Dieta para sanear el cuerpo tras el verano

Dieta para sanear el cuerpo tras el verano

Aunque se haya intentado comer de forma sana y realizado ejercicio de manera regular, las vacaciones nos aportan un peso extra de casi dos kilos. En tres semanas se pueden perder sin pasar hambre ni hacer tonterías

FERMÍN APEZTEGUIA

Las vacaciones pasan factura. Por mucho que uno se cuide, mantenga una dieta sana y siga realizando ejercicio de manera regular, la mayoría de las personas gana durante el verano una media de casi dos kilos que, o se eliminan o se corre el peligro de que se queden ahí para siempre. No hay que asustarse, pero tampoco precipitarse. Quitárselos de en medio es fácil, pero como recuerda el médico nutricionista Javier Aranceta, hay que hacerlo bien, con cabeza, para evitar que el organismo se vuelva loco y acabe produciéndose el conocido como ‘efecto yo-yo’. De tanto subir y bajar peso, el metabolismo se desequilibra y uno gana volumen aunque coma como un jilguero y pase más hambre que el perro de un afilador, que –como se sabe– se comía las chispas para meterse algo caliente. En tres semanas, como mucho un mes, en función del objetivo que se persiga, una dieta depurativa, bien hecha, nos dejará otra vez como nuevos.

«No todo el mundo en vacaciones gana peso», explica el presidente del Comité Científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). «Hay gente que, incluso, se mueve más y que aprovecha también para cuidarse», argumenta Aranceta. Cada vez son más quienes lo hacen así, e incluso, los que aprovechan el mayor tiempo libre para realizar rutas gastronómicas, que conllevan comidas «estupendas, incluso desde el punto de vista nutricional», pero que acaban pasando factura. No por la calidad de las jamadas, sino por la cantidad.

Viene muy bien practicar de forma periódica un saneo del cuerpo para eliminar las sustancias que lo ‘intoxican’. Más aún en una cultura como la nuestra, tan íntimamente ligada a la gastronomía, donde todo se festeja en torno a la mesa y el calendario está repleto de buenas excusas para colgarse una servilleta al cuello. El proceso de depuración debe sostenerse sobre dos pilares: la dieta y, por mucho que cueste, no lo olvide, el ejercicio.

El pan, para empujar

De nada, o de muy poco, sirve mantener una alimentación ajustada a los patrones de la dieta mediterránea, si luego uno se pasa el día tirado en el sofá, zapeando, viendo vídeos o jugando con la consola. Hay que, al menos, salir a caminar, a un ritmo constante, que sienta que cuesta un poco mantener una conversación normal. Y tiene que ser así durante una hora o mejor hora y media, al menos tres días a la semana. Si el ocio del verano le llevó a dejar el gimnasio, vuelva a él;si no iba, comience a hacerlo. «No se trata de ponernos como un maniquí, sino de recuperar nuestro peso habitual y mantener un estilo de vida sano», aconseja el experto.

Con las comidas tampoco hace falta embarcarse en grandes aventuras, sino «comprometerse con la consecución de objetivos sencillos». La primera buena idea que puede ponerse en práctica consiste en suprimir el pan de las comidas. Que nos sirva sólo para empujar. Es muy sano, pero ahora buscamos quitarnos ese kilo y medio o dos que nos sobran.

Con él tienen que desaparecer también los bocadillos, el queso por supuesto –especialmente los de untar– y limitarse la toma de leche a la estrictamente necesaria, sin pasarse. Fuera los postres, especialmente los lácteos, ni siquiera entre horas. Las comidas pueden terminarse con fruta, preferiblemente pera conferencia o manzana, mejor reineta, que es menos dulce. La piña, en cambio, aunque es dulce, también puede estar muy bien, porque ayuda a digerir las comidas.

Ay, entre horas

Entre horas, por supuesto, olvídese del picoteo; y si tiene hambre aléjese de pinchitos, ni de tortilla, ni de nada. Una pieza de fruta le ayudará a saciar el apetito y contribuirá a eliminar toxinas y peso del organismo. Tampoco el zumo de naranja resulta recomendable en este tiempo. Contiene poca o ninguna fibra y demasiado azúcar. Un buen plan para este proceso de regeneración podría comenzar con un desayuno con cereales ricos en fibra, que sacian el hambre y permiten ingerir unas 100 calorías menos. Recuerde: ni pan, ni tostadas.

A mediodía bastaría con una ensalada y, para la cena huevos, carne o pescado, pero a la plancha. Beba agua. Hay que eliminar todo alcohol salvo, si quiere, la famosa copita de vino al día, que es cardiosaludable. Ni una gota más. Con una pauta así, en dos o tres semanas, como mucho un mes, estará otra vez como nuevo. «Hay que intentarlo, que un mes se pasa enseguida», anima Javier Aranceta.

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