blanco el impacto de esas desigualdades sociales. En España, un hombre de 30 años y nivel de instrucción alto puede esperar vivir de media tres años y ocho meses más que un coetáneo de nivel educativo elemental. Además, se reflejó que la brecha de género tiende a disminuir cuanto mayor es el nivel educativo.

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