Devorados por los plásticos

Peces y bolsas de plástico comparten mar. /MIKE NELSON / EFE
Peces y bolsas de plástico comparten mar. / MIKE NELSON / EFE

El 80% de estos residuos van a parar al mar, formando 'islas-basura'

ALBERTO ARTIGAS

¿Se imagina quince estadios de Anoeta llenos de botellas de plástico hasta la bandera? No es ficción, podría ocurrir si utilizáramos el campo de fútbol como depósito de las más de 20.000 toneladas de estos envases que se generan en Gipuzkoa al cabo del año. Y eso solo con botellas. Si esto ocurre en nuestro territorio, pensemos la cantidad de plástico que se acumula en el mundo cada año. Este polímero orgánico está invadiendo el mundo y es en el mar donde las consecuencias de esta degradación es más alarmante.

El 80% de los residuos van a parar a los océanos, donde se configuran auténticas islas de desperdicios que transitan a la deriva sobre las aguas. El problema es de tal magnitud que debería hacernos meditar un segundo cuando vamos al supermercado o nos ofrecen en la farmacia envolver un medicamento, a sabiendas que esa pequeña bolsa va a ir inmediatamente a la basura.

Son los datos los que encendieron hace tiempo las alarmas. Desde mediados del siglo pasado se han fabricado casi 9.500 toneladas métricas de plástico. Del total, casi 7.000 millones se han convertido en basura, porque no llega al 10% lo que se recicla en el mundo. Al tratarse en general de materiales que no son biodegradables, el reciclaje no resulta una solución perfecta. Este proceso solo consigue ampliar la vida del plástico tratado, que al igual que el resto acabará siendo arrojado, probablemente al mar.

Un estudio de la Universidad de Georgia calcula que en el año 2050 se contabilizarán más de 12.000 millones de toneladas que acabarán en vertederos. Solo en el año 2010, según este informe, 12 millones de toneladas fueron arrojadas al mar. Este es el motivo de que se hayan formado media docena de ‘islas-basura’ en el planeta, integradas solo por desperdicios. Las más grandes marchan a la deriva por el norte del Pacífico y del Atlántico. La primera de ellas la descubrió el oceanógrafo Charles More hace ya 20 años. Se calcula un tamaño aproximado de 1.500 kilómetros cuadrados (Gipuzkoa tiene 1.980).

Las partículas de plástico flotante se asemejan al zooplancton, por lo cual puede ser consumido accidentalmente por los peces. Muchos deshechos de larga duración terminan en los estómagos de las aves marinas y animales del mar. Un riesgo alto para su salud y, en definitiva, para el futuro del planeta.

Muchas organizaciones luchan por incorporar nuevas conductas en los ciudadanos para intentar mitigar el problema. Las recomendaciones coinciden y son sencillas si las vamos sumando a nuestros hábitos de vida. Se aconseja evitar las bolsas de plástico de un solo uso, así como vasos, cubiertos o pajitas de este material. Es conveniente acostumbrarse a las bolsas de tela, cestas o carros. Se debe priorizar la compra de botellas y envases reutilizables y retornables. En definitiva, pequeños cambios que sumados generarán una transformación, porque reciclar, al igual que rectificar, también es de sabios.

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