Los mares, vertederos de plástico del planeta

El plástico se expande de forma cada vez más rápida y las oenegés ponen la mirada en consecuencias de la proliferación de plásticos en la naturaleza

Un niño busca material reciclable entre la basura que flota en un canal de India/EFE
Un niño busca material reciclable entre la basura que flota en un canal de India / EFE
Sonia Arrieta
SONIA ARRIETA

El mar se ha convertido en un vertedero difuso, carente de fronteras, que permite a la basura extenderse por todo el planeta. Las cifras son alarmantes. El plástico se expande de forma cada vez más rápida y las oenegés ponen la mirada en consecuencias de la proliferación de plásticos en la naturaleza. Aunque por ahora el foco está lejos de nuestras costas, las corrientes, tarde o temprano, acabarán acercando la basura a nuestros arenales.

En Asia, los efectos de la contaminación por plástico son dramáticos. Esta semana en Tailandia, una ballena ha muerto tras haber engullido 80 bolsas de plástico, en Vietnam, las bolsas cubren los manglares y las islas indonesias pierden a veces su aspecto paradisíaco.

El porqué de esta situación se encuentra en que China, Indonesia, Filipinas, Tailandia y Vietnam echan cada año más de cuatro millones de toneladas de plástico en los mares del planeta, esto es, la mitad de la cantidad total, según la oenegé Ocean Conservancy. Si no se hace nada para evitarlo, de aquí a 2025 habrá 250 millones de toneladas de residuos plásticos en las aguas mundiales, aseguran los investigadores. «Estamos de lleno en una crisis de contaminación por plástico, vemos en todas partes, en nuestros ríos, en nuestros océanos, en todas partes», se preocupa Ahmad Ashov Birry, activista de la oenegé Greenpeace en Indonesia. La cantidad de residuos de plásticos y polución se debe, en parte, a que los países con mayor crecimiento en Asia tienen economías basadas en gran medida en la producción de plástico y carecen de un sistema de recolección y reciclaje adecuado.

Las alertas saltan cuando muere una ballena o cuando una playa queda cubierta por plástico pero las consecuencias las padecen, día a día, los habitantes de Vietnam que viven de la pesca. Testigo de lo que ocurre es Nguyen Thi Phuong. Esta mujer ha visto cómo la zona donde salía a faenar se ha convertido en un vertedero a cielo abierto con el paso de los años. «Está tan contaminado, no es sano para los niños», explica al regresar de su pesca matutina bajo un sol abrasador, envuelta en un olor a basura y pescado. «Para nosotros es difícil atrapar gambas y peces», se lamenta Vu Quoc Viet, otro pescador que debe retirar los residuos de plástico atrapados en sus redes.

En el manglar vecino, un ecosistema frágil de marismas típico de las regiones tropicales, otros pescadores rebuscan crustáceos en el fango, sin prestar atención al mar de residuos y bolsas de plástico que constituye su entorno de trabajo. Un informe reciente de la oenegé World Animal Protection señala la peligrosidad de las redes de pesca abandonadas en el mar, que forman parte de los contaminación por plástico.

En Tailandia, una ballena murió a principios de junio. Los veterinarios encontraron más de 80 bolsas de plástico en su cuerpo, último ejemplo de las consecuencias nefastas de esta polución que solo «es la parte visible del iceberg», según John Tanzer, de la oenegé WWF. «La contaminación de nuestros océanos es tan grande que afecta a todos los niveles del ecosistema, desde los animales más pequeños hasta las ballenas», lamenta. Y las micropartículas de esos plásticos se desintegran con el paso del tiempo y acaban también en el agua que millones de asiáticos beben cada día.

La oenegé Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza está llevando a cabo un estudio mundial sobre los efectos de esas partículas cuyas consecuencias para la salud todavía se desconocen. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ya lo considera un riesgo emergente y la Organización de Consumidores y Usuarios ha alertado este martes, coincidiendo con el Día Mundial del Medio Ambiente, de que casi dos tercios de los moluscos, sal y crustáceos contienen microplásticos.

Para llegar a esta conclusión la OCU ha realizado un análisis en 102 alimentos de origen marino entre los que se encuentran sal, moluscos (mejillones, almejas y chirlas) y crustáceos (langosta, gambas y langostinos) y ha detectado presencia de microplásticos en 69 de ellos (68%), principalmente microfibras y microfilms, según ha informado la organización.

En este sentido, el 66% de las muestras de sal analizadas en el estudio de OCU contenía microplásticos provenientes del medio ambiente y no del envase o el método de obtención, ya que no existen diferencias significativas entre los resultados de la sal envasada en plástico, cristal o cartón, ni entre la procesada industrialmente y la procesada manualmente.

En concreto, la llamada «flor de sal», que cristaliza en la superficie de las salinas marinas, ha resultado ser la más rica en microplásticos, lo que podría deberse a una mayor contaminación ambiental o a su estructura escamosa, capaz de retener más partículas.

Por su parte, a pesar de que los moluscos deben someterse a un tratamiento de depuración cuando están destinados al consumo humano, la OCU ha encontrado microplásticos en un 71% de las muestras que, como en el resto de los casos, corresponden sobre todo a microfibras y, en menor medida, a microgránulos y microfilms. Por último, se han hallado microplásticos en un 66% de las muestras de crustáceos analizadas, sin detectar diferencias entre langostas, langostinos y gambas, tipos de envase o estado en el que se compraron (frescos o congelados).

La contaminación de los mares amenaza con convertirse en un problema de salud pública, especialmente por la presencia de microplásticos y nanoplásticos en los alimentos. Y es que la presencia de plásticos en el mar no es sólo un problema ambiental, sino que afecta ya a actividades económicas como el turismo o la pesca.

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