En boca de todos

El gesto. Carles Puigdemont y Oriol Junqueras dialogan tapándose la boca para que nadie pueda leer sus labios./ R. C.
El gesto. Carles Puigdemont y Oriol Junqueras dialogan tapándose la boca para que nadie pueda leer sus labios. / R. C.

'El día después' de Canal Plus empezó a leer los labios de los futbolistas durante los partidos. A finales de los noventa todos se tapaban ya la boca para hablar. Este gesto precavido inunda ahora la política

FERNANDO MIÑANA

«Rafa, no me jodas». La frase, zafia, rotunda, se hizo tremendamente popular en España. Y si se pronuncia hoy, 21 años después, mucha gente aún sabe de qué se tratan esas cuatro palabrejas. Aquello sucedió en un campo de fútbol, en 1996, durante un Zaragoza-Barcelona, y lo captó el micrófono de una cámara cuando el árbitro Mejuto González, angustiado, inquiría en la banda a su asistente, Rafa Guerrero, si se mantenía en su postura de que había visto un penalti. «¡Rafa, no me jodas!». A Mejuto lo cazaron, como también pillaron tres años antes a Bilardo, siendo entrenador del Sevilla, decirle a un jugador de su equipo que fuera inclemente con un contrincante. «Al rival, pisalo, pisalo», clamaba el argentino. Eran los 90 y Canal Plus hizo muy popular su programa de los lunes llamado 'El día después', en el que se analizaba hasta el más nimio detalle la jornada futbolera del fin de semana. Este espacio se distinguió de todo lo que se había hecho hasta el momento buscando historias diferentes en los estadios, y eso incluyó fijarse en lo que decían los protagonistas durante un partido.

Aquel recurso televisivo fue convirtiéndose en costumbre y cada lunes se descubría alguna conversación, algún insulto y hasta algún chascarrillo sobre el césped. Los más cautos tomaron medidas y comenzaron a hablar tapándose la boca con la mano. La moda arrasó en el fútbol español y ya no queda casi nadie que no tome precauciones al hablar con quien sea. Hace unos días, en el tramo final del Perú-Colombia, clasificatorio para el Mundial de Rusia, las imágenes descubrieron a Radamel Falcao dirigiéndose a los jugadores de Perú para pedirles que dejaran de atacar porque el resultado que había en el marcador (1-1) beneficiaba a las dos selecciones. Falcao, naturalmente, verbalizó el pacto tapándose la boca con la mano.

Pero el truco ha trascendido el fútbol y el deporte hasta llegar a otros ámbitos menos lúdicos. El día de la declaración/no declaración de independencia de Carles Puigdemont se pudo ver en el Parlament de Catalunya al presidente de la Generalitat y a Oriol Junqueras dialogando con la mano por delante. Como ya se había vislumbrado a Albert Rivera haciendo lo propio en una reunión de Ciudadanos. Y hasta a Mariano Rajoy con Donald Trump el día que ambos se sentaron delante de la chimenea del Despacho Oval en la Casa Blanca.

«Es un poco de sentido común que los políticos también se tapen la boca» José Larraza, 'El día después'

Ya nadie se fía de micrófonos abiertos y cámaras al acecho. Y la precaución del futbolista ha sido adoptada por el político. Hace bien. En la Confederación Estatal de Personas Sordas ya están habituados a que llame algún medio de comunicación de vez en cuando preguntando por algún experto en lectura labial. «Siempre quieren lo mismo. Tienen vídeos sin sonido y quieren saber qué están diciendo».

Roberto Ortín cubrió muchos partidos y entrenamientos del Valencia antes del cierre de Canal 9. Este operador de cámara era de los que no se limitaban a tomar cuatro planos y vuelta a la redacción. A él, si su olfato le decía que podía ser una sesión tensa o especial, le gustaba grabar mucho para ver si tenía suerte y captaba alguna conversación interesante. «Los micros, incluso los cañones, tienen una limitación, pero si estás cerca, se oye casi todo. Yo iba a pillar cosas, a grabarlo todo, aunque no te valiera el plano, porque lo que se oía podía ser interesante».

Este cámara valenciano recuerda otra de esas escenas inolvidables, la de Luis Aragonés, al final de un entrenamiento del Valencia, encarándose a Romario mientras le repetía: «¡Mírame a los ojitos!». Al carismático entrenador le pillaron varias veces, como el día que, siendo seleccionador nacional, se fue a por Reyes y le gritó: «Dígale al negro (Thierry Henry) de mi parte que usted es mejor».

«Yo iba a los entrenamientos del Valencia a pillar cosas» Roberto Ortín, operador de cámara

Pero los primeros fueron los de 'El día después', como rememora José Larraza, su actual responsable de contenidos en Movistar +. «El programa tiene 26 años y el fútbol ha evolucionado mucho desde entonces. Al principio podías tener a un cámara pegado al banquillo, seguir a los jugadores por el túnel de vestuarios y hasta entrevistar al árbitro al final del partido. Todo eso se ha ido restringiendo y ahora el futbolista vive encapsulado. Pero al final nosotros vamos a un campo y tenemos que volver con una historia que a veces está en la grada, otras fuera y otras en el campo. Y sí, comenzamos a estar pendientes de lo que se decía. Luego hemos utilizado alguna vez a gente experta en lectura labial, pero no es lo habitual».

Aquello causó pavor en el mundillo. «Cuando, en realidad, estaba todo a la vista. Un redactor y un cámara grabando. No usábamos cámaras ocultas ni nada parecido. Pero no sé qué se pensaban. Un día vimos a Luis Aragonés desconectando algo en el Calderón. Se creía que era nuestro, pero no tenía nada que ver... Lo nuestro es mucho más simple. Eso sí, tenemos cámaras muy buenos».

Y llegó la mano. «Yo creo que se hizo habitual a finales de los años noventa. Es entonces cuando los jugadores empiezan a taparse la boca. Incluso cuando no es necesario, cuando nadie les está grabando y no hay ni una cámara delante».

- Pero si usted fuera Messi, ¿no lo haría?

- Por supuesto que lo haría.

En otro países no es tan habitual. En Estados Unidos, en algunos deportes, como el baloncesto o el fútbol americano, colocan micrófonos en las camisetas de los árbitros y, ocasionalmente, hasta de los jugadores. «Nosotros lo hicimos una vez en la Liga con Pajares Paz y fue revolucionario. Yo creo que hacerlo siempre favorecería al colectivo arbitral. La gente vería lo difícil que es arbitrar, la presión que reciben y lo pesados que pueden llegar a ser los futbolistas».

A Larraza, que también manda sobre los contenidos de 'El día del fútbol' y 'Fiebre Maldini', no le sorprende que esta costumbre se propague más allá del deporte. «Es un poco de sentido común. Es normal taparse la boca y andarse con cuidado si ves que estás rodeado de cámaras y periodistas». Aunque a veces exageran. En el primer partido de Dembélé, el fichaje estelar del Barça estaba en el banquillo entre Digne y Alcácer. «Y de repente Alcácer le hizo un gesto, algo así como que aquí en España nos tapamos la boca. A lo que el chico contestó: '¿Qué más da? Si hablamos en francés'».

Ahora ya no hablan con sordina solamente las estrellas del balón, los grandes referentes de la política han aprendido que es mejor pasarse de prudente a pesar de transmitir una imagen de estar cotilleando con el de al lado. Como bien sabe Mariano Rajoy, con un nutrido historial de deslices ante los micrófonos.

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