Coches con pilas de hidrógeno, la tercera revolución verde

Coches con pilas de hidrógeno, la tercera revolución verde

El proyecto europeo H2ME pretende allanar el camino para la incursión de esta tecnología siguiendo los pasos de Japón

IÑIGO PUERTA

Los coches híbridos ya están disponibles en numerosos concesionarios y los modelos eléctricos, aun perdiendo la batalla comercial debido a sus limitaciones de autonomía y repostaje, son cada vez más comunes. Mientras los primeros apuestan por combinar la combustión de gasolina con baterías eléctricas recargables y obtienen muy buenos resultados sobre todo para su uso en ciudad, los puramente eléctricos no alcanzan autonomías reseñables salvo en modelos de precios astronómicos como el ‘Tesla Model S’, mientras su tiempo de carga puede convertirse en un quebradero de cabeza.

En esta tendencia creciente de compromiso hacia un futuro cada vez menos contaminante, se prevé que el otro combustible que moverá nuestros utilitarios en un futuro no muy lejano sean las pilas de hidrógeno. Con esta tecnología, básicamente se genera una reacción química del hidrógeno con el oxígeno en un depósito, creando electricidad y expulsando agua. El resultante es que la emisión contaminante de CO2 desaparece. En vez del humo negro, se expulsa vapor de agua. Algo tan mágico como antiguo, ya que esta tecnología existe desde hace más de 40 años. La dificultad radicaba en aplicarla.

Aparte de los intereses de la industria petrolera mundial, a la que le interesaría incluir puntos de recarga en sus estaciones de servicio, dos hándicaps acechan su desarrollo. El primer jaque radica en su ‘limpieza’. Actualmente, para conseguir producir la mayoría del hidrógeno almacenado en el mundo, se ha tenido que recurrir a los combustibles fósiles. Es decir, para generar la electrolisis que desde el agua separa el hidrógeno del oxígeno, se contamina. Por tanto se trabaja para que el hidrógeno provenga de energías renovables como la eólica y su rastro contaminante desaparezca. Como ejemplo, en una planta eólica de Sheffield en Inglaterra, una turbina eólica dedica su energía para producir el hidrógeno a partir de la electrolisis del agua.

El segundo problema es el repostaje. Al igual que con las baterías eléctricas dispensadas se pueden evitar las largas recargas desde la red, las pilas de hidrógeno necesitan de una amplia red de puntos para garantizar energía y autonomía. En Europa, Dinamarca es pionera en este tipo de abastecimiento, con una red de diez ‘gasolineras’. Los vehículos pueden cargarse en menos de cinco minutos y las autonomías rondan los 500km según los modelos. Un proyecto europeo llamado H2ME ya está en marcha con el objetivo de ampliar estos centros de carga en los próximos dos años hasta los 50 en territorio comunitario y poder duplicar los coches movidos por hidrógeno, que por ahora se limitan a unos cientos.

El desafío de las investigaciones también radica en optimizar la eficacia de los electrolizadores. Incluso que el proceso de obtención de hidrógeno purificado pueda generarse en los mismos puntos de recarga, para ahorrar emisiones y energía en el transporte de combustible. Adherido a este proceso, se intentará que los precios de estos coches, por ahora caros, lleguen a rebajarse notablemente en los próximos diez años. Tanto Toyota con su ‘Mirai’ como Honda con el ‘FCV Clarity’ han entregado modelos empujados por pilas de hidrógeno y hacen fuerza común para que en Japón se extienda esta tecnología junto al respaldo de su gobierno, que espera que el parque circulante llegue hasta las 40.000 unidades en 2020. Honda incluso ha desarrollado ‘miniestaciones’ domésticas de producción de H2 que ocupan el espacio de una nevera y en territorio japonés ya existen las ‘minifactorías’ de hidrógeno generado a través de energía solar. Una infraestructura que está tratando de dar sus primeros pasos en Europa para garantizar la incursión de los coches de pila de hidrógeno en nuestras carreteras.

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