Diario Vasco

Rosetta se apaga para siempre

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Animación por ordenador que muestra la sonda Rosetta. / Efe I Atlas

  • La sonda europea, la primera en viajar alrededor del sol junto a un cometa, ha acabado hoy su misión tras doce años

  • Los investigadores de la ESA le enviaron las instrucciones para que la nave frenase y chocase con suavidad contra el astro que logró cazar en 2014

Doce años después de partir a la caza del cometa 67-P 'Chury', este viernes la sonda Rosetta se ha apagado para siempre. En sus tripas electrónicas tenía las instrucciones que han hecho que reduzca su velocidad y choque, suavemente, contra el suelo que con tanto ahínco ha estudiado. En cuanto sus sensores han detectado la colisión, ha enviado sus últimas fotos a la Tierra y se ha desactivado por completo. Su cadáver surca el espacio a bordo de su propio cementerio de hielo, polvo y partículas orgánicas.

«Va a ser un día raro, un poco triste», asegura Michael Küppers, investigador de la Agencia Espacial Europea (ESA) y coordinador de Operaciones Científicas de la misión Rosetta. «Todas las grandes ocasiones anteriores eran hitos de la misión, metas que teníamos que superar, pero esta vez esperamos un aterrizaje exitoso y que se acabe la comunicación». Hoy es el día de celebrar que la misión ha concluido con éxito, pero también el fin de una aventura inédita. Nunca antes una nave humana había acompañado a un cometa en su viaje alrededor del sol y no hay planes de que vaya a suceder pronto.

Llegar hasta 67-P Churyumov-Gerasimenko 'Chury' no fue fácil. Para interceptar el cometa, que apenas es un pedrusco que viaja por la inmensidad del espacio a toda velocidad, Rosetta tuvo que ponerse en órbita alrededor del sol y después hacer tres pasadas rasantes a la Tierra y otra a Marte. Con estas maniobras, denominadas «de asistencia gravitatoria», consiguió cambiar su trayectoria y su velocidad para coincidir con el cometa diez años después de empezar la misión. El 6 de agosto de 2014 se situó por primera vez a 100 kilómetros de su objetivo. Acabaría pasando a menos de 10 kilómetros de su irregular geografía, y también lanzando una pequeña sonda, 'Philae', que malogró su aterrizaje y acabó atrapada en un oscuro recoveco sin acceso a suficiente luz solar para cargar sus baterías.

«Claro que la misión se puede considerar un éxito», afirma Küppers. «Hemos aprendido mucho sobre los cometas, y también sobre el origen del Sistema Solar». Durante sus meses junto a 'Chury', Rosetta ha aportado datos fundamentales sobre estos misteriosos cuerpos celestes. Entre otros hallazgos, que en 'Chury', y probablemente en otros, se pueden encontrar los elementos químicos fundamentales para la vida. También pudo documentar cómo el hielo del interior sublimaba -pasaba de sólido a gaseoso- para convertirse en la característica cola. «Antes de Rosetta solo se habían hecho algunos sobrevuelos de cometas, esta ha sido la primera vez que hemos podido estudiarlo con detalle», sentencia el investigador de la ESA.     

Una colisión a cámara lenta

Incluso el incidente de 'Philae', que no se pudo enganchar donde esperaban porque los garfios para anclarse rebotaron en vez de clavarse, no fue tan grave. «Para algunos de los instrumentos fue beneficioso y para otros una pérdida», aclara Küppers. «La pérdida más significativa fue que no pudimos estudiar la superficie con espectrómetros de masa».

La misión 'nominal' de Rosetta -la prevista antes del despegue- duraba hasta finales de 2015, una vez superado el perihelio, el punto más cercano al sol, de su viaje alrededor de este. Entonces decidieron ampliarla nueve meses más, hasta hoy. «Le espera un impacto controlado», recalca el investigador. Un aterrizaje a unos 90 centímetros por segundo -más o menos la velocidad de un adulto caminando- que estiman que solo le rompa los paneles solares «que son muy largos y frágiles».

«Rosetta va a quedarse ahí. Vamos a perder contacto con ella porque se va a apagar, pero es poco probable que se destruya en un sentido mecánico», explica Küppers. Las instrucciones que le han enviado son las que han ejecutado la maniobra de descenso -que implican frenarla un poco, lo justo para aterrizar donde quieren- y las que han dado la orden de apagar todo cuando los sensores perciban la colisión. «Está preparada para entrar en un modo seguro cuando pasa algo no nominal», recalca. Es decir, cuando pasa algo inesperado, como un golpe contra el suelo. «Y de ahí ya no podremos sacarla, es un final limpio».

Para su apoteosis final, la ESA ha elegido acabar la misión a lo grande, y hacer ciencia hasta el último segundo. El lugar de impacto elegido es una fosa, bautizada como Deir-el-Medina, donde creen que hay elementos que no han cambiado nunca desde el origen del sistema solar hace 4.500 millones de años. «Lo que hará es tomar fotos y transmitirlas hasta el final». Hoy, en torno a las 13.20 horas, llegará la última. Esperan que sea tan cercana al suelo que no sea vea nada. Fundido a negro.

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