María Teresa Ruiz: «Silicon Valley existe gracias a la investigación de los viajes lunares»

La astrónoma María Teresa Ruiz./Pablo Martín (Efe)
La astrónoma María Teresa Ruiz. / Pablo Martín (Efe)

«La sociedad está más implicada y quiere saber de lo que sucede en el mundo», asegura la divulgadora chilena

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

El auditorio no podía ser más extraño. Un tercio de los espectadores que acudieron a escuchar a la divulgadora María Teresa Ruiz (Santiago de Chile, 1946) estaba formado por niños de una escuela cercana; otro tercio, era en su mayoría señoras; y otra tercio estaba formado por militares. «Estaba horrorizada. ¿Cómo les iba a hablar yo del universo? Eran grupos muy diferentes?», explica la astrónoma. Sin embargo, las preguntas de los tres perfiles fueron muy similares, mostrando un interés «bárbaro» por la astronomía. «Es transversal. La astronomía gusta a todas las edades y todas las capas sociales», explica. ¿Por qué? En el caso de su especialidad por una mezcla de «curiosidad, ciencia ficción y exceso de información». En el caso de la ciencia en general, el interés ha crecido de forma exponencial. «La sociedad está más implicada y quiere saber lo que sucede. No todo el mundo pretende ser físico nuclear, pero les gusta saber un poco», añade la primera astrónoma de su país.

Ese interés por la astronomía se ve en las listas de ventas chilenas. Entre los libros más vendidos hay tres sobre el espacio. Uno de ellos es 'Hijos de las estrellas', que ahora publica debate en España. Un pequeño volumen -apenas cien páginas- donde Ruiz intenta acercar su especialidad de forma llana y concisa. Por ejemplo, que los seres humanos somos estrellas o que hay que dejar el sentido común aparcado para poder explorar el espacio. «El universo es muy raro», señala entre risas. «Hay cosas que se escapan a lógica. Y el sentido común se convierte en una barrera», apunta. El otro ingrediente básico es la «curiosidad».

Más 'ojos' para el cielo

La primera astrónoma de Chile y primera mujer en doctorarse por astrofísica en la Universidad de Princeton recuerda que cuando iba a alguno de los observatorios situados en el norte del país -los mejores del hemisferio sur; los mejores del hemisferio norte están en Canarias- y no encontraba lo que había previsto se frustraba muchísimo. «Creía que el universo se había comportado pésimo conmigo, hasta que aprendí que me estaba enseñando algo», comenta la investigadora. Ruiz no oculta las ganas de ver el nuevo 'inquilino' del cerro Armazones, en el norte del país.

Allí el Observatorio Europeo Austral (ESO) está construyendo el Telescopio Extremadamente Grande (ELT) para poder ver donde todavía nadie ha echado un vistazo. Con un espejo principal de 39 metros de diámetro, el ELT estará listo para 2024. «Es abrir una ventana a lo desconocido. Es difícil prever qué va a pasar. Te puedes encontrar con cosas más interesantes de lo que uno podía imaginar», añade la científica.

Recreación del Telescopio Extremadamente Grande (ELT).
Recreación del Telescopio Extremadamente Grande (ELT).

Sobre el futuro, ve muy difícil poder colonizar en poco tiempo otros planetas, aunque Venus y Marte están en la llamada 'zona habitable'. «En algún momento Venus fue agradable, pero se produjo un efecto invernadero tremendo y se evaporó todo. Ahora hay 450 grados en superficie», apunta. Marte también perdió su atmósfera por su falta de fuerza y gravedad. Es demasiado pequeño. Pero parece el futuro de la NASA, previo paso a la Luna. Un objetivo que se ha marcado para el final de la próxima década. «Los viajes espaciales permiten desarrollar la tecnología. Todo Silicon Valley existe gracias a la investigación de los viajes lunares. Todas esas empresas que eran chiquititas, ahora son grandes empresas de microchips», comenta Ruiz.

Pero además, el desarrollo tecnológico, «vital para mitrar hacia fuera», está permitiendo que aparezcan nuevas iniciativas para realizar viajes espaciales turísticos. «¡Qué mal panorama! Si fueran científicos o astronautas estaría bien», exclama la astrónoma sudamericana. «Yo no subiría ni aunque me amarraran, dejándome un montón de dólares, estando incómoda... Prefiero que me lo cuenten por televisión», dice sin perder la sonrisa. Solo se pone seria cuando recuerda a los «tontones» que defienden que el hombre no llego a la Luna. «Mi abuelita que era del siglo antepasado lo decía. Pero es que ahora tengo estudiantes jóvenes que también lo dicen», afirma.

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