El alcohol suelta la lengua

El alcohol suelta la lengua

Un estudio firmado por varias universidades europeas afirma que unas copitas (no muchas) nos ayudan a hablar en cualquier idioma que no sea el nuestro

IRMA CUESTA

Toda la vida creyendo que el alcohol acababa con nuestra capacidad de concentración y dinamitaba nuestra memoria y ahora resulta que, lejos de eso, estimula nuestro cerebro y nos ayuda a hablar en cualquier idioma que no sea el nuestro. Evidentemente, la idea no es ponerse ciego de cubatas y luego lanzarse al bilingüismo, sino tomar solo un poco, lo justo para que nos suelte la lengua sin que llegue a trabárnosla.

Eso es al menos lo que asegura un estudio realizado por la Universidad de Liverpool, el King's College y la Universidad de Maastricht. Los analistas convocaron a un grupo de 50 alemanes que acababan de aprender a hablar, leer y escribir en holandés después de darles a algunos de ellos un par de chupitos. Más tarde los dejaron -a todos- con unos cuantos súbditos del rey Guillermo y los invitaron a hablar largo y tendido. Finalizado el encuentro, los holandeses, que no sabían quiénes andaban alegres y quiénes no, debían evaluar la entrega y el nivel de cada uno. El resultado fue incontestable: los alemanes que habían ingerido alcohol obtuvieron notas más altas, especialmente en la categoría de pronunciación.

«Nuestro estudio muestra que el consumo de alcohol puede tener efectos beneficiosos en la pronunciación de una lengua extranjera en gente que ha aprendido recientemente un idioma», concluye Inge Kersbergen, coautora del estudio e investigadora del Instituto de Psicología, Salud y Sociedad de la Universidad de Liverpool, desde donde no han tardado en recordar que el consumo, en cualquier caso, debe ser moderado, y que los alemanes que hicieron de conejillos de indias habían tomado aproximadamente 470 ml de cerveza (poco más de un vaso).

Lo que dice la ciencia

No es la primera vez que alguien defiende científicamente los beneficios de echar un trago de vez en cuando. Muchos especialistas mantienen que el consumo moderado diario -dos o tres copas de vino al día los hombres y una o dos las mujeres- reduce el riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares; que beber moderadamente vino y cerveza protege el corazón y nuestra salud neuronal y ósea, y que los polifenoles del vino tienen propiedades claramente anticancerígenas, aportan beneficios antiinflamatorios y antienvejecimiento y ayudan a prevenir los problemas gástricos, además de mejorar la respuesta inmunitaria ante determinadas enfermedades infecciosas. Vamos, que tenemos la panacea a todos los males en el mueble bar.

Los más entusiastas -según refleja un reciente informe publicado por la web Made Man- añaden a esa interminable lista de supuestas bendiciones la idea de que los bebedores moderados tienen menores tasas de absentismo laboral; que un estudio finlandés demostró que las personas que no beben, o beben mucho, estuvieron ausentes del trabajo en torno a 1,2 veces más que aquellos que lo hacen de manera contenida. Y, ya puestos, que éstos son mucho más astutos y rápidos.

Sí parece ser cierto, según un informe publicado por la revista científica 'Science News', que un poco de alcohol fomenta la creatividad. En este caso los investigadores sometieron a una sesión de dibujos animados a 20 personas, a algunas de las cuales habían animado previamente con un poco de vodka. Una serie de pruebas mientras visionaban los dibujos les llevaron a la conclusión de que los bebedores eran capaces de contestar las preguntas adecuadas alrededor de cuatro segundos más rápido que los no bebedores.

Todos estos estudios, sin embargo, pueden ser contestados con otros tantos (o más) que dicen exactamente lo contrario. Para arrojar luz sobre el asunto, el mundo científico analiza con detalle todo lo que tiene que ver con el tema, especialmente después de que científicos de la Universidad de California (UCLA) demostraran que una pequeña cantidad de alcohol duplica la esperanza de vida de los gusanos pequeños.

Dicho esto, ahí va lo que sí parece un hecho incontestable: el control del consumo de bebidas alcohólicas es una de las prioridades en el ámbito de la salud pública mundial. Y es que, a pesar de que sólo la mitad de la población lo consume, el alcohol es a escala global la tercera causa de enfermedad y de muerte prematura, después del bajo peso al nacer y el sexo sin protección. En Europa, además, es también el tercer factor de riesgo en relación con la salud y la mortalidad, por detrás sólo del tabaco y la hipertensión arterial. Vamos, que igual conviene seguir acudiendo a clase de inglés hasta que sea el conocimiento lo que nos suelte la lengua.

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