Los cien años de Ordesa

Los cien años de Ordesa

El parque nacional más próximo a Gipuzkoa es un regalo de la naturaleza que recibe unos 600.000 visitantes anuales

BORJA OLAIZOLA

“¿No hay santuarios para el arte? ¿Por qué no ha de haber santuarios para la naturaleza, para la madre naturaleza?”. Así de elocuente se mostraba Pedro Pidal, ‘ideólogo’ de los parques nacionales, al defender en el Senado el proyecto de ley que convertiría a España en el primer país en dotarse de un marco normativo de protección del medio natural. La Ley de Parques Nacionales vio la luz en 1916 y dos años después cobró vida con la declaración de los dos primeros espacios protegidos del territorio nacional: la Montaña de Covandonga, hoy parque nacional de los Picos de Europa, y el Valle de Ordesa, en la actualidad parque nacional de Ordesa y Monte Perdido.

Ordesa se prepara pues para conmemorar el próximo año su primer siglo como parque natural. El Gobierno de Aragón, que es el que gestiona el espacio, ha nombrado una comisión especial para la efeméride. Además de ser una de las principales señas de identidad de los aragoneses, Ordesa es también un recurso turístico fundamental: es el segundo espacio más visitado de la comunidad después de la basílica de El Pilar. A los aragoneses les sobran razones para reivindicar las bondades del parque, que he hecho posible entre muchas otras cosas que las localidades que están a su alrededor no hayan experimentado una despoblación similar a la de muchos otros núcleos del Pirineo.

Pero no vamos a descubrir a estas alturas las maravillas de Ordesa. Simplemente se trata de recordar que es el parque nacional más próximo a Gipuzkoa y que, por consiguiente, una buena parte de los 600.000 visitantes que recibe al año tienen su origen en nuestro territorio. Situado a menos de tres horas de coche de San Sebastián, Ordesa ha deslumbrado a miles de guipuzcoanos que se han asomado con ojos de asombro a sus paisajes de cuento. Sea como vía de acceso a los tres miles que adornan su horizonte, como lugar de esparcimiento de senderistas o como escenario privilegiado para los que quieran deleitarse en la contemplación de la naturaleza, el parque ofrece un bagaje difícil de emular. Es por ello de justicia reconocer que tener a mano semejante joya resulta un verdadero privilegio.

Aunque el paisaje de Ordesa se ha mantenido inalterado desde que fue declarado parque nacional, en este siglo han variado muchas cosas a su alrededor. Las 2.088 hectáreas protegidas en 1918 han crecido hasta alcanzar las 15.608. Los tres guardas forestales que lo cuidaban en los años 30 se han quintuplicado y también se han establecido restricciones para contener la marea de visitantes en fechas estivales y puentes. Desde hace ya un par de décadas hay que dejar el coche en Torla y acceder al parque en autobús en las épocas de mayor aglomeración.

El centenario puede ser una buena excusa para los que no conocen aún Ordesa. Aunque cualquier fecha es buena exceptuando lógicamente los meses de invierno por el hielo y la nieve, otoño y primavera son las mejores épocas por la tonalidad de sus bosques. Acercarse hasta la cascada de la Cola de Caballo siguiendo el curso del río Arazas no cuesta mucho, apenas tres horas de caminata incluso para los que no están acostumbrados andar, y lo que se puede ver en el trayecto no tiene precio. Ordesa es un regalo a disfrutar.

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