Los desvíos desde Loiu acaban muy lejos de Euskadi

Los desvíos desde Loiu acaban muy lejos de EuskadiGráfico

Cuando el mal tiempo impide aterrizar en Bilbao, las aerolíneas ni se plantean volar a Vitoria. Los costes de operar en el aeropuerto alavés y su horario provocan que en 2017 sólo acogiese dos de los 91 desvíos, que se fueron a terminales mucho más lejanas

LUIS LÓPEZ SAN SEBASTIÁN.

Hay situaciones que parecen desafiar a la lógica. Un ejemplo: que cuando un vuelo no puede aterrizar en el aeropuerto de Loiu -sobre todo, por el viento- se vaya a Pau, o de regreso a Barcelona, o a cualquier otro sitio remoto, en vez de quedarse en el fantástico aeropuerto de Foronda, ahí al lado. Eso es lo que ocurrió el martes de esta semana. Otra vez. Con el comprensible agobio para cientos de pasajeros que se vieron obligados a pasar la noche varados en un hotel, o se tuvieron que enfrentar a un viaje de horas por carretera en autobús o en un coche alquilado. Y todo eso después de haber sobrevolado su casa durante unos minutos fugaces y convulsos. Qué rabia.

Lo que pasa es que Foronda ya no aparece en los planes de vuelo de las aerolíneas, esos que dicen a qué aeropuerto alternativo hay que ir cuando no se puede tomar tierra en destino, o cuando a alguien le da un infarto, o cuando el piloto se siente indispuesto... Prueba de ello es que de los 91 vuelos desviados de Loiu por motivos meteorológicos en 2017 -según datos facilitados ayer por Aena-, solo dos se fueron a la terminal alavesa. Y de los 53 a los que les ha ocurrido lo mismo en lo que va de año -30 de ellos a causa de la gran nevada del 28 de febrero-, ninguno ha optado por Vitoria.

Un galimatías

Bueno, al grano. ¿Por qué se ignora a Foronda, un aeropuerto estupendo concebido para acoger vuelos transoceánicos, donde se ha posado el avión más grande el mundo (el Antonov), que está situado en medio de una llanura suave, y a poco más de media hora de Bilbao por carretera? Las aerolíneas esgrimen dos motivos: los horarios limitados de la terminal, y el coste que les supone utilizarla de manera puntual.

Lo de los horarios es muy fácil de explicar. Foronda está abierto de lunes a viernes de 20.30 a 8.30 horas. Es decir, por la noche. El sábado cierra, y el domingo abre a las 22.15. Además, durante el día, se abre una 'ventana', una franja temporal, en la que da servicio; por ejemplo, de lunes a miércoles es de 12.30 a 16.30 horas. Quizás sea lo adecuado para el tráfico de mercancías, pero es un galimatías si lo que se busca es una infraestructura alternativa para desviar a un avión de pasajeros, para atender imprevistos que, por su propia naturaleza, es imposible prever cuándo se van a producir. Así que, según las aerolíneas, no se puede tener en consideración a la terminal alavesa.

La relevancia de esta cuestión es muy visible en la evolución histórica. Entre 2009 y 2012, cuando Foronda estaba operativo durante las 24 horas del día -era lo que se conoce como un aeropuerto H24-, acogió a 113 aviones que no pudieron tomar tierra en Bilbao. El año pasado, con las actuales limitaciones horarias, se quedaron en los dos antes mencionados. Desde la sociedad promotora de la terminal (Vitoria International Airport, VIA) asumen que sin el H24 es inviable que las aerolíneas les tengan en cuenta.

Pero incluso con el H24 estaríamos lejos de resolver el problema porque, además de los horarios, las compañías aéreas tienen que mirar la cuestión económica. En fin, que desviarse a Vitoria les sale caro. Igual que hacerlo a cualquier instalación donde no operen de manera regular. Y eso es así por dos razones. Primero, porque carecen del soporte necesario para atender a sus aviones y a sus pasajeros. No tienen sus propios servicios de 'handling', la asistencia en tierra. Eso significa que tendrían que contratarlos a otras firmas, con el coste adicional que supondría para la operación.

Con todo, las aerolíneas relativizan la relevancia de esta variable. Y apuntan una segunda cuestión de índole económica que justifica el hecho de esquivar Foronda -y cualquier otro aeropuerto fuera de sus rutas habituales- y marcharse a terminales más lejanas: mantener la operativa de la compañía en su globalidad. Para entender esto, como paso previo, hay que tener en cuenta que un avión en tierra es una máquina de quemar dinero. Los aviones, para ser rentables, tienen que volar. Y volar llenos, no vacíos.

Efecto dominó

Lo de mantener la operativa se aprecia bien en lo ocurrido el martes: el vuelo de Air France que no pudo tomar tierra en Loiu se fue a Biarritz (aunque finalmente aterrizó en Pau); y el de Vueling regresó a Barcelona. Es decir, ambas aerolíneas se retiraron a terminales donde operan de manera habitual, donde tienen más aviones, y donde pueden dar salida a la nave en vuelos posteriores. Si se quedasen en Foronda, luego estarían abocados a volar vacíos sin dar servicio alguno.

Dicho todo esto, también hay que apuntar que existen excepciones. Por ejemplo, el mes pasado aterrizó en Foronda un avión de Vueling que en principio iba a Loiu. No lo hizo porque hubiese vendaval o mal tiempo en Bilbao, sino porque salió con retraso de Barcelona y se encontró con la terminal vizcaína cerrada. Ya lo sabía cuando despegó. ¿Por qué lo hizo? Desde la aerolínea explican que en este tipo de situaciones hay un equipo de personas que deben tomar decisiones rápido y analizando muchas variables para que «el impacto sea el menor posible en los viajeros y en la operativa».

En este caso, se trataba de un aparato que hacía la ruta Barcelona-Bilbao-Málaga. De haberse quedado en Barcelona, a la mañana siguiente no estaría en Málaga, y eso afectaría a los pasajeros a quienes tuviese previsto dar servicio. Una especie de efecto dominó. Recuerde: un avión parado es una ruina, y por eso cada aparato tiene una agenda bastante ajustada. Así que, en este caso, parar en Vitoria salía a cuenta en términos económicos y de satisfacción del pasaje. Porque hay más cuentas que hacer. Muchas variables a tener en cuenta: el coste de la noche para los pasajeros afectados por una cancelación que se queden en el origen, las posibilidades de recolocación al día siguiente -si los vuelos están llenos o no-, el daño reputacional...

Lo que está claro es que cuando ocurre un imprevisto de cualquier naturaleza no hay solución buena para todos: habrá quien, en caso de cancelación o desvío, quiera viajar toda la noche por carretera para estar al día siguiente en su lugar de destino; otros que prefieran pasar noche en un hotel en el origen y volar por la mañana; otros renunciarán al viaje... Eso sí, casi nadie hará esos cálculos en Foronda, porque hasta allí no se va casi nunca.

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