La curiosa razón por la que olvidas algo que estabas a punto de hacer

Los científicos propusieron a 55 estudiantes probar una especie de videojuego

BITÁCORASSAN SEBASTIÁN

Te ha pasado un montón de veces. Acabas de poner la mesa en el comedor, te das cuenta de que faltan los vasos y te diriges a la cocina para cogerlos. Pero en cuanto atraviesas la puerta de la estancia, olvidas por completo qué era lo que ibas a hacer allí. Aunque eres capaz de recordarlo en pocos segundos, vives unos instantes de laguna mental en los que realmente te has quedado en blanco. ¿Cómo se explica este fenómeno, tan curioso como familiar para la mayor parte de la gente?

En 2011, un equipo de investigadores liderado por Gabriel Radvansky llevó a cabo un estudio para determinar si existe alguna relación entre los cambios de entorno y esas súbitas y fugaces pérdidas de memoria. Según sus hallazgos, sí podría haberla. Los lapsus de ese tipo son comparables, por ejemplo, a los titubeos de un ordenador cuando ejecuta demasiadas tareas de manera simultánea.

Los científicos propusieron a 55 estudiantes probar una especie de videojuego. En él tenían que recorrer un edificio virtual mientras recogían diversos objetos y los llevaban de unas habitaciones a otras usando cajas cerradas. De vez en cuando la imagen de un objeto aparecía en pantalla. Si era el que tenían entre manos en ese momento o el que acababan de dejar en el cuarto anterior debían hacer clic en un botón determinado, sin poder mirar dentro de la caja antes de responder. En una segunda fase se recrearon las mismas condiciones en un escenario real.

En ambos casos se recogieron resultados similares. Al cruzar el marco de una puerta los participantes olvidaban con frecuencia el contenido de la caja que cargaban, pero esto no sucedía si se les formulaba la pregunta antes de cambiar de habitación. Los investigadores del departamento de Psicología de la Universidad de Notre Dame (Indiana, Estados Unidos) consideran que esto aporta datos muy interesantes sobre la forma en que funciona nuestra memoria.

En cierto modo, percibimos los muros y las paredes no sólo como separadores de espacios, sino también de contextos. Por eso la fuerza de nuestra atención se concentra en puntos distintos cuando cambiamos de estancia, tanto que podemos llegar a olvidar algo relacionado con el cuarto del que acabamos de salir. La próxima vez que te quedes en blanco al entrar en la cocina, no te preocupes y dale unos segundos a tu 'ordenador cerebral' para volver a trabajar como esperas de él.

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