Diario Vasco
Una alumna entra en la escuela de Magisterio.
Una alumna entra en la escuela de Magisterio. / LOBO ALTUNA

«Las escuelas de Magisterio y los colegios son dos mundos distintos»

  • El sector de la enseñanza analiza las propuestas de la consejera de Educación para hacer frente a los malos resultados de PISA

«En el entorno del Departamento de Educación había un rumor de fondo desde hace tiempo. Se decía que lo de Magisterio no funciona, que los alumnos salen muy mal preparados y que hay que hacer algo, por eso no me ha pillado de sorpresa». Jenaro Guisasola, director del grupo de investigación en enseñanza de las ciencias, matemáticas y tecnología de la UPV, veía venir la polvareda que se levantó el pasado miércoles, cuando la consejera de Educación, Cristina Uriarte, no solo anunció en el Parlamento Vasco que el departamento estudia poner en marcha una prueba específica de acceso para el grado de Magisterio sino que fue mucho más lejos al recalcar la necesidad de mejorar la enseñanza que se les da en las facultades a los futuros maestros.

La consejera acudió al Parlamento para explicar los pésimos resultados del informe PISA respaldada por las peticiones de los colegios que habían participado en la prueba. Sus directores, según dijo Uriarte, habían insistido en la necesidad de una mejor formación de los maestros. El departamento también cuenta con una serie de informes que ponen de relieve las deficiencias en la formación a los futuros profesores de Primaria. Y no solo eso, también tiene sobre la mesa los resultados del máster que capacita a los docentes para dar clase en Secundaria. Al parecer, son negativos.

Cuando la consejera señaló que el profesorado «tiene una larga experiencia en una forma de enseñar tradicional» lo que vino a decir es que la formación que recibe está obsoleta. «Necesitan con premura la formación adecuada y una tutorización directa ante los cambios y adaptaciones» añadió. Estas palabras han levantado ampollas en el mundo educativo vasco y han reavivado el debate sobre la enseñanza que reciben los futuros maestros.

«Precariamente formados»

«Magisterio y los colegios son dos mundos distintos, es necesaria una mayor coherencia entre lo que se enseña en la Universidad y el currículum», recalca un experto educativo que realiza un diagnóstico desolador de la enseñanza que se ofrece a los futuros docentes. «Salen precariamente formados. En Magisterio el currículum está poco actualizado, hay materias tradicionales con poco sentido y no ofrecen un conocimiento real de lo que se está haciendo en el sistema educativo. Están muy lejos de los colegios», asegura.

«O empiezas a decir lo que no funciona o te van a comer en el futuro, porque lo de PISA es una realidad». Para Jenaro Guisasola, el problema de la enseñanza que se ofrece en las escuelas de Magisterio es que «tiene una formación muy fuerte en psicología y pedagogía pero se han descuidado los contenidos». «No se han centrado en la adquisición de conocimientos ni en cómo enseñarlos», añade.

A su juicio, este déficit se observa sobre todo en Ciencias, que es donde los resultados de PISA han sido más desastrosos en Euskadi. «Una queja tradicional de los profesores en la ESO es que los alumnos llegan de Primaria sin haber visto casi nada de Ciencias. En primero de Secundaria estudian esta materia casi como si fuera la primera vez».

«Sí están preparados»

No todos están de acuerdo. «No puede ser que en 2012, cuando sacamos buenos resultados en PISA todo eran felicitaciones a los profesores y ahora de repente somos todos malos. Los maestros sí salen bien preparados», asegura Félix Etxeberria catedrático de Pedagogía de la UPV. Por si ha quedado alguna duda, insiste: «Nunca ha habido profesores más cualificados que los actuales, ponlo bien claro».

Iñigo Salaberria, presidente de la asociación de directores de Primaria (Sarean), también afirma que las escuelas de Magisterio «forman buenos profesionales» aunque admite que hay margen de mejora. Por ejemplo, se podría «enseñar a los niños a preguntar más, que es algo que quizás no hemos fomentado lo suficiente». «Yo comparto la visión de que la universidad y la escuela son dos mundos diferentes. Quizás se puede mejorar la unión entre ambas», dice Salaberria.

«No salen mal preparados», asegura Luis Lizasoain, profesor de Métodos de Investigación de la Facultad de Pedagogía, que admite no obstante que «la metodología de la enseñanza por competencias no es fácil». Lizasoain sostiene que intentar responsabilizar de todo al profesorado es una mala táctica», sobre todo cuando aún «no se ha encontrado una variable que explique lo que ha ocurrido en ciencias».

La creación de una prueba específica para mejorar la formación de los docentes es, según Jenaro Guisasola, «una forma de empezar a poner soluciones», pero no la única. A su juicio, hace falta «un segundo paso, que es el de hacer una reflexión sobre el tipo de profesionales que están saliendo de Magisterio». Luis Lizasoain está de acuerdo con estas palabras. Para él, «hay que complementar este mecanismo de selección con una formación y inicial y continua de calidad».

De todas formas, habría que ver qué tipo de prueba de acceso se pondría en marcha porque las notas de corte en Magisterio son elevadas y desde hace varios cursos la criba ya existe. Javier Cortés, director general del colegio donostiarra Summa Aldapeta, señala que una prueba de este tipo «no te va a decir qué inteligencia emocional tiene un profesor ni te mide la vocación». Por eso, él propone otra medida. « Una buena apuesta sería hacer un MIR de maestros con un período de formación tan intenso como el de los médicos», afirma.

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