¿Dramas de verano en la mesa? Hay trucos para animar a los niños a comer

Estos meses estivales, con los pequeños inapetentes por el calor y las comidas en lugares nuevos, son un reto para los padres, pero también una oportunidad si se sabe aprovechar

SOLANGE VÁZQUEZ

Para muchos padres, la llegada del verano significa más tiempo con los niños, el fin de los madrugones y las prisas, momentos de diversión... y también dramas en la mesa. En estos meses estivales es normal que los pequeños pierdan apetito y que haya que armarse de paciencia para que coman. Así que muchos progenitores se acuerdan del comedor del colegio con nostalgia. «No hay que preocuparse demasiado por esa pérdida de apetito -asegura el doctor José Manuel Moreno Villares, coordinador del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP)-. En general, también tienen menos actividad y, por tanto, unas necesidades de energía menores». Es decir, lo primero es no alarmarse demasiado si el peque no está comilón. Y, lo segundo, tomar unas medidas que puedan animarle. La primera de ellas, «hacer comidas menos abundantes y más ligeras, por ejemplo sopas frías -gazpachos, salmorejos...- y ensaladas y utilizar mucho las frutas, enteras o en batidos». De este modo, no le planteamoss al niño una tarea que le parezca inasumible o poco atractiva y que le desanime de entrada. De hecho, es mejor comer más veces, pero en raciones menores.

A la hora de elegir qué se pone en el plato, es mejor optar por alimentos que contengan mucha agua, limitar la sal y los azúcares, y presentar la comida de forma agradable, porque si les entra por los ojos, es más fácil que les acabe entrando por la boca, algo que todo padre sabe. Brochetas, fruta congelada a modo de helado, detalles divertidos... todo ayuda.

Pero el mejor 'truco' para que los niños se alimenten bien en estas fechas es, según Moreno, «dedicar tiempo a comer juntos, algo más importante que los platos propiamente dichos». Así, el verano, en lugar de ser una pesadilla en la mesa, puede convertirse en un espacio de oportunidad para mejorar sus hábitos. «Es muy importante sentarse a comer con ellos y, también, como hay más tiempo, dejar que participen en la elaboración de la comida, acompañar a la compra... que sean protagonistas». Si han colaborado en el proceso, van a poner menos pegas a la hora de degustar sus 'creaciones'.

Además, en verano podemos aprovechar para que los más pequeños abran sus horizontes alimenticios y prueben cosas nuevas y la gastronomía típica de distintos lugares. Empecinarse en que coman lo mismo de siempre -muchas veces por comodidad, para evitar conflictos- es imponerles una limitación, así que hay que animarles a «conocer nuevos sabores». Si se les da la oportunidad, los niños nos sorprenden a veces apreciando platos que nunca pensamos que les gustarían. «A comer también se aprende y es muy interesante poder disfrutar de los platos menos habituales. Nos sirve para explicar a los niños las razones de la gran variedad de menús y comidas dependiendo de los lugares y de la época del año», subraya el coordinador del Comité de Nutrición de la AEP.

Extremar las precauciones

En verano, las intoxicaciones alimentarias y los virus gastrointestinales están a la orden del día. Para reducir riesgo, Moreno recuerda que los alimentos con salsas y mayonesas deben estar refrigerados. «Hay que desconfiar cuando se come fuera de casa de los productos en los que no se pueda garantizar una buena conservación o de los que no tengan buen aspecto en el expositor», insiste. Así, aconseja elegir platos que vayan a ser preparados en el momento, «por ejemplo, un pescado a la sal o a la plancha» y lavar bien las frutas y verduras. «También es importante guardar lo que no se consuma en el refrigerador y desecharlo si no se ha comido al día siguiente». Y otro punto fundamental: que los peques siempre se laven las manos antes de comer.

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