Ya no hay alumnos de 0... ni de 10

Los alumnos de Cataluña ya no sacan 'ceros' en clase, sino 'no logrado'. Un profesor y una psicóloga debaten sobre el mejor sistema de evaluación

YOLANDA VEIGA

Fin de curso. Mil horas lectivas resumidas en un término con consecuencias: aprobado o suspendido. Lo de las notas ya ha traspasado la frontera del conflicto doméstico para reabrir un debate entre el profesorado. ¿Son justas las calificaciones de 0 a 10? No existe ni uno ni otro ya en Cataluña, donde en Primaria se ha cambiado el sistema tradicional de evaluación por otro más «global» con estas valoraciones: 'logro excelente', 'notable', 'satisfactorio' o 'no logrado'. Un sistema que «estigmatiza menos» y que pone el foco en una reinvindicación que ya han hecho suya muchos maestros, evaluar la «trayectoria» del alumno más allá del examen final.

«Pongamos el caso de un examen de Matemáticas con cinco ejercicios. El estudiante resuelve bien dos, mal otros dos y el quinto lo plantea correctamente pero se equivoca en el cálculo. Eso, objetivamente, es un 4, un suspenso. Pero imaginemos que ese alumno es participativo, sale voluntario en clase, trabaja en grupo, es solidario. ¿Es justo suspenderle solo porque se ha puesto nervioso y ha errado al dividir? A mí no me lo parece». No se va a ver en esa tesitura José Antonio Luengo porque él no hace exámenes. Es profesor en la facultad de Educación de la Universidad Camilo José Cela de Madrid y utiliza un sistema de evaluación «cualitativo» que es «menos objetivable pero éticamente es más justo, ya que valora la evolución del alumno y no solo cómo ejecuta el examen».

Se une al debate Silvia Álava, psicóloga del gabinete Álava Reyes (Madrid), que también apunta en esta línea de centrar el foco en «la evolución». «Es injusto pedir a todos los chavales lo mismo porque no lo pueden dar. Lo importante es evaluar dónde empezaron en septiembre y en qué punto han acabado en junio. Porque un estudiante de cero que termina el curso con un cuatro ha tenido una mejoría más clara que el que ya tenía un seis y saca un siete. ¿Y hay que suspender al primero? No me lo parece».

- Repetir curso incluso. Ese ha sido el criterio a aplicar hasta ahora al menos.

- Y encima con el concepto negativo y estigmatizador del perdedor. Hay que plantearlo del modo contrario. Repetir curso, cuando sea necesario, debe ser una segunda oportunidad de aprender. Hay que hacer borrón y cuenta nueva.

Lo importante, coinciden los expertos, es que el chaval «interiorice los conocimientos», más allá de que los memorice. Y que lo haga solo. «Escucho a algunos padres decir: 'Mi hijo ha sacado sobresaliente porque le he ayudado tres horas al día con los deberes'. Y entonces les pregunto: 'el sobresaliente es tuyo, no de tu hijo, ¿no?'. Es mucho mejor que un chaval saque un bien por sí mismo que un sobresaliente con la intervención de sus padres». Otro aviso para los mayores: «No hay que exigir al niño que sea el mejor de la clase, sino que lo haga lo mejor posible. Porque el número uno en Mate igual no es tan bueno en Lengua».

Pero el asunto de fondo es el mismo: ¿cómo determinar lo bueno que uno es en Matemáticas o en Lengua? «Las multiplicaciones no solo hay que memorizarlas, hay que entender para qué sirven, cuándo se aplican. Igual que en Lengua, por ejemplo, un aprendizaje significativo quiere decir que el chaval lee un texto y es capaz de sacar la idea principal», explica Silvia Álava. Secunda Luengo: «Igual le pregunto a un alumno qué es la sinalefa y no lo sabe, pero escribe bien, sabe ordenar las ideas, tiene una habilidad comunicativa estupenda...». Claro que esto queda fuera de evaluación en el sistema tradicional, donde un examen en papel determina, de 0 a 10, cuánto sabe el alumno.

Mejor tipo test

José Antonio no hace exámenes, pero en caso de hacerlos dice que es mejor sistema el del test. «Ayuda al alumno a trabajar con esquemas mentales, requiere más lógica y razonamiento que memoria. La idea del examen final no se ajusta a los tiempos en los que estamos». Y propone este profesor y psicólogo alternativas al modelo clásico: «Si un chico tiene que hacer un trabajo sobre las revoluciones en el mundo los últimos cien años el profesor puede entrar a valorar muchas cosas: si usa la bibliografía dada, si lo completa en un tiempo determinado, si lo expone con claridad y de manera ilustrativa, si la redacción es correcta...».

- Si no hace exámenes, ¿cómo evalúa a los alumnos?

- Que no haya exámenes no quiere decir que sea más fácil aprobar el curso. Yo les exijo mucho y valoro la carrera que han hecho en esos meses. La calificación final debe ser una síntesis de todo un recorrido, no puedo resumir el rendimiento en cuántas cruces ha puesto bien en un test.

- ¿Cuesta el paso del modelo cuantitativo al cualitativo?

- El cualitativo no acaba de cuajar. También porque el cuantitativo es un mecanismo de defensa contra el efecto denuncia. El profesorado se defiende y ante una reclamación puede esgrimir el examen objetivo tipo test y la nota que allí pone va a misa. Un examen en el que haya que desarrollar conceptos es más subjetivo.

Insiste Luengo en que lo objetivo, ese medir a todos con el mismo rasero, no juega en favor de los alumnos. «Yo si un alumno me dice que los tests se le dan fatal podría plantearme otra manera de valorarle, quizá una prueba oral. Igual que si otro tiene problemas de aprendizaje le doy más tiempo para que termine el examen. Cuando hay circunstancias excepcionales que lo justifiquen creo que es bueno adaptar las pruebas en función de las necesidades del chaval».

Más propuestas en busca de una valoración más «ética»: la autoevaluación. «Está bien que ellos opinen, no basta decirles 'has aprobado'». Ahonda en esta idea Silvia Álava: «Cuando el niño se corrige su propio examen se da cuenta de en qué ha fallado y puede mejorar».

- Pero al final, siempre hay una 'nota'. De cero a diez, de suspendido a sobresaliente, de 'necesita mejorar' a 'progresa adecuadamente'...

- Hay otras maneras de calificar. Por ejemplo una que contempla varias categorías: 'no ha adquirido los objetivos plantados', 'los ha adquirido solo en parte...'. Tenemos la obligación moral de situar a los alumnos en unas calificaciones, pero hay que intentar que no sean tan categóricas como la del cero al diez.

Especialmente, advierte Luengo, en los momentos más definitivos de la vida escolar, cuando se pasa de un ciclo a otro. «Yo soy partidario de una calificación más descriptiva en momentos tan importantes como la Secundaria. Se podría decir: 'Ha conseguido un 50% de los objetivos o un 70%...' Así eliminaríamos el concepto de fracaso escolar».

- ¿Cómo?

- Si a los 16 años no se aprueba la Secundaria se pasa a engordar la categoría de 'fracaso escolar'. A España se le da mucha caña con esto porque las estadísticas hablan de un porcentaje del 28%. Eso es una burrada porque igual un adolescente no ha pasado el curso un año pero lo aprueba el siguiente. Es muy estigmatizante ponerle a alguien un 4,95.

- ¿La alternativa?

- 'No has desarrollado los mínimos exigidos', por ejemplo.

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