Los carteristas se quitan un peso de encima

Registro. Material hallado en el bolso de un carterista. / LUIS CALABOR
Registro. Material hallado en el bolso de un carterista. / LUIS CALABOR

El Tribunal Supremo no ve claro que los rateros reincidentes deban ir a prisión. Los policías están hartos de verlos salir de comisaría antes de que ellos acaben el informe

JAVIER GUILLENEA

Tal y como lo cuentan, cuando un policía detiene a un carterista quien peor lo pasa es el policía. «Se supone que ellos son los malos», dice con sorna un agente urbano de Barcelona, que relata una situación habitual en su trabajo. «A veces arrestas a alguien y el sospechoso sale antes que tú de comisaría porque te tienes que quedar escribiendo el informe. Algunos te dicen 'hasta luego' al irse y hay días, cuando ya has acabado todo el papeleo, en los que oyes por la emisora que han vuelto a detener al que había salido antes que tú. Es todo muy frustrante, te preguntas para qué estás trabajando, cuál es el resultado de lo que haces».

Son preguntas que los miembros de los cuerpos policiales encargados de combatir el carterismo se formulan más que nunca. Todos ellos han tomado algo de aire después de que la reforma del Código Penal endureciera en 2015 las condenas por hurto. Si el valor de lo robado no supera los 400 euros, se considera un delito leve que se castiga con una multa, pero si una persona suma tres de estos delitos se le considera multirreincidente y puede ser condenado a entre uno y tres años de cárcel. «Estábamos contentos con esta medida, creíamos que se lo pensarían dos veces», afirma Manuel García, secretario general del sindicato de agentes de Policía local de Barcelona (Sapol).

Todo ha cambiado. El Tribunal Supremo ha desactivado el endurecimiento de las condenas por hurto en un auto en el que sostiene que hay que interpretar restrictivamente la agravación de las penas aprobada en 2015. Según los magistrados, sería «desproporcionado» condenar a un carterista a prisión cuando los antecedentes sean por delitos leves. La sentencia, afirman fuentes jurídicas, sienta jurisprudencia para que los jueces no lleven a prisión a un ratero multirreincidente.

«Hay patrullas que arrestan a la misma persona cinco veces en quince días» MANUEL GARCÍA (SEPOL)

«Detener a alguien para ver cómo queda en libertad genera frustración» Ramón Cossío (SUP)

«A todos nos gusta que el que roba haga frente a las consecuencias» J. Muñoz Castresana (Metro)

«Han puesto oficinas con varios idiomas para atender denuncias» Martí Sarrate (Agencias de viajes)

La opinión del alto tribunal ha dejado perplejos a los policías que diariamente patrullan las calles de ciudades como Madrid o Barcelona, santuarios de carteristas que llegan de todas partes atraídos por el auge del turismo y las grandes aglomeraciones. «Nosotros no entramos en debates jurídicos, pero decisiones como las del Supremo generan frustración personal en los agentes, que hacen una investigación, ponen su empeño personal para detener a alguien y luego ven cómo queda en libertad», indica Ramón Cossío, portavoz del Sindicato Unificado de Policía (SUP).

«Algo habrá que hacer»

«Nosotros entendemos que es fuerte que a gente que haya robado cincuenta euros se le mande a la cárcel. Pero, por otro lado, piensas que hay multirreincidentes y que algo habría que hacer», sostiene Manuel García. El endurecimiento de penas ha servido para que los policías sientan que algo se ha hecho, que al menos es una medida que incomoda a los pequeños delincuentes, pero su efectividad no está del todo demostrada desde el punto de vista estadístico. Después de años de continuado descenso, durante los primeros cinco meses de 2017 la cifra de hurtos cometidos en el Metro de Barcelona ha aumentado un 15%. En las calles de la capital catalana se produjeron en 2016 casi 5.000 hurtos más que en 2015, año en que entró en vigor la reforma del Código Penal.

«Con el incremento del turismo, el problema va a más. La Policía ha tenido que poner oficinas con varios idiomas para atender las reclamaciones», explica desde Barcelona Martí Sarrate, presidente de la asociación de agencias de viaje Acave. Los visitantes son un imán para los carteristas, que acuden en bandadas a los lugares donde se producen aglomeraciones. Estos días la capital del hurto será Pamplona, donde los robos se disparan en fiestas, y a lo largo del verano los delincuentes se desplazarán en busca de oportunidades. Es toda una marea que se hace notar, y mucho, en Cataluña, Madrid, Andalucía, Comunidad Valenciana y Baleares. «Las administraciones tienen que meter mano de alguna manera, hay que poner medios para luchar contra los carteristas. Aunque de momento entre los turistas no hay una mala imagen del país por este problema, esta percepción puede llegar a cambiar», advierte Sarrate.

