Cuando el cielo habla

Cuando el cielo habla

Muchas palabras del firmamento están presentes en nuestro lenguaje

ALBERTO ARTIGAS

Inmenso, sobrecogedor y misterioso. El firmamento entraña uno de los grandes misterios de la vida, tan inaccesible y grandioso que puede producir sensaciones que van desde el embelesamiento al pavor. Era previsible que algo tan excepcional fuera el génesis de muchas de nuestra palabras cotidianas para expresar estados de ánimo como el cariño (es un cielo), entusiasmo (galáctico), rapidez (meteórico) y desgracia (me estrellé).

Numerosas palabras del firmamento están presentes en nuestro lenguaje habitual, como ‘desear’, que procede del latín ‘desiderare’ (contemplar la estrella) o ‘desastre’ que proviene del italiano ‘disastro’ (mal astro).

Acaba de llegar a las librerías la traducción de un libro de Daniel Kunth, «Las palabras del cielo», una estimulante travesía etimológico-científica sobre el cosmos. Este parisino ha dedicado su vida a observar el universo, el astrónomo del Instituto de Astrofísica de París y director de investigaciones del Centro Nacional de Investigación Científica se ha dedicado a descifrar algunos de los misterios de los cuerpos celestes.

Pero también ha ido más allá de la ciencia para descubrir su influencia en nuestras vidas. Y en esa búsqueda ha encontrado el gran filón de las palabras que proceden del cielo, que se ha convertido en lo más importante para este astrofísicos. Hace casi treinta años organizó el primer festival «Nuits des étoiles», (Noches de estrellas), una cita nocturna que realiza el 12 de agosto para observar la estrellas fugaces de la noche de San Lorenzo.

La denominada lluvia de las Perseidas, un fenómeno que se produce todos los años cuando la Tierra atraviesa, en su trayectoria en torno al Sol, la estela del cometa Swift-Tuttle, lo que provoca que multitud de partículas choquen contra la atmósfera y se generen numerosos destellos de luz.

Un encuentro a medianoche, que a lo largo de los años se ha ido extendiendo a otros países. Fue en una de estas citas cuando a Kunth se le ocurrieron los primeros vocablos celestes. Canícula (del latín canis, perro), es uno de ellos y designa una situación extrema de al alta temperatura en verano, porque la estrella Sirio (el perro del cazador Orion) se ve más brillante en las noches que están despejadas.

Ha sido a lo largo de todos estos años, con la colaboración de los incondicionales que le acompañan a las quedadas nocturnas, los que han servido para que naciera la colección lingüística de Kunth que suma más de 200 palabras, recopiladas en el libro de cuidada edición y titulado ‘Las Palabras del Cielo’. Navegando por este territorio fronterizo entre la ciencia y el lenguaje, el texto descubre con originalidad y gran imaginación una infinidad de curiosidades. La palabra cielo, por ejemplo, ha dado origen a numerosos términos, como celeste, cerúleo o arco iris. Y así, hasta 200 palabras.

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