Criar a un hijo en Gipuzkoa cuesta un mínimo de 100.000 euros hasta los 18 años

Gráfico

El cálculo depende de muchos factores, como los objetos que se heredan o la elección del colegio público o concertado

Arantxa Aldaz
ARANTXA ALDAZ

Calcular lo que cuesta un hijo tiene un principio pero puede no tener fin. Lo que está claro es que si se saca la calculadora, el resultado suma un dineral. Un mínimo de 100.000 euros, sin demasiados extras, hasta que cumplen la mayoría de edad. El cálculo depende de muchos factores, desde si los padres tienen la suerte de heredar accesorios (la cuna o el carrito del bebé) o las preferencias por un centro público o concertado. Para hacer números, se ha actualizado el estudio publicado hace diez años por la Confederación Española de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (Ceaccu).

El gran desembolso se hace antes de que nazca el bebé. Los padres tienen que tener todo preparado, desde la cuna, el cambiador o la silla de seguridad para el coche. El capítulo de la alimentación dependerá de si se opta por la lactancia materna (normalmente, una media de 4 o 5 meses, hasta que la madre se incorpora al trabajo después del permiso de maternidad). Empezarán entonces a comprar las leches adaptadas, a un precio medio de unos 12 euros, aunque las hay hasta de 20 euros por tarro. La partida estrella se la llevan los pañales y los productos de higiene para bebés. La oferta de productos se ha disparado, así que serán los padres y el sentido común los que decidirán dónde poner el freno.

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Si el bebé es cuidado en guardería, la cartera empieza a tener que abonar una media mensual de entre 118 y 208 euros en una guardería pública por jornada completa y servicio de comedor incluido (el precio varía en función de la renta) y unos 300 euros en una privada.

A medida que el bebé va creciendo las partidas también engordan. El primer respiro llega cuando el niño o la niña deja el pañal, lo que permite ahorrar unos 50 euros al mes (cada pañal sale a 0,25 euros, y los de marca blanca, a 0,15 euros). Pero enseguida se incorporan otros gastos, como un mayor desembolso en alimentación y en ropa y calzado, porque a esas edades la ropa y el calzado se quedan pequeños en un visto y no visto. Aquellos que puedan heredar de hermanos mayores, primos o amigos pueden considerarse unos afortunados.

El inicio de la etapa escolar, normalmente en el aula de dos años, permite decir adiós a los gastos de guardería pero da la bienvenida a otros gastos por servicios como el comedor y el transporte. En los centros públicos, el coste de materiales y libros no comienza hasta los seis años (unos 30 euros por año, a los que hay que sumar los gastos de materiales que cada centro decida). También se suele pagar una cuota anual, que varía. Y luego se pueden sumar actividades extraescolares subvencionadas (alrededor de 10 o 13 euros al mes). El servicio de comedor supone un gasto de 92 euros al mes para un servicio habitual (4,6 euros al día). El acceso al comedor de forma esporádica cuesta 5,2 euros al día. Además, el Departamento de Educación financia un amplio abanico de becas para las rentas más bajas (61.000 de comedor y 124.000 para material didáctico). La elección de un centro concertado dispara el coste. La cuota mensual suele rondar los 80 euros, a los que luego hay que sumar unos 135 euros de comedor y otros 100 si va en autobús.

En los gastos de educación también hay que contar con que en verano los chavales tienen que estar atendidos mientras sus padres trabajan. Hay familias que recurren a los abuelos, y otras que contratan a cuidadoras o apuntan a los críos a campamentos de verano, colonias urbanas, actividades (música, deporte...). Puede suponer unos 300 euros al mes por hijo.

Con la llegada a la adolescencia crecen los gastos de ropa y, sobre todo, tecnología. Es la época del móvil y el ordenador. Cumplir la mayoría de edad, además, no significa volar del nido familiar. Al contrario, el retraso en la edad de emancipación (ahora casi es a los 30 años) obliga a los padres a seguir manteniendo a sus hijos. Las asociaciones alertan de una pobreza encubierta, la de aquellos jóvenes, sin trabajo o con un sueldo precario, que no pueden dejar el hogar familiar porque se verían abocados a una situación de extrema necesidad.

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