Arriba, un policía cachea a un sospechoso en Bilbao. A la izquierda, una cámara de seguridad graba a un carterista en plena acción. A la derecha, material hallado en el bolso de un carterista.

En Madrid, la Policía detuvo a casi 200 carteristas durante el World Pride que se celebró la pasada semana. Se calcula que en la capital hay más de un millar de robos al día, aunque esta cifra es mucho mayor porque solo entre el 10 y el 20% de los afectados presenta denuncia. No se sabe con certeza cuántos cacos pululan por la ciudad porque la cifra varía según las fechas. «Cuando hay un evento en alguna otra capital, su presencia baja», explica Javier Muñoz Castresana, director de Seguridad y Protección Civil de Metro Madrid.

Viejos conocidos

Por el suburbano de la capital, «la segunda ciudad de España», según Muñoz Castresana, transitan diariamente una media de 2,2 millones de personas. Sus pasillos y estaciones están custodiados por un pequeño ejército de unos 1.400 vigilantes privados, que colaboran con la Brigada Móvil de la Policía en la detección de carteristas. O, mejor dicho, en tratar de atraparlos con las manos en la masa, porque lo cierto es que hace tiempo que están detectados. «Son siempre los mismos, casi todos están localizados», señala Teo Piñuela, responsable de UGT Metro Madrid.

Allí abajo cada uno sabe quién es el otro. «Los carteristas conocen a los policías aunque vayan de paisano, es una especie de juego. Algunos se muestran desafiantes y saludan a los agentes para darles a entender que acaban de salir de comisaría», asegura Muñoz Castresana. A su juicio, la reforma del Código Penal se notó «sólo un poco», pero al menos era una forma de decir que se hacía algo para frenar la delincuencia. Por eso, la resolución del Tribunal Supremo ha generado «cierta decepción» entre los encargados de velar por la seguridad del Metro. «A todos nos gustaría que la persona que roba haga frente a las consecuencias de su acción. De alguna manera tienen que sentir lo que han hecho», dice Muñoz Castresana, sin entrar en detalles jurídicos.

EL CONTEXTO

Profesionales.
Los carteristas conocen las leyes y saben hasta dónde pueden llegar para que su robo sea considerado un delito leve. Por el mismo motivo, nunca se resisten al ser detenidos.
La reforma.
El Código Penal endureció en 2015 las penas para carteristas multirreincidentes. Si una persona suma tres delitos leves puede ser condenada a entre uno y tres años de cárcel. El Tribunal Supremo ha puesto en cuestión esta medida por considerarla desproporcionada.
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delitos de hurto se registraron el pasado año en España, lo que supone un descenso del 0,5% con respecto al año anterior, según datos del Ministerio del Interior. Sin embargo, los robos han aumentado en las zonas turísticas.
Viajeros.
Algunos grupos de carteristas se desplazan de una ciudad a otra en busca de eventos multitudinarios o, simplemente, para cambiar de aires y eludir la presión policial. Hace una semana, un clan de rumanos campaba a sus anchas en el Metro de Barcelona. Ahora están en Madrid.

Ellos saben de leyes más que el común de los mortales y en ciudades como Barcelona se convierten en auténticas oficinas de turismo andantes. Los carteristas llevan la cuenta de los cruceros que llegan cada semana al puerto, la hora y muelle donde atracan y los lugares que visitarán los turistas en autocares. Se dividen en grupos y se reparten las zonas para no pisar territorio ajeno, se comportan como profesionales de un oficio más antiguo que las carteras. Si alguna duda tuvieron tras la reforma del Código Penal, la sentencia del Supremo les ha quitado un peso de encima.

«El perfil del carterista es muy concreto. Roba menos de 400 euros y no se resiste a la detención, se la toma como un trámite», afirma Ramón Cossío. Manuel García recuerda que en Barcelona «hay patrullas que en quince días han detenido a la misma persona cinco veces». Para los policías, es un continuo volver a empezar. «Llega un momento en que nos desmotivamos. Si normalmente hacemos cinco detenciones al día, al final acabas pensando que vale con dos. El resultado es el mismo», admite un agente urbano.

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