Una década de acuerdos bilaterales de distinto alcance

Hasta que en 2007 se creó el entonces llamado Instituto Navarro del Vascuence, la Comunidad Foral carecía de un organismo que coordinara y dinamizara las políticas lingüísticas públicas. Para entonces, ya llevaba dos años funcionando el Office Publique de la Langue Basque, cuyo primer presidente fue Max Brisson, entonces figura destacada de la UMP, hoy de Les Républicains. Fue él quien puso su firma junto a la de Miren Azkarate en el primer acuerdo marco de colaboración que suscribieron la Oficina Pública del Euskera y el Gobierno Vasco, inaugurando una fructífera década de entendimiento. El pasado mes de marzo el acuerdo fue renovado hasta 2022.

Con Navarra la cosa ha sido más complicada. La propia Azkarate firmó en 2009 un primer acuerdo de colaboración con el consejero de Educación Carlos Pérez Nievas (CDN), cesado ese mismo año por votar a favor de la reforma de la Ley del Euskera. Sin embargo, la cooperación no terminó de arrancar hasta que en 2012 se firmó un convenio que, como indicó entonces la consejera Blanca Urgell, superó «décadas de recelos y malos entendidos».

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