Los genes, claves en el éxito o fracaso de las aves frente al cambio climático

Las variaciones térmicas impactan de manera dramática en la biodiversidad de la Tierra

EUROPA PRESS

Un nuevo estudio que analiza los genomas de las chipes amarillas en América del Norte revela cómo algunas subpoblaciones son más "genéticamente vulnerables" a los cambios asociados con el cambio climático y que los genes vinculados al comportamiento exploratorio y migratorio pueden ser importantes para una adaptación climática exitosa.

El cambio climático está teniendo un impacto dramático en la biodiversidad de la Tierra, donde las rápidas fluctuaciones de temperatura y precipitación están alterando los ambientes. Para comprender mejor la capacidad potencial de las especies para adaptarse a estos cambios, la profesora Rachael Bay y sus colegas de la Universidad de California, en Estados unidos, analizaron datos genéticos de 229 chipes amarillas ('Setophaga petechia'), que viven en una variedad de hábitats, desde marismas y bosques hasta áreas urbanizadas, que habitan en diferentes sitios de América del Norte.

Los datos revelan que las poblaciones varían genéticamente en todo el paisaje. Después, los investigadores analizaron la relación entre la variación genómica de cada subpoblación y su entorno respectivo, comparando estos datos con las predicciones de cómo la variación genética futura podría permitir la adaptación a los cambios en entornos futuros.

Encontraron que la precipitación es el factor climático con la asociación más fuerte con rasgos genómicos específicos, un fenómeno que podría explicar por qué las subpoblaciones determinaron tener la "vulnerabilidad genómica más alta" (o el mayor desajuste entre los rasgos genómicos actuales y los necesarios para adaptarse al cambio ambiental) se producen desde las Montañas Rocosas del sur hasta Alaska, una región que sufre de sequías en los últimos años.

Como era de esperar, la vulnerabilidad genómica crece en escenarios de cambio climático más severos. Se descubrió que dos genes asociados con la migración, DRD4 y DEAF1, son protectores contra los efectos del cambio climático. Los autores señalan que DRD4 en particular, un receptor de la dopamina, se ha estudiado ampliamente por su implicación en el comportamiento de búsqueda de novedades en primates, peces y aves.

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