Una asesina «ensimismada, fría, sin empatía ni sentimiento de culpa»

Ángeles Molina cumple 18 años de condena por matar a una amiga. Ahora es investigada por la muerte de su esposo, doce años antes. Y no se descarta esclarecer después el sospechoso deceso de sus padres

R. I.

Angie lleva cuatro años durmiendo entre rejas. Allí, en la prisión de Can Brians, en Barcelona, es la responsable del economato. Cumple 18 años de condena por haber asesinado en 2008 a su amiga Ana Páez, pero el jueves tendrá que prestar declaración como investigada por la muerte de su marido, Juan Antonio Álvarez, que falleció hace 21 años en Maspalomas.

El crimen de Ana Páez fue muy sonado por lo enrevesado. María Ángeles Molina la durmió con cloroformo en un apartamento del barrio de Gràcia, en Barcelona, el 19 de febrero de 2008. Después la asfixió con una bolsa de plástico sellada con cinta aislante, dejando al lado una peluca morena y unas botas negras, con la idea de dar la sensación de que había sido víctima de un juego sadomasoquista. Para redondear su plan, contrató a dos gigolós y les hizo eyacular en un recipiente para, luego, untar con el semen la boca y la vagina de la víctima.

El asesinato tenía un trasfondo económico. El sorprendente plan urdido por Angie había empezado dos años antes, cuando se hizo con el DNI de su amiga para, simplemente poniéndose una peluca, hacerse pasar por Ana Páez para contratar a su nombre préstamos y seguros de vida por una cantidad próxima al millón de euros.

Los mossos dijeron que era capaz de no soltar palabra ni mover una ceja durante horas

Los investigadores quedaron profesionalmente deslumbrados por el minucioso e imaginativo método preparado por esta mujer que ahora tiene 45 años. El abogado de la familia Páez la describió durante el juicio, en 2012, como «una psicópata» y una persona «ensimismada, fría, sin empatía ni sentimiento de culpa». Los mossos d'esquadra dijeron que era capaz de no soltar palabra ni mover una ceja durante horas. Y la madre de la finada simplemente deseó que «esa maldita se pudra en la cárcel y no salga nunca de ella».

Cinco años después de aquel juicio, Angie vuelve a estar acorralada por la Justicia. El juez ha accedido a reabrir el caso de la muerte de su marido el 22 de noviembre de 1996 en Gran Canaria después de que las hermanas de Juan Antonio Álvarez solicitasen que se revisaran las pruebas. Los investigadores, como confirmó el criminólogo Félix Ríos en el programa 'Espejo Público', encontraron paralelismos con el crimen de Barcelona, suficientes para abrir un auto de investigación sobre Angie.

Álvarez, argentino, que llegó a la isla en los años 80 para empezar a trabajar en diferentes locales de ocio de la Playa del Inglés, convertido ya en empresario una década después, murió en su casa después de haber jugado una partida de pádel con unos amigos compatriotas. Un día después, Angie, su mujer, que estaba en Barcelona con su hija, Carolina -ahora tiene 26 años-, llegó y encontró el cadáver de su esposo en el dormitorio. La autopsia desveló que había muerto por la ingesta de ion fostato, una sustancia presente en productos de la limpieza, y el forense firmó que la causa más probable de la muerte había sido el suicidio.

El rastreo de este fallecimiento ha alimentado las sospechas de los familiares y amigos de Juan Álvarez. Y una de las líneas de investigación apunta a que Angie introdujo el veneno en una de las cápsulas de vitaminas que tomaba su marido. Él no bebía ni fumaba y jugaba al pádel con sus amigos argentinos tres veces a la semana. La presunta asesina conocía el número de unidades que le quedaban y solo tenía que esperar en Barcelona a que la píldora que llevaba el veneno acabara con él.

Vida de lujos y amantes

La Policía ha sabido que en los días previos, su mujer llamó por teléfono desde Barcelona a Felipa, la empleada del hogar, y le preguntó dos veces si su marido estaba bien y si lo veía bien. Cuando ésta le dijo que sí, Angie le comunicó que retrasaría su vuelta.

Los investigadores han reunido quince indicios que podrían incriminar a Ángeles Molina. Uno es la cartera de Juan que desapareció de la escena del crimen hasta que 16 años después, tras ingresar en prisión, su hija entró en su piso desprecintado de Barcelona con su tía y encontró la billetera. O los albaranes que parecen constatar que la investigada había tramitado antes de la muerte de su marido, que tenía previsto pedir el divorcio, el traslado de su coche y la matrícula del colegio de su hija.

Además, como publica 'Interviú', Angie llevaba una doble existencia entre Canarias y Barcelona, con un elevado tren de vida y varios amantes. Tras la muerte de su marido le esperaban 40,5 millones de pesetas de las de entonces -unos 243.000 euros-: cinco y medio por la herencia, 14 por la vivienda familiar y 21 de las acciones del empresario.

Félix Ríos cree que después del deceso de Juan Antonio Álvarez es muy probable que se intente esclarecer también la muerte de los padres de Angie: de Vicente, un taxista, y especialmente de Piedad, ama de casa.

Juan Antonio Álvarez muere en su domicilio después de haber jugado una partida de pádel con los amigos. María Ángeles Molina descubre el cadáver en el dormitorio al día siguiente, cuando regresó de Barcelona con su hija.

Ana Páez, amiga y empleada de María Ángeles Molina, muere asfixiada en un apartamento de Barcelona. Después se descubre que fue asesinada por Angie, quien, además, había suplantado su identidad para contratar préstamos y seguros de vida.

Angie prestará declaración como investigada por la muerte de su marido. El juez aceptó reabrir el caso después de que el criminólogo Félix Ríos presentara un informe el año pasado.

años de cárcel es la condena que recibió en el juicio celebrado en Barcelona en 2012. Angie llevaba ya varios años en prisión preventiva.

